—Eres mía, Priscilla—gruñó él, sus labios recorriendo mi cuello, haciéndome jadear—. Ahora y para siempre.
Lo acerqué más, mis dedos enredándose en su cabello.
—Siempre he sido tuya, Jake.
Él sonrió, una sonrisa oscura y posesiva que me hizo estremecer, y luego me besó de nuevo—hambriento, desesperado, como si me necesitara más que al aire.
—Bien—susurró contra mi piel, su aliento caliente y p...