Se busca novio

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Capítulo 4 Cuando te gusta un chico guapo

Se refugiaba mucho en los estudios y las cosas que no entendía, podía pedirle a Brian (porque la única que se le hacía difícil era razonamiento matemático y él era bueno para los números) que le ayudara y por veces se le apuntaba a los refuerzos, Teresa. 

Si no hubiera conocido a ese par, no habría soportado, porque su hermano y su prima tenían sus grupos de amigos y le decían que debía conocer gente, que socializara; así que no lograban comprenderla. 

Cuando llegó a su habitación, encontró a Teresa sentada en su cama y en la suya, estaba Mariana, andando su laptop. 

—¿Dónde estabas? —preguntó Mariana arrugando la frente. 

—En la biblioteca —respondió Violet, cerrando la puerta. 

—Te lo dije —comentó Teresa—. Si no la encuentras en la habitación, es porque está en la biblioteca. 

Violet se sentó al lado de su prima, dejando el libro y su bolsito negro que traía consigo sobre el colchón. 

—¿Venías corriendo? —indagó Mariana, observándola. 

El cabello de Violet era negro liso y lo traía cortado hasta los hombros, pero en ese momento, estaba un poco espolvoreado, así que se veía como si estuviera de punta. 

Intentó peinárselo con las manos. 

—¿Te pasó algo? —inquirió Teresa. 

—No —respondió con rapidez. 

—¿Te venían persiguiendo o algo así? —insistió Mariana en saber. 

—No, solo fui a la biblioteca y saqué un libro para leerlo —aclaró Violet. 

—¡Ah, por fin sacaste el carnet! —exclamó Teresa con una leve sonrisa. 

—Sí, me ayudaron. 

Intentó que una sonrisa no se desplegara en su rostro, pero fue imposible. Las chicas pudieron notarlo y la atusaron para que contara, así que se dio por vencida y lo confesó todo. 

—¿Cómo es físicamente? —preguntó Teresa. 

—Es mucho más alto que yo y creo que está en el equipo de fútbol, porque llevaba una chaqueta, tiene los ojos azules oscuros y su cabello es negro liso. Sus brazos son… —Se ruborizó mucho más de lo que ya estaba—. Sus brazos son gruesos, creo que hace ejercicio. 

—¡Aaah te gustaaaa! —Teresa dio un salto en su cama por la emoción. 

Violet cubrió su rostro con sus manos, porque no soportaba la vergüenza. 

—Si siempre va para quedarse hablando contigo, es porque le llamas la atención —comentó Mariana. 

Teresa aceptó con un movimiento de cabeza. 

—Es muy evidente, Vio. —A Violet le llamaban “Vio” de cariño, pero era un apodo nuevo que se inventó Teresa y ahora todos la llamaban así. Bueno, las pocas personas que la conocían.

¿Sería cierto? No lograba imaginar a un hombre gustando de ella, mucho menos a Gael: él era otro tipo de hombre, de esos que se fijan en la chica más hermosa de toda la corte de su carrera, de esa que buscan para ser modelo. Ella no estaba para nada cerca de ese prototipo de mujer, ¡para nada era bonita! De hecho, las personas llegaban a decirle “tienes un rostro tierno” para que no se sintiera mal, porque del resto, parecía un esperpento. 

Siempre creyó que era el tipo de chica que los hombres buscaban para que fueran amigos, porque estaban seguros que nunca se fijarían en ella. 

—¿Y si solo me habla porque le inspiro lástima? —preguntó a sus amigas. 

—¿Lástima? —inquirió Teresa—, ¿por qué le inspirarías lástima?

—Me ayudó a sacar el carnet —repuso y mostró el carnet en su mano. 

—Eso es por cortesía y también para ganar puntos contigo —aclaró Teresa—. ¿Por qué te pagaría el carnet si no estuviera interesado en ti? ¿Qué hombre hace eso solo porque sí? Es obvio que le llamas la atención y quiere acercarse a ti. Dijiste que va todos los días sin falta a la biblioteca solo para hablar contigo. 

Realmente iba porque quería molestarla, se notaba de lejos que era ese tipo de hombre que no le gusta que le ordenen hacer cosas o que le lleven la contraria: todo su rostro gritaba que era vengativo. Seguramente en el pasado acosaba a sus compañeros en el colegio. 

—Tú no inspiras lástima, Vio —subrayó Teresa.

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