Capítulo 5 CINCO | HORA DE FIESTA
POV de Alaia
Cuando desperté a la mañana siguiente, pude oír un caos total y absoluto abajo. Sonreí para mí misma, pensando que probablemente mi mamá les estaba dando con todo a los del clan mientras se preparaban para la fiesta y la llegada de los Alfas. Me estiré y, sin querer, le pegué a Jordyn directo en la cara, haciendo que saltara de la cama, lista para atacar.
—Tranquila, asesina —me reí—. No me di cuenta de que estabas a mi lado en la cama.
Empezó a calmarse y regresó a la cama arrastrando los pies, dejándose caer boca abajo contra la almohada.
—Eres lo peor, por si acaso —la oí murmurar entre bostezo.
Cuando estaba a punto de preguntar por el final de la noche de películas, la puerta de mi habitación se abrió de golpe y apareció Aaron, con una cara de loco.
—¿Qué carajos? —le grité, pero ni siquiera registró mi presencia.
Miraba fijamente al bulto que roncaba bajito a mi lado; o sea, mi mejor amiga, Jordyn. Como si pudiera sentirlo, ella empezó a darse la vuelta y a incorporarse despacio. En cuanto se miraron a los ojos, los dos susurraron:
—Mía.
—Mío.
Y no pude evitar que se me escaparan las preguntas.
—Ehh, ¿qué está pasando aquí? ¿Es este el tipo con el que estabas texteando ayer, Jordyn? ¿Mi hermano? ¿Por qué no dijiste nada? ¿Cómo se supone que yo…?
Me quedé callada al darme cuenta de que seguían sin reconocerme. Era como si esos dos fueran las únicas personas en el mundo. Antes de que pudiera reaccionar, Jordyn se lanzó sobre Aaron y le rodeó la cintura con las piernas, apretándolo con fuerza. Se estaban metiendo la lengua tan profundo en la garganta que, lo juro, parecía que podían saborear lo que el otro había cenado.
—¡Por la diosa, chicos, no se arranquen la ropa aquí, delante de mí! ¡Y no en mi cuarto! —grité, intentando lo que fuera para detener el espectáculo que se estaba poniendo cada vez más intenso.
Mi mamá apareció en la puerta, sin aliento.
—¿Alaia? ¿Qué pasa, cariño? Oh… —dijo cuando por fin vio lo que estaba ocurriendo.
—Haz que se detengan, mamá —chillé, señalando y pateando el piso como una niña malcriada.
Soltó una risita, carraspeó y usó su voz de Luna.
—¡Aaron Miller, baja a esa jovencita ahora mismo!
Mi hermano por fin salió de ese trance cargado de deseo y dejó a Jordyn de pie enseguida, luego se apartó. Los dos miraron alrededor de la habitación, aparentemente confundidos por lo que había estado pasando. Jordyn se tomó un momento para estabilizar sus piernas temblorosas antes de inclinar la cabeza.
—Mis más sinceras disculpas, Luna. No sé qué se apoderó de mí.
Mi mamá apartó la disculpa con un gesto.
—Tonterías, cariño. Y por favor, no te disculpes. Se sabe que los lobos recién emparejados se acercan muy, muy rápido —dijo con un guiño.
Cuando Jordyn se puso roja como un tomate, fingí que me daban arcadas, lo que me ganó una mirada fulminante de mi mamá.
—En fin, Aaron, por favor intenta mantenerte controlado al menos hasta después de la fiesta de esta noche. Después de eso, siéntanse libres de aparearse y marcarse todo lo que quieran. Menos mal que este año tu papá hizo insonorizar sus cuartos.
Jordyn se atragantó con su propia saliva, lo que me dio una pequeña dosis de felicidad antes de que mamá se diera la vuelta y saliera de la habitación.
—¡Bienvenida a la familia, Jordyn! —la oímos gritar mientras volvía al caos de abajo.
Me giré hacia la pareja culpable y solo los miré. Aaron y Jordyn se veían tan felices que no pude evitar alegrarme por ellos también. Me acerqué, abracé a mi mejor amiga y le susurré al oído:
—Felicidades, amor. Te tocó uno bueno, sin duda. Ahora supongo que de verdad vas a ser mi hermana.
Al oírlo, Jordyn se iluminó y me abrazó más fuerte.
Aaron se acercó y preguntó:
—Alaia, ¿podría pedirte prestada a mi pareja un rato? Me encantaría poder pasar un poco de tiempo con ella antes de la fiesta.
Solté a Jordyn y luego me volví hacia él.
—Escucha bien, amigo —dije mientras le daba un toque directo en el pecho—. Más te vale portarte bien con ella. Como mi mejor amigo y la futura Luna de esta manada, te pateo los huevos si alguna vez siquiera se te ocurre hacerle daño.
Aaron miró a Jordyn con tanto amor en los ojos que supe que había perdido el aliento en vano. Ya desde ese momento, daría la vida si eso significaba evitar que a ella le pasara algo.
—¿Cómo podría siquiera pensar en hacerle daño a mi ángel? —preguntó mientras la miraba fijamente a los ojos.
—Ay, qué asco, chicos, ya entendí. Ahora salgan de mi cuarto.
Con eso, los dos salieron del cuarto, de la mano, y no pude evitar la sonrisa que se me dibujó en la cara. Ni siquiera llevábamos ocho horas de cumpleaños, y mi hermano ya había encontrado a su mate. Me alegraba por él; se merecía toda la felicidad del mundo.
Después de unas horas y de andar dando vueltas por la casa, regresé a mi cuarto para empezar a arreglarme para la fiesta. Después de bañarme, entré y vi a Jordyn, con mirada soñadora, recostada a lo ancho de mi cama.
—Veo que por fin decidieron tomar aire —dije mientras entraba a mi clóset y agarraba mi vestido.
No había visto ni sabido nada de Jordyn o Aaron desde que salieron de mi cuarto esa misma mañana. Como su Luna les había pedido —o más bien ordenado— que se mantuvieran en modo PG-13 hasta la fiesta, asumí que habían pasado las últimas horas devorándose a besos.
Jordyn se incorporó apoyándose en los codos y me sonrió.
—Es perfecto, Alaia. Perdón por no decirte el otro día que él era el chico con el que estaba texteando, y que posiblemente era mi mate. No quería que te desilusionaras si resultaba que no era… —dejó la frase en el aire.
Entendí su razón y se lo dije.
—Está bien, J; solo me alegra que mis dos personas favoritas hayan encontrado mates increíbles.
La abracé fuerte y dije:
—Pero si alguna vez me cuentas sobre el sexo entre ustedes dos, no te vuelvo a hablar.
Ella echó la cabeza hacia atrás y se rio.
—Trato hecho, hermana.
Nos tomó como tres horas a las dos vestirnos y hacernos el cabello y el maquillaje antes de que por fin estuviéramos listas para bajar. Empecé a sentir a mi loba caminar de un lado a otro en mi cabeza y me pregunté a qué se debía. Me hice una nota mental para preguntarle en cuanto tuviera la oportunidad.
Me miré una vez más en el espejo antes de salir del cuarto.
Elegí un vestido entallado color verde azulado que me llegaba justo arriba de las rodillas. Con sus tirantes finos y el escote corazón, acentuaba mis curvas a la perfección. Se ajustaba a mi cintura diminuta y luego caía sobre el resto de mi figura. Opté por llevar solo un collar sencillo de plata y aretes de diamante tipo botón, que mi papá me compró para mis dieciséis años. Mi cabello largo y rizado había sido domado y alisado para que cayera un poco más abajo de la cintura.
De maquillaje, decidí ir natural, con solo un poco de rímel y delineador para hacer resaltar mis ojos color miel. El toque final fue un poco de rubor y labial mate color nude.
—Bueno —dije en voz alta—. Si mi mate anda por ahí, más le vale prepararse, porque esta noche de verdad estoy para comérseme a besos.
Me reí sola antes de salir de mi cuarto y bajar las escaleras. A mitad de camino, Amethyst empezó a saltar y a aullar bajito en mi cabeza. Justo cuando estaba por preguntarle qué le pasaba, me golpeó el aroma más hermoso. Era como sándalo y pasto recién cortado, todo a la vez. Nunca había olido nada tan increíble y me pregunté qué clase de loción sería.
Bajé el último escalón y me quedé completamente inmóvil. Amethyst aullaba con fuerza dentro de mi cabeza y, de alguna manera, ese sonido quedó opacado por el de mi sangre retumbándome en los oídos.
Entonces escuché una sola palabra, mientras ambos clavábamos la mirada el uno en el otro.
—Mate.
