Capítulo 6 Primeras impresiones
Afortunadamente, Gabriel se concentró en desarrollar las ecuaciones de los problemas y así Violet tuvo más tranquilidad de anotar en la hoja de respuestas las cifras que más se acercaban a lo que le salía en la calculadora. Si aparecía un trescientos y en la hoja había un 3,5 ella anotaba ese, ¿que cómo llegaba a esa conclusión? Pues la respuesta comenzaba con el número tres.
Por momentos le entraba ganas de reírse por la empanada que estaba haciendo en esa hoja de respuesta, pero se aguantaba para que Gabriel no volteara a mirarla.
A mitad de hora, se dio cuenta que él ya estaba acabando, y a ella ya le había aparecido la primera ecuación con la respuesta en la calculadora de “Syntax Error” y tuvo que apagarla, para después voltear a ver al muchacho y preguntarse si él también vio lo que apareció en la calculadora.
Algo le decía que las únicas respuestas buenas que saldrían en el examen serían las de Gabriel. El muchacho hasta resolvía las ecuaciones sin calculadora, todo lo hacía a memoria y se notaba muy decisivo con las respuestas que daba, de hecho, hacía esto:
R/ El resultado final es… porque, según la ecuación…. Por ende, el resultado es…
Tenía una letra cursiva muy hermosa y fluida.
Violet llevaba quince minutos de haber terminado de responder las preguntas; es común si las respuestas las tomas a la de Dios: que se haga la voluntad del que está en el cielo. No le quedaba ganas de revisar las respuestas porque sabía que terminaría cambiándolas todas por la duda.
Faltaba veinte minutos para que acabara el examen y Gabriel estaba revisando sus respuestas una por una. Fruncía el entrecejo cuando lo hacía, tornando todo el rostro en una expresión seria.
Entonces, cuando acabó, volteó a verla y después bajó la mirada a la hoja de respuesta.
—¿Por qué un número fraccionario en el punto uno? —preguntó y tomó la hoja de respuesta para revisarla.
—Ah… es que… bueno, eso fue lo que me dio. —La voz de Violet poco a poco descendía, hasta terminar algo temblorosa.
Gabriel relamió sus labios y revisó el problema. Entonces, pasó lo peor: apoyó la hoja en la mesa y borró la respuesta de Violet, para después encerrar con el lápiz la última opción.
—Este punto tiene relación con el punto seis, es el mismo problema, la opción correcta es esta. No es un número fraccionario.
Ella ni sabía de lo que hablaba, lo único que quería era que se acabara el examen y poder marcharse a su habitación para llorar en silencio.
Después de eso, Gabriel revisó todas las respuestas de Violet, la única que no salió mala fue el punto tres, y eso, porque la chica sí logró entender ese tema y supo resolver el problema. Así que pudo rescatar un poco su dignidad y explicarle cómo llegó a esa respuesta.
Si veía el lado bueno, podría tener un buen resultado en el examen gracias al chico y así poder rescatar un poco su nota final. Tal vez y no reprobaba.
Cuando entregaron el examen, Violet guardó todas sus cosas en el bolso y salió casi que corriendo del salón de clases.
Tenía las lágrimas quemándole en las comisuras de los ojos y mordía su labio inferior con fuerza, pensando una y otra vez en lo patética y bruta que era.
Literalmente Gabriel revisó en diez minutos todos sus ejercicios y los corrigió con semejante facilidad, rayando en la burla porque ella no había podido resolver algo tan fácil. Bueno, él no se burló de ella, pero lo sintió así.
Tal vez y sí era cierto que él era un chico genio, porque llegaba a las respuestas tan rápido que muchas veces quedó con los ojos bien abiertos al verlo pensar en voz alta. Todo ese tiempo estuvo explicándole cómo se desarrollaban los problemas, pero Violet estaba segurísima que él solo hablaba consigo mismo.
Esperaba no volver a sentarse al lado de él en la clase nunca más.
Cuando entró en su habitación, agradeció que Teresa no estuviera allí. Tiró el bolso sobre su cama y después se sentó en un bordillo, para después dejar salir el llanto.
Comenzó a limpiar las lágrimas de sus mejillas y notó que había tinta negra en su rostro. Rápidamente corrió hasta el escritorio, donde había un pequeño espejo de mesa, lo tomó y observó su rostro.
Tenía tinta negra en la punta de la nariz.
Su mentón comenzó a temblar y soltó el llanto con fuerza. Se dejó caer sobre la silla del escritorio y lloró tan fuerte como lo haría una niña pequeña.
No le gustaba la vida universitaria. No le gustaba en absoluto su patética vida. Todo esto le quedaba demasiado grande: estaba más que segura que no podría terminar el primer semestre del año.
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—Mi mamá me llamó anoche —anunció Bruno a mitad del almuerzo—. Me dijo que te estuvo llamando, ¿por qué no le respondiste?
Violet si a lo mucho había tocado su almuerzo. No le gustaban las arvejas, le parecían que eran desagradables, sobre todo las que preparaban en la universidad, le parecía que quedaban algo crudas. Le sorprendía la capacidad de adaptación que tenía su hermano, las comía sin ningún problema.
—Se me había apagado el celular anoche —respondió con tono algo aburrido.
Con ellos estaba Mariana, siempre almorzaban juntos en la cafetería central de la universidad. La UCC tenía tres cafeterías enormes y a ellos les gustaba la que quedaba cerca al lago porque era mucho más tranquilo. Pero Violet estaba segura que ella nunca comería sola allí, porque le parecía que tenía mucha gente alrededor.
—Debes llamarla hoy, sabes cómo se pone cuando no puede hablar contigo —ordenó Bruno con el típico tono que usan los hermanos mayores cuando ordenan algo a sus hermanos menores.
—¿Te has visto con Gael? —preguntó Mariana con cierto entusiasmo a Violet.
El joven alzó la mirada de su plato y observó con curiosidad a su hermanita.
—¿Quién es Gael? —indagó.
—Gael es su enamorado —cuchicheó Mariana.
Violet se ruborizó al ver que su hermano la veía con rostro confundido y escéptico.
—Eso no es cierto —regañó la chica—. Solamente es un conocido de la biblioteca.
—Un conocido que te paga las cosas —recordó su prima mientras respingaba las cejas.
—¿Te está pagando cosas? —indagó Bruno con cierto tono de reproche.
—¡No es así! —replicó Violet y se acomodó en su puesto, incómoda—. Mariana lo ha deformado todo. —Su prima comenzó a carcajear burlonamente—. Él me ayudó sacando el carnet en la biblioteca y ya, me pagó el papeleo, nada más. Lo hizo como ayuda, seguramente por lástima.
—Gusta de ti, esa es la verdad. —Mariana volvió a comer de su plato con cierta satisfacción.
Mientras, Bruno se veía un tanto serio y pensativo.
—Ten cuidado, hay muchos alumnos que les gusta aprovecharse de las chicas de primer semestre.
—Lo sé —musitó la joven y volvió la mirada a su plato.
