Sublimes Placeres

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Capítulo 7 Atrapado

El denso olor a alcohol de alta graduación, combinado con el éxtasis colectivo de la música y el desenfreno, hace que el aire costero se sienta cada vez más denso, fuerte y pesado a cada paso que doy al caminar por los lujosos pasillos exteriores de la propiedad. La atmósfera está impregnada de una vibración salvaje que adormece los sentidos. Al mismo tiempo, mientras recorro el lugar con la mirada perdida, admiro de forma casi automática a las innumerables bellezas en trajes de baño que se mueven con sensualidad a mi alrededor, intentando infructuosamente borrar de mi mente la imagen que me perturbó hace unos instantes.

Me acerco lentamente a donde se encuentra mi hermano Alex conversando animadamente, pero decido no comentarle absolutamente nada sobre mi inesperado encuentro visual con Mía. No necesito que empiece con sus burlas pesadas o sus insinuaciones molestas. La verdad es que, esta vez, mi odiosa, insufrible y eterna rival me dejó completamente sin palabras; me ha dejado en claro, sin proponérselo, que debajo de sus rectos trajes formales de oficina esconde un cuerpo de auténtico infarto, una silueta perfecta que jamás habría imaginado y que ahora se niega a abandonar mis pensamientos.

—¿Qué demonios pasa con esa cara de funeral que traes, Gabriel? —pregunta Alex, interrumpiendo mis cavilaciones al notar mi rigidez. No respondo, simplemente me limito a clavar la vista en el fondo de la alberca corporativa—. Anda, hermano, reacciona de una vez. Quita esa maldita cara de amargado y mejor dedícate a disfrutar de la noche y diviértete —grita con evidente emoción por encima del volumen de los altavoces, alzando los brazos antes de beberse de un solo trago una generosa copa de vodka helado.

—Tienes toda la razón —contesto, forzando una sonrisa en el mismo tono elevado para mimetizarme con el ambiente, obligándome finalmente a salir de mis destructivos pensamientos y a enterrar la paranoia de la nota de chantaje que recibí por la mañana.

Alex y yo comenzamos a beber varias copas seguidas, buscando en el licor la anestesia necesaria para la tensión acumulada. Gracias al efecto desinhibidor del alcohol, el ambiente se relaja rápidamente y mi hermano empieza a coquetear abiertamente con una rubia espectacular de ojos felinos que acaba de acercársele.

Sin previo aviso, me deja completamente solo en la barra exterior con su amigo Alejandro, el dueño de la casa. Sin embargo, la cortesía de la hospitalidad dura poco, pues en cuestión de unos escasos minutos él también se aleja presuroso hacia la zona de la playa, tomado de la mano de una sugerente morena que le susurra al oído.

Me quedo completamente desamparado en medio de la multitud descontrolada y es en ese preciso instante cuando empiezo a sentirme algo extraño, incómodo y vulnerable.

Una oleada de calor repentina azota mi pecho; mi cuerpo entero se siente extrañamente caliente, experimentando una temperatura febril que asciende por mi cuello. Intento razonar con frialdad y me doy cuenta de que no creo que esto sea a causa de las copas de alcohol que bebí con Alex, ya que en realidad fueron muy pocas como para causarme una reacción tan violenta y nublar mi juicio de esta manera tan abrupta.

Al pensar firmemente que se trata de alguna mala combinación de la bebida o un bajón de presión debido a la terrible resaca que arrastraba desde la mañana, tomo la decisión de alejarme del ruido.

Camino con dificultad hacia el interior de la residencia, buscando desesperadamente una habitación desocupada que esté lo suficientemente alejada del bullicio para poder recostarme y descansar un poco, al menos hasta sentirme mejor y recuperar el control de mis extremidades. Hallo un dormitorio de invitados al fondo de un pasillo en penumbras; entro apresuradamente y cierro la puerta de madera pesada con el seguro metálico, buscando aislarme del mundo.

Me apoyo contra la pared, respirando con dificultad. Siento un calor infernal, abrasador y sofocante que recorre mis venas como fuego líquido; un pulso acelerado que no sé por qué demonios surgió de la nada con tanta agresividad. La sudoración empieza a empapar mi frente.

Frustrado, comprendo que tendré que esperar pacientemente encerrado aquí dentro para que se me pase el efecto de este malestar antes de poder salir de este dormitorio. Me lamento internamente maldiciendo mi mala suerte; si no fuera por este repentino e inexplicable ataque de debilidad física, ya estaría afuera, utilizando mi encanto con algún bombón en algún rincón oscuro de esta espectacular casa de la playa.

—Te estuve esperando pacientemente todo este tiempo, Gabriel —habla de repente una voz familiar desde la oscuridad de la esquina del cuarto, rompiendo el silencio sepulcral. El sonido me congela la sangre—. Como verás, no fue en absoluto difícil convencer al barman para darte un poco más de esto en tu trago. Al principio, cuando te vi caminar como si nada, pensé que las gotas no te harían el efecto deseado, pero... viendo lo mucho que tiemblas, confirmo que valió la pena esperar un poco en este escondite.

—¿Tú? —inquiero con un hilo de voz, sintiendo que el mundo se desmorona a mi alrededor.

Palidezco por completo y un sudor frío corta el calor de mi piel al reconocer sin margen de error la identidad detrás de esa voz manipuladora. Es la misma persona de la nota, la sombra que amenaza con destruir mi apellido y mi carrera entera.

—Hola de nuevo, Gabi. —Camina lentamente hacia la luz difusa que entra por la ventana, desvelando su presencia—. No tienes una idea de cuánto te extrañé desde la última vez que estuvimos juntos.

—¡Aléjate inmediatamente de mí! ¡No te me acerques! —ladro con la poca fuerza que logro reunir en mis pulmones, intentando mantener una fachada de autoridad que mi cuerpo debilitado no puede sostener.

Busco la salida de la habitación con torpeza infinita, estirando la mano hacia la perilla metálica para quitar el seguro, pero mis sentidos adormecidos no responden con rapidez.

—No, mi querido Gabi, no vas a ir a ningún lado —dice ella con una sonrisa depredadora, interceptando mi camino. Me agarra firmemente del brazo con una fuerza sorprendente, tirando de mí hacia atrás para alejarme por completo de la puerta del dormitorio—. Mírate, apenas puedes mantenerte en pie. Muy pronto me necesitarás desesperadamente para que tu cuerpo se sienta mejor, para calmar ese fuego que te quema por dentro. Con mucho... pero mucho placer te ayudaré a apagarlo, tal como lo hice anoche.

¡No! ¡Maldita sea, no! ¿Cómo diablos me está pasando esto precisamente a mí? Me siento atrapado en una pesadilla de la que no puedo despertar, traicionado por mis propios sentidos.

Utilizando el último rastro de voluntad pura, la empujo con violencia para intentar alejarla de mi espacio personal y romper su agarre asfixiante, pero mis movimientos son tan sumamente torpes, pesados y descoordinados debido a la sustancia que corre por mi sangre, que solo consigo perder el equilibrio por completo y tropiezo de forma patética con mis propios pies, cayendo de rodillas sobre la alfombra.

Joder, debo salir de aquí como sea, tengo que ponerme de pie y cruzar esa puerta. ¡No debo bajo ninguna circunstancia dejar que esto pase de nuevo!

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