Capítulo 6 6
DOMINIC
¡Maldita mujer! Tiene algo que me atrae lo testaruda que puede llegar hacer no tiene rienda ella es una mujer sin ataduras vive la vida sin preocupaciones maldita pelirroja. Azotó con fuerza la puerta de la habitación del hotel Wolfgang. Jamás pensé encontrarla aquí y menos saliendo con un hombre carajo ¿Por qué me molesta?. Mire a Vera que estaba sentada en la cama desnuda las ganas que tenía de tener sexo ya se me quitaron.
— Vera — la llamé dios como le diré.
— ¿Qué Dominic? — me preguntó y mire a otro lado.
— Vera vámonos — dije para tomar mi saco y aflojar mi corbata la oí gritar.
— ¿Pero por qué? — pregunto mientras se alistaba.
— Solo vámonos, no te tengo que decir nada Vera — afirme y camine hacia la puerta e irme al elevador dejándola allí gritándome que me detuviera pero no estoy de humor.
— ¡Ah maldita pelirroja! — grité para golpear la puerta del elevador.
Mañana tengo una cena con el señor Colton O'brien y su familia con algunos congresistas. En un gran restaurante de California que a la vez es un casino es el mejor haremos unos contrato para comprarlo. Por lo que sé es muy grande y es uno de los mejores ha ganado muchos premios al ser el mejor casino y hotel de California.
— Gracias por cuidar mi auto — le agradecí al chico que me extendió las llaves — Ah, ¿Puedes pedirle un taxi a la chica que vino conmigo — el asintió y me subí al auto y maneje.
Mi hermana Callie es una rubia hermosa con unos ojos grises como la tormenta, ella llega hoy con su hija ella es mi única hermana por parte de madre porque mi padre fue un pícaro, engañó a mi madre cuando tenía trece años recuerdo sus discusiones hasta que mi madre me tomo de la mano y alisto mi equipaje al igual que la de ella no me gustaba verla llorar. Ella me dijo todo pues ya era casi un adolescente y entendía sentía un odio hacia mi padre por haber engañado a mi madre pero ella me dijo que eso no tenía que afectar nuestra relación, y pues de ese engaño nació una niña jamás la conocí mi madre me decía que no y la entiendo ahora solo lo haría más doloroso ver a otra hija de mi padre fuera de su matrimonio. Solo se su nombre Kennedy Fitz Después de dos años yo tenía quince años mi padre había llegado con la intención de verme y se llevó una gran noticia. Tenía otra hija que es mi hermana Callie mi hermana mi madre se lo había ocultado pero la verdad siempre se sale a la luz, siempre evadía a mi padre hasta que el me pidió perdón de rodillas fue algo doloroso ¿Quién le gustaría ver a su madre llorar? Nadie acepté su perdón y lo abrace. Y lo perdone.
Creo que esa media hermana que tengo debe tener la misma edad que Callie veinticuatro años mi hermana tiene una niña de dos años es muy hermosa se llama Sadie Atlas Cooper el padre de mi sobrina las abandono pero a mí hermana no le importó porque nos tiene a nosotros. Ese hijo de puta está en la quiebra vive en Londres Dublín maldito británico.
Llegue a la casa de mi madre mire la hora 11:37 a.m madrugada abrí la puerta de la casa y la cerré lentamente de no despertarla deje la llave en la mesita de noche al lado del sofá y cuando iba a doblar para subir las escaleras mi saco se enredo con una rosa y mientras camine se cayó ¡El jarrón favorito de mamá! Carajo mi madre me matará. Me agache para tomar todas las partes del jarrón rotas.
— ¡Dominic! — el grito de mi madre me asusto.
Me doy por muerto.
Al día siguiente.
Mire mi desayuno oyendo los reclamos de mi madre de como le pagaré su jarrón de Londres se lo había regalado un amigo eso dice ella.
Mire la hora. 9:49 a.m ya estará aterrizando el avión dónde viene mi hermana y mi sobrina Sadie.
— Mamá — la llamé y ella me miro.
— ¿Qué? — me dijo molesta.
— Me puedes dar un poco más — dije mirando la comida, para sentir un manotazo en mi cabeza.
— ¡Cállate! — me reprendió.
Solté un suspiro y bebí de mi jugo de naranja. Después se escuchó la puerta de la mansión ser tocada. Oí el grito de Sadie Atlas Cooper mi pequeña rubia de ojos azules como el agua una pequeña británica.
— ¡Abuela, tío! — mi madre río por el grito de la rubia.
— ¡En el comedor cariño! — exclamó mi madre y mire que entró a toda velocidad una rubia de dos años tirándose a los brazos de su abuela.
— Hola Dominic — saludo mi hermana me levanté de mi asiento y la abrace la había extrañado mucho.
— Mi rubia — le susurré para besar su frente y abrazarla más había extraño a mi hermana mucho.
— Hola mamá — saludo a mi madre para abrazarla con fuerza.
— Hola cariño ¿Cómo estuvo tu viaje? — pregunto mi madre para sentarse en una silla del comedor con Sadie en sus piernas.
— Cansador pero dispuesta a ir a ese casino y hotel de California — susurró mi hermana para beber su jugo de limón.
— Tío Dominic te extlañe — ¡Por fin se acordó de mí!.
— Si me extrañaste — respondí mirándola fijamente a lo que ella río para abrazarme — Te quiero — le susurré para besar sus mejillas rojas por el frío.
— Yo también te quielo — me susurró para meterse en la boca uno de mis waffles sonreí y acaricié su cabello rubio.
Esta es mi familia. Haría todo por ellos todo.
Bebo de mi café americano llevo más de seis cafés, estoy revisando unos documento que tendré que enviar a Atlántico Canadá a unos de mis socios para que la compañía crezca más en algunos lugares. Mire a Sadie jugar con sus muñecas Barbie de veterinaria y doctora tenía mi oficina regada de puros vestidos de muñecas y juguetes.
Lo que sucedió es que una pequeña rubia se metió en mi auto sin saber nada. Y ahora la estoy cuidando mientras mi hermana está al frente en su oficina leyendo unos documentos. Mientras yo cuido a la huracán de mi sobrina.
— Tío — la mire — Quielo un lobstel loll — la mire.
Marque a mi secretaria.
— Hola Eiza — escuche lo mismo detrás de la línea — Quiero por favor un lobster roll — escuche un si.
Seguí leyendo los documentos, a veces pienso en formar una familia me estoy volviendo viejo. Deseo formar una familia quiero una esposa que me espere en casa ver a mis hijos correr por la mansión pero solo es ilusión nada más. Pero imaginar no cuesta nada.
Solté un suspiro al mirar mi escritorio lleno de papeles y vestido.
¿Qué hice para merecer esto?.
— Tío juguemos — dijo Sadie para jalar me de mi camisa y llevarme al suelo donde tenía muchas muñecas, sentí su mano en mi cabello jalando lo a su antojo carajo es igual a mi hermana siempre me obliga a todo y cuando le decía no, iba corriendo donde mi madre a decirle y luego de un sermón que me esperaba. Mi niñez fue maravillosa aunque a la vez dolorosa.
Acomodo mi saco y miró mi cabello echo un asco mi sobrina me lo dejó horrible. Bajé las escaleras para mirar a mi madre vestida en un traje beige su cabello rubio suelto se miraba hermosa. Mi hermana iba vestida en un vestido azul brilloso resaltando su piel, sus labios pintado en rojo.
Mire que había una rubia mirando a mi hermana con reproché. Sadie llevaba su pijama de oso.
— Mami yo quielo il — hizo u puchero que mi hermana ignoro para salir de la casa pero sin antes advertirle.
— Ve arriba ya vendrá tu niñera mientras te cuidará la señora Amy — dijo mi hermana para besar su frente y empujarla a las escaleras levemente. La señora Amy es la ama de llaves.
— Adiós Sadie — dije riendo y ella me miro mal.
Sonreí y subí a mi auto seguido de mi madre y hermana.
Íbamos para California Casino Y Hotel las luces alumbrabam mi paso manejaba a una gran velocidad. Mire que ya estábamos llegando al gran hotel de más de veinte pisos si que era grande.
Bajé del auto y ayude a mi madre y Callie a bajar del auto ambas me tomaron del brazo y caminamos hacia adentro escuche unos motores apagarse me volteo y miró a la pelirroja candente bajar del auto con un vestido rojo con un escote muy relevante, su cabello recogido ella camino en frente de mí me mordí el labio al mirar su trasero moverse de un lado a otro.
Camine adentro y mire que ella estaba hablando junto con su madre la señora Cassidy Walter una pelirroja muy hermosa. Ella me miro y sonrió con picardía carajo esa sonrisa.
Me adentré al despacho del dueño de este casino y hotel para hacer los pagarés.
— Llegaste a tiempo.
Busco con la mirada a Emma pero no la hallo se supone que debe estar aquí en la parte del hotel. Camine hacia el casino pasando la puerta azul. Quiero jugar un rato.
Y me lleve un gran sorpresa al mirar a esa pelirroja jugando en una mesa a las cartas con otros congresista. Mire que había pocas mujeres y más varones. Pero algunas mujeres solo estaban viendo pero esta mujer sexy estaba jugando mientras bebía de su Whisky Johnnie. Qué está al lado de ella mientras recoje algunas monedas del centro de la mesa.
Me acerque a ella y me agache para oler su cabello.
— Las mujeres no deben estar aquí — le susurré y ella apretó las monedas azules que tenía en su mano.
— Gane señores — dijo la mire sorprendido ninguna mujer le había ganado al gran apostador. Kenneth Esparza un hombre de unos cuarenta años, es uno de los congresistas en la empresa de Emma y le gusta jugar apostando y hoy no fue su excepción. Porque está pelirroja candente le ganó.
— No hiciste trampa — reprochó Kenneth.
— Cariño yo juego limpio hasta con los hombres, si no sabes perder porque estás en la mesa — hablo con indiferencia para irse de allí pero sin antes tirar les las monedas azules y rojas en la cara — Yo no lo necesito porque siempre llevo mi cartera con dólares grandes cariño — su boca se movía tan lento que quería besarla.
Ella camino y Kenneth se levantó votando todo y tomo el brazo de esa pelirroja.
— A ella no la tocas, solo yo — afirme y quite su brazo bruscamente de la mano de Emma.
— A mi no me interesa esa pelirroja hizo trampa — rugió molesto.
— No hice trampa — repitió Emma para salir del casino.
La seguí y la mire que iba a unas de las habitaciones del hotel mire que nadie me estuviera viendo hoy será mía otra vez está pelirroja.
— ¿Qué hacías allí?— me referí al casino.
— Estaba allí jugando como los demás — dijo sin rodeo eso me gusta de ella lo directa que es.
— Pues se ve mal que una mujer juegue allí y más tu — dije y ella soltó una carcajada.
— Eso a mi no me importa, además a ti no te tiene que importar — se acercó a mí su loción llegaba a mis fosas nasales quiero poseerla .
— Emma — advertí al mirar que acarició mi pene erecto.
— Es malo que una mujer juegue en un casino rodeada de hombres ¿No? — asentí y mordí mi labio inferior cuando apretó mi pene.
— Se ve muy mal ver a una mujer distinguida como tú allí — le susurré.
— Pues — su aliento golpeó mi oído — No me importa — dijo para cerrar la puerta en mi cara.
¡Maldita mujer!.
Hoy será mía de toda las maneras posibles.
— ¡Abre! — grité y ella sonrió para dejarme entrar.
— Te dejo entrar con una condición — que tentador suena.
— ¿Qué condición? — pregunté para sentarme en la cama es raro que ella me dejara entrar.
— Que está noche no durmamos para nada solo sexo salvaje estoy estresada y ya sabes — si que es tentador .
— Está bien solo sexo salvaje — está noche tomaría otra vez a está pelirroja sin ningún efecto del alcohol. Será mía otra vez.
— Que empiece el juego — dijimos al unísono susurrando bajo para besar su cuello.
