Se busca novio

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Capítulo 2 El chico guapo de la biblioteca

Caminaron en silencio, sobre todo porque Violet se estaba mostrando más tímida que de costumbre y dejaba que él caminara unos centímetros más delante de ella. 

Cruzaron los pasillos de las estanterías atiborrados de libros y llegaron hasta la recepción, donde se encontraba un hombre bajo, con barriga y se notaba la caída de su cabello en la cabeza. 

—Buenas tardes, Julio —saludó el muchacho. 

—Ah, hola, Gael —saludó el bibliotecario, parecía que había estado distraído con algo.

Así que se llamaba Gael… 

—Ella necesita sacar su carnet —informó Gael, señalando a Violet con el pulgar de su mano derecha. 

La joven se sintió compungirse de a poco y se rodó un tanto para esconderse (disimuladamente) detrás de Gael. 

Julio (el bibliotecario) mostró una cariñosa sonrisa. 

—¿Primera vez? —preguntó a Violet. 

—Ah, sí —respondió, ruborizándose.   

El bibliotecario le pidió a Violet una información y después la hizo firmar un documento. Por último, tuvo que pagar el excedente. 

—Seis mil pesos —informó el bibliotecario. 

Ella iba a sacar su cartera de un pequeñito bolso negro que traía consigo, pero Gael se anticipó y lo pagó. 

—Así te recompenso todo lo que me has tenido que soportar —dijo, pagando el excedente. 

Violet no fue capaz de decir palabra alguna, solo apretó los labios y, una vez recibió el carnet, pidió que le dejaran sacar el libro que desde hace minutos llevaba apretujado entre sus brazos y pecho. 

Se sentía rara, incómoda y extrañada, porque Gael terminó siendo un muchacho bonachón. Bueno, seis mil pesos no era mucho, pero sabía que nadie hacía tan poco por otra persona, y menos si es un desconocido. ¿O ellos no eran desconocidos? Llevaban una semana sentándose en la misma mesa, aunque era poco tiempo. ¿Por cuánto tiempo se deja de ser desconocido para alguien? 

Cuando le dieron el libro a Violet y por fin supo que ya lo podía llevar a casa, volvió a apretujarlo en su pecho. 

Comenzaron a salir de la biblioteca y Violet se preguntaba cómo podía despedirse de Gael. 

—Bueno… —trató de hablar. 

—¿Ves? No era tan difícil —comentó Gael, desplegando una sonrisa—. Ahora puedes sacar los libros y leerlos en tu cuarto. 

—Gracias —balbuceó, ruborizándose. 

Gael la observó de pies a cabeza y ensanchó su sonrisa. 

—¿Cómo te llamas?

—Violet —contestó. 

—Violet —musitó Gael en sus labios. Peinó su cabello negro y liso con una mano, después, procedió a decir—: es un muy lindo nombre, te queda. 

Violet tragó en seco y todo su rostro y cuello se tornaron rojos. Intentó hablar, pero solo produjo que sus labios se entreabrieran, para después cerrarlos y apretarlos con fuerza. 

—Eh… gracias —se despidió. 

La joven bajó los diez escalones que había a las afueras de la biblioteca casi que corriendo y se adentró en los pasillos estilo antiguo con farolas coloniales. 

Comenzaba a caer la noche en el campus y el clima se sentía frío, pero Violet comenzaba a sudar. Además, su corazón palpitaba a mil por segundo. 

¿Por qué le dijo eso? 

Es un muy lindo nombre, te queda.

¿Por qué peinó su cabello de forma tan seductora?

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