Tras el divorcio, el novio sustituto reclama a su heredero

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Capítulo 4 Atrapada con el bastardo ante la prensa

POV VICTORIA

El amanecer en el apartamento de Dante no trajo paz, sino el recordatorio brutal del mundo real. Me desperté con el sonido amortiguado pero incesante de flashes fotográficos y voces apagadas que rebotaban en el cristal del gran ventanal. Al asomarme con cuidado, abriendo apenas las pesadas cortinas grises, sentí que la bilis me subía a la garganta.

Abajo, en la entrada del edificio, un enjambre de paparazis y reporteros de la prensa del corazón se empujaban mutuamente, armados con cámaras de lentes enormes. El titular en las pantallas de sus teléfonos, que el reflejo me permitía adivinar, era obvio: ¿Dónde está el heredero? La Castillo se esconde con el hermano ilegítimo.

Un golpe suave en la puerta de la habitación me hizo dar un brinco.

—Victoria, ponte algo de ropa. Tenemos que hablar. —La voz de Dante sonaba cansada, desprovista de la intensidad peligrosa de la noche anterior, pero cargada de una autoridad fría.

Me quité su camisa negra con cierta renuencia y me puse el único conjunto de ropa casual que había en mi maleta de mano: unos jeans oscuros y un suéter de punto beige. Al salir a la sala, el olor a café recién hecho inundaba el ambiente. Dante ya estaba completamente vestido con un traje negro impecable, aunque las costuras del saco delataban que seguía siendo una prenda que no se ajustaba a su complexión atlética y robusta.

Sobre la barra de la cocina había una tableta digital mostrando los gráficos de la bolsa de valores. Las acciones de las empresas de mi padre estaban parpadeando en un rojo alarmante.

—Tu padre ha llamado cuatro veces —dijo Dante, sirviéndome una taza de café sin mirarme directamente a los ojos. Evitaba cualquier contacto visual que pudiera recordar la cercanía asfixiante que habíamos compartido unas horas antes—. La prensa sabe que Sebastien no durmió en el Hilton. Saben que tú estás aquí conmigo. Si no salimos a dar una declaración que justifique el cambio de novio como una 'decisión de último minuto por amor', el holding de tu familia colapsará a las diez de la mañana.

—¿Por amor? —Solté una risa amarga, tomando la taza. El calor del líquido no lograba quitarme el frío del pecho—. ¿Quieres que mienta ante las cámaras y diga que dejé al heredero perfecto porque estaba secretamente enamorada del hijo que los Ashford esconden en el sótano? Nadie se va a creer eso, Dante.

Dante apretó el borde de la barra de la cocina. Sus ojos oscuros se clavaron en mí, y por un instante, la máscara de frialdad corporativa que se había puesto se agrietó.

—Es la única mentira que puede salvar el patrimonio de tus padres, Victoria. Si dices la verdad, si admites que Sebastien te dejó plantada y que yo soy solo un trozo de carne usado para rellenar un traje vacío, tu familia estará en la calle antes de que termine la semana. Mi padre retirará los fondos de la fusión.

Me quedé callada, dándome cuenta de la encerrona. Estaba atrapada. No solo estaba casada con un hombre que me miraba como si fuera un pecado prohibido, sino que ahora tenía que actuar frente a millones de personas como si él fuera el dueño de mi corazón.

—¿Y qué gano yo con esto? —pregunté en un susurro, dando un paso hacia él.

—Tu dignidad intacta ante la sociedad. Y mi palabra de que no te tocaré, ni te exigiré nada que no quieras dar —respondió él, con una seriedad que me dolió en el fondo del alma. Él de verdad pensaba que estar a su lado era un castigo para mí—. Firmaremos los papeles del divorcio en cuanto la tormenta pase. Hasta entonces, tienes que ser la esposa del bastardo.

Caminamos hacia la puerta principal del edificio diez minutos después. Dante se colocó frente a mí de manera instintiva, usando su cuerpo imponente como un escudo humano en cuanto el conserje abrió las puertas de cristal.

El caos estalló. Las luces de los flashes me cegaron de inmediato, y una lluvia de preguntas agresivas nos bombardeó.

—¡Victoria! ¿Es cierto que Sebastien huyó por una infidelidad tuya con su hermano? —¡Dante! ¿Planificaste esto para quedarte con la prometida de tu hermano legítimo?

Sentí un mareo violento y estuve a punto de tropezar con el escalón de la entrada, pero antes de que pudiera caer, una mano firme, grande y cálida me sujetó con fuerza por la cintura. Dante me pegó a su costado con una posesividad que me cortó la respiración. Su cuerpo estaba rígido como el acero, protegiéndome del acoso de los micrófonos.

—A un lado —rugió Dante. Su voz no fue un ruego, fue una orden tan cargada de peligro que varios reporteros dieron un paso atrás, intimidados por el aura oscura del hombre al que siempre habían considerado invisible.

Dante me guio hasta el auto que nos esperaba, pero antes de cerrarme la puerta, se giró hacia las cámaras. Con la mandíbula apretada y una frialdad implacable, declaró:

—Victoria Castillo es mi esposa por elección mutua. Sebastien es el pasado. Quien vuelva a cuestionar el honor de mi mujer, se las verá con los abogados del holding.

El portazo del auto acalló los gritos exteriores. El vehículo aceleró, alejándonos del escándalo, pero la presión de los dedos de Dante todavía se sentía marcada en mi cintura, quemándome a través de la ropa y recordándome que, aunque todo fuera una farsa para el mundo, el fuego entre el novio sustituto y yo era demasiado real.

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