Terciopelo y Plomo

Download <Terciopelo y Plomo> gratis!

DOWNLOAD

Capítulo 3 El peso del secreto

El Muelle 47 es un laberinto de contenedores oxidados y sombras que huelen a salitre y miedo. Aquí no soy la "joya de los Bastiani"; aquí soy solo una sombra entre las sombras.

—Isolde, tienes que irte. Ahora —Marcello aparece a mi lado, su mano apoyada con firmeza en la empuñadura de su arma reglamentaria.

—Solo un momento más, Marcello. Esta mujer necesita los antibióticos —respondo sin levantar la vista. Estoy agachada sobre una camilla improvisada dentro de un almacén clandestino. La luz de una linterna parpadeante ilumina mi trabajo.

Le entrego los viales a una joven que apenas tiene dieciocho años, rescatada de uno de los barcos de carga que mi propio padre autorizó entrar al puerto. Es la ironía suprema: mi familia se enriquece con el tráfico, y yo gasto mi alma intentando reparar el daño.

—No lo entiendes —insiste Marcello, tirando de mi brazo para que me levante—. La gendarmería ha rodeado el perímetro sur. Alguien dio un soplo sobre un ángel que opera en los muelles. Si te encuentran aquí, no habrá explicación que valga. Serás una traidora para el Milieu y una criminal para el Estado.

Me quito los guantes de látex con un chasquido. Mi corazón golpea mis costillas. Si me atrapan, el escándalo destruiría la fachada de familia honorable de los Bastiani. Mi padre me entregaría antes de permitir que la policía metiera las narices en sus libros contables.

—Vámonos —susurro.

Escapamos por los túneles de servicio, esos que solo los que crecimos entre los muros de esta ciudad conocemos. Mientras el Bentley se aleja a toda velocidad hacia la zona alta de Marsella, observo mis manos. Están limpias, pero mi conciencia está cargada de plomo.

Llegamos a la mansión. El silencio es diferente esta noche; es denso, como la calma antes de un bombardeo. Mi padre me espera en su despacho, rodeado de monitores de seguridad.

—Dante Vallo regresa a Córcega mañana al amanecer —dice sin mirarme. Su voz es plana, lo que es mucho más peligroso que sus gritos—. La investigación policial está a un paso de este despacho, Isolde. He quemado favores que me han costado millones para mantener tu nombre fuera de los informes, pero se me acaba el combustible.

Se gira y su mirada es una sentencia.

—Él no te quiere porque te ve débil. Demuéstrale que no lo eres. O logras que ese hombre te reclame como suya antes de que termine la semana en Bonifacio, o dejaré que la gendarmería te recoja en la puerta de esta casa. No voy a hundir mi imperio por tus caridades.

Subo a mi habitación. Me baño con agua casi hirviendo, intentando quitarme el olor a puerto y el miedo. El vapor llena el baño mientras me observo en el espejo. Mis ojos oscuros parecen más grandes, más hundidos.

Dante me desprecia. Me ve como una muñeca de terciopelo. Cree que casarse conmigo es abrir un flanco, una debilidad. Lo que él no sabe es que yo soy la única persona en su mundo que entiende el peso de llevar una doble vida.

Me seco el cuerpo con lentitud y me pongo una bata de seda. Me siento frente a mi tocador y abro un cajón secreto. Saco un pequeño frasco de un perfume que solo uso en ocasiones extremas: esencia de jazmín nocturno y ámbar gris. Es un aroma que se queda en la piel, que se mete en los sentidos y no te deja dormir.

—Quieres una mujer que no sea una debilidad, Dante —susurro al espejo—. Pero vas a descubrir que hay debilidades por las que vale la pena quemar el mundo.

Mañana viajaremos a la Fortaleza de Bonifacio, en Córcega. El territorio de Dante. Un lugar de piedra y acantilados donde él se siente rey. Es el lugar perfecto para mi trampa.

No será una seducción burda. Él es demasiado inteligente para eso. Tiene que creer que fue idea suya. Tiene que creer que, por un momento, perdió el control porque yo fui "irresistible", no porque yo lo planeé.

Mi plan es simple y suicida: entrar en su santuario, romper su armadura de hielo y obligarlo a elegir entre su orgullo y su honor. Y cuando la mentira esté dicha, cuando el "embarazo" sea la única salida para salvar la cara ante las familias, me aseguraré de que el matrimonio sea su prisión... y la mía.

Me meto en la cama, pero no duermo. En mi mente, ya estoy en Córcega. Ya siento el frío de los ojos de Dante sobre mí.

Mañana comienza la cacería. Y el depredador no sabe que ya tiene la soga al cuello.

Vorig hoofdstuk
Volgend hoofdstuk