Venganza Para Mamá: Los Pequeños Revoltosos Del Mafioso

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Capítulo 2 Choque con el pasado

Elisa y Eliseo no lo podían creer…

El hombre que creían que solo era un personaje de fantasía de la mente de su madre, uno de esos que, como pensaba Eliseo: “las niñas se arman en esa cabeza hueca”, estaba ahí, en el mismo lugar que ellos, en la misma cocina, frente a ellos. No era alguien ficticio, ni de la televisión.

Los niños, incrédulos, se miraron dos veces y dos veces giraron la mirada hacia el hombre rubio, lleno de tatuajes y mirada dura, verde como la de ellos, pero oscura, como si quisiera erradicarlos del espacio; pero a ellos nada los intimidaba. Bueno, casi nada, porque una mirada de Natalia y el mundo temblaba a sus pies.

Sin poder comprender qué hacían dos niños en la cocina de su casa, Collins miró a Blade con una interrogante marcada en su expresión.

—¿Cuando decidiste jugar al niñero, Blade? —le inquirió en un tono de voz inquisitivo mientras giraba su cuerpo hacia el congelador, de donde sacó una jarra de zumo de frutas y tomó un vaso del lavavajillas.

Sin esperar respuesta, bordeó la isla y tomó asiento en uno de los taburetes vacíos.

En actitud de alerta porque ese hombre para ellos era tanto o más peligroso que los que les dispararon en el restaurante, Elisa le dio un puntapié a Eliseo por debajo de la isla. La señal que marcaba el momento en el que debían prepararse para correr.

—Sí. Me tocó jugar un rato, pero ya estaba a nada de despacharlos —respondió Blade al tiempo que se aflojaba el nudo de su corbata—. Estaba a mitad de un interrogatorio, ¿Necesitas algo?

Collins sonrió ante la respuesta de Blade, se tomó un sorbo del zumo de frutas y miraba con los ojos entrecerrados a los niños, alternando su atención entre uno y otro. Elisa arqueaba una ceja ante su mirada inquisitiva, lo desafiaba, y Eliseo solo lo evaluaba, devolviéndole la misma expresión, ojos entrecerrados, labios alineados, tan unidos que parecían cargar el peso de una decisión importante.

—A ver, ¿Qué tan profundo puede ser un interrogatorio con estos dos tripones tan temprano? —preguntó con sarcasmo—. No me digas que te dió ahora por practicar a ver si le pones no uno, sino dos tormentos de estos a Sonia en la barriga.

—Déjate de vainas, Collins, esto es serio —adujo Blade con fastidio.

Aún sentía el silbido de las balas rozándole las orejas y la sangre cosquillear en su piel por la adrenalina.

Aunque no lo reconoció, esa mocosa le salvó la vida. Estaba de espalda a la dirección por donde llegaron los sicarios. Si ella no le advierte, habría muerto.

—Creo que la maldita entrega fue una trampa para sacarme del camino, precisamente en el centro se formó un desastre y no lo comencé, no disparé ni una bala —reconoció mirando a Elisa.

La niña no le quitaba la mirada de encima a Collins.

—¿Cómo es eso? Barajeame eso más despacio —pidió Collins dejando el vaso sobre la isla, se sacó el arma detrás del pantalón y la colocó al lado del vaso.

Eliseo y Elisa miraron el arma como quien mira otro vaso más dejado con normalidad.

—Guarda eso, son niños —le reclamó Blade.

—¡Ah vaina! —exclamó Collins—. Ahora tengo que esconderme en mi propia casa.

Fastidiado se incorporó de la silla, guardó nuevamente su arma en la pretina de su jean, se agarró los cabellos en la parte alta de la cabeza y los templo, un signo de estrés muy común en él.

—Estuve en el restaurante como estaba acordado, el desgraciado de Rodríguez no llegó, en su lugar estos dos mocosos aparecieron pidiéndome dinero —resumió Blade.

—En lugar de darle el dinero y despacharlos, encontraste más divertido mantenerlos —concluyó Collins sin dejar de mirar a Elisa.

—Nada de eso, esa mocosa me advirtió que venían los hombres, corrí con ellos para evitar que les alcanzará una bala, les di el dinero y tenía la intención de dejarlos ir…

—Te enamoraste de los tripones… —lo interrumpió Collins—. Parecen muy adorables, pero los quiero fuera de mi casa ahora mismo.

Justo en ese instante, como quien sabe obedecer, lo que le conviene, Elisa le hizo seña a Eliseo y luego de tomar un puño de galletas, se bajaron del taburete. Elisa con sus dos coletas atadas en lazos azules se veía adorable y Eliseo en su empeño de no peinarse, tal cual el enemigo que tenían al frente, parecía la personificación de la rebeldía en crecimiento. Rápido se acercó a su hermana.

—No podemos decirle que sí existe —susurró Eliseo al oído a su hermana.

—Vámonos, este ogro con ese mapa en todo el cuerpo nos quiere rebanar —le dijo Elisa.

Blade les señaló la puerta de la cocina, y justo en ese momento, ingresó a la cocina otro de los hombres de Collins, Nathan. Un hombre más joven, pero con el mismo porte. Su entrada fue más intempestiva que la de Collins.

—Collins, debes ver esto —advirtió Nathan al tiempo que encendió la pantalla de televisión que salió del techo de la cocina.

Elisa y Eliseo miraron extasiados cuando el aparato descendió, pero supieron reponerse en seguida. Iban caminando hacia la puerta cuando una voz que ellos conocían a la perfección salió de los altavoces de la enorme pantalla.

—Solo le pido al hombre que se llevó a mis niños que no les haga nada, por favor. Son niños inocentes, no le han hecho nada a nadie. Son lo único que me queda en esta vida. Devuelvámelos vivos y sanos… no se atreva a tocarlos… —Natalia pasaba de la ira a la desesperación entre una petición y otra. Los nervios la traicionaban.

Eliseo se giró y caminó hacia el centro de la cocina.

—¿Qué hace mami ahí? —preguntó en su ingenuidad.

Elisa molesta porque sabía que los descubrieron y le aterraba la sanción que recibirían, lo tomó por el cuello del sweater.

—Tonto, ya mami sabe lo que hicimos, ahora sí que nos acabamos —le dijo en un susurro.

Su inocencia era tal que estaban lejos de ver la realidad.

—Las autoridades ya desplegaron el dispositivo de búsqueda de los hermanos Dorantes, se está a la espera de la aparición de un testigo para hacer un retrato hablado del secuestrador —dijo el moderador del noticiero mientras al fondo se reproducía un vídeo de Blade corriendo con ellos en brazos y seguido los sujetos disparando.

—¡Wow, Blade! ¡Te llegó tu momento de fama! —expresó Nathan en broma—. ¿De dónde los sacaste? —Miraba a Elisa y Eliseo.

—¿En qué momento me metí en semejante problema?—susurró Blade sin saber si odiar o agradecer a Elisa mientras la miraba y luego a su hermano con desconcierto.

No obstante el ambiente, de burla de parte de Nathan y de tribulación de Blade y de los gemelos, a pocos metros de ellos, Collins no podía apartar la mirada de la pantalla. Su mirada se perdió en la mujer rubia de cabellos cortos, y mirada angustiante que hablaba con desesperación a la cámara.

—¿Q-Qui… quién es ella? —inquirió dejando ver por primera vez una expresión de desconcierto en su mirada.

—Mi mami —respondieron los gemelos al unísono.

—Estamos muertos! —agregó Elisa.

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