Santo por accidente

Download <Santo por accidente> gratis!

DOWNLOAD

Capítulo 4 Cercanía

El tiempo pareció detenerse apenas sus labios se separaron.

Camila levantó lentamente la mirada y se encontró con los ojos de Mateo fijos en ella, tan cerca que podía sentir su respiración mezclarse con la suya. Y, por alguna extraña razón, ninguno de los dos parecía tener intención de apartarse.

El corazón de Camila golpeaba con fuerza dentro de su pecho, como un caballo a punto de desbocarse, mientras las manos de Mateo permanecían firmes sobre su cintura. 

—Pa… pa… padre —murmuró finalmente Camila, apartándose rápido mientras intentaba recuperar el aire.

Mateo tardó unos segundos en reaccionar. Sus ojos seguían fijos en ella antes de aclararse la garganta y dar un pequeño paso hacia atrás.

—Hermana… disculpe si la asusté —dijo con voz más baja de lo normal, casi carrasposa

—No se preocupe, padre —murmuró Camila intentando sonar tranquila mientras evitaba mirarlo directamente a los ojos.

Pero era difícil actuar normal después de haber rozado accidentalmente los labios del hombre que debía asesinar.

Y lo peor no era eso, lo peor era que una parte de ella quería volver a hacerlo, definitivamente se iría al infierno.

Mateo se quedó observándola en silencio, demasiado atento a cada uno de sus movimientos.

Y eso era extraño en él.

Porque normalmente las personas le aburrían rápido…pero aquella mujer parecía un completo desastre imposible de ignorar.

Camila respiró hondo varias veces mientras llevaba una mano a su pecho.

Definitivamente necesitaba salir de ahí antes de que terminara haciendo otra estupidez, o peor aún confesando le que ella estaba ahí para matarlo.

—Yo… creo que necesito un poco de aire —murmuró nerviosa antes de girarse rápidamente hacia la puerta.

Pero justo cuando iba a dar el primer paso, escuchó la voz de Mateo detrás de ella.

—Creo que eso no será posible hermana.

Camila se quedó completamente tiesa.

Sus ojos se abrieron de golpe mientras lentamente se giraba hacia él.

—Ay, Diosito… me descubrió.

Mateo parpadeó confundido.

—¿Descubrir qué?

Camila soltó una risa falsa demasiado nerviosa.

—Nada… cosas mías.

Mateo señaló la puerta con tranquilidad.

—Lo decía porque estamos encerrados. La puerta no abre desde adentro. A veces se atasca.

Camila abrió los ojos de golpe.

—¿Cómo que no abre?

Caminó rápidamente hasta la puerta y tomó el manija con ambas manos, moviéndolo una y otra vez.

Nada, absolutamente nada, la puerta ni siquiera se movió

—No, no, no… esto no puede estar pasando —murmuró mientras empezaba a respirar más rápido.

Mateo se acercó lentamente, intentando mantener la calma.

—Hermana, tranquila. Seguro alguna de las hermanas vendrá en un momento y…

—¡No me gustan los lugares cerrados! —dijo ella de golpe mientras daba un paso hacia atrás.

El pecho le subía y bajaba rápidamente, completamente asustada.

—Harmana Camila… respire despacio —dijo él.

Solo que ya era demasiado tarde, la ansiedad ya empezaba a consumirla por completo.

—¡No puedo respirar! —lo interrumpió ella.

Mateo dio un paso hacia ella rápidamente.

—Hermana Camila…

Pero ya era tarde.

El rostro de ella perdió color y, segundos después, sus piernas cedieron. Mateo reaccionó rápido, sosteniéndola antes de que golpeara el suelo.

—Joder…

Él la acomodó entre sus brazos y le dio pequeñas palmadas en la mejilla.

—Camila, abra los ojos.

Mateo tensó la mandíbula antes de acercarse más a ella.

Y sin pensarlo demasiado… terminó besándola suavemente, claro está no era un beso, era respiración boca boca, un grave error.

Justo en ese momento, la puerta de la capilla se abrió de golpe.

—¡Padre! —exclamó una de las hermanas completamente horrorizada—. ¿Qué está haciendo?

Mateo levantó la mirada de golpe mientras seguía sosteniendo a Camila entre sus brazos.

La hermana Clara los observaba completamente pálida desde la entrada de la capilla.

Vaya justo lo que le faltaba a su vida.

—No es lo que parece —gruñó Mateo separándose apenas de Camila.

La mujer abrió la boca varias veces sin saber qué responder.

Porque, sinceramente… sí parecía exactamente lo que estaba pensando.

En ese momento, Camila soltó un pequeño quejido y abrió lentamente los ojos.

Parpadeó confundida. Y lo primero que vio fue a Mateo demasiado cerca de ella.

Otra vez. Su cerebro tardó exactamente tres segundos en reaccionar.

—¡Diosito! —gritó levantándose tan rápido que terminó golpeándose la cabeza contra la barbilla de Mateo.

—¡Qué intenta! —soltó él.

La hermana Clara seguía mirándolos horrorizada.

Camila abrió los ojos completamente desesperada.

—¡No es lo que usted cree!

En ese momento hubo silencio total, absoluto silencio.

Mateo soltó una risa seca mientras negaba con la cabeza.

La hermana Clara seguía mirándolos como si acabara de presenciar el fin de los tiempos.

—No es lo que parece —dijo una vez más Mateo rápidamente mientras ayudaba a Camila a sentarse.

—¡Padre Mateo! —susurró la hermana horrorizada.

Mateo se pasó una mano por el cabello, claramente frustrado.

—Se desmayó. Solo estaba ayudándola a respirar.

—Voy a fingir que no he visto nada.

Camila se puso rápidamente de pie, ignorando por completo la mano que Mateo había extendido hacia ella, y salió prácticamente huyendo de la capilla.

Su corazón seguía golpeando con fuerza dentro de su pecho mientras caminaba apresurada por los pasillos del convento.

Definitivamente aquello no estaba bien.

Ella había llegado hasta ese lugar para matar a Mateo Montenegro… no para quedarse pensando en sus ojos, en su sonrisa o en cómo se hubieran sentido sus labios.

Entró a su habitación y cerró la puerta de inmediato, apoyando la espalda contra la madera mientras intentaba recuperar el aire.

Justo en ese momento, el teléfono escondido entre su ropa empezó a vibrar. Camila tragó saliva antes de sacarlo rápidamente.

Y, para su desgracia, el nombre que apareció en pantalla hizo que todo dentro de ella se tensara. Era León Montenegro, así que contestó de inmediato.

—Pensé que no ibas a responder —dijo la fría voz de León al otro lado de la línea.

Camila cerró los ojos un segundo.

—Lo siento, señor… estaba ocupada.

Hubo un pequeño silencio.

—Solo llamaba para darte un amable recordatorio, Camila. Ya pasaron dos días.

El corazón de ella dio un vuelco.

—Y hasta donde sé… mi sobrino sigue respirando. Quiero un trabajo bien hecho, porque solo de ese modo, tu mamá sobrevivirá. 

Ella puso el teléfono sobre su pecho, y un gesto cargado de preocupación se apoderó de ella. 

Había pasado una semana en la que Camila había intentado acercarse al padre Mateo… con tan mala suerte que prácticamente había desaparecido del convento. Como si la tierra se lo hubiera tragado.

El hombre se había marchado junto a otros voluntarios a una misión médica en un pequeño pueblo cercano.

Y por supuesto, ella no había podido acompañarlos. Aunque quizá eso hubiera sido mejor.

Porque estar lejos de Mateo durante esos días le había ayudado a recordar algo importante: Ella no estaba ahí para enamorarse, estaba ahí para matarlo, y así poder salvar a su madre y de paso a ella.

Y justamente por eso, aquella mañana se había ofrecido voluntariamente en la cocina desde muy temprano.

Porque, siendo sinceros… ¿qué mejor manera de acabar con alguien que envenenándolo discretamente?

Claro, sonaba mucho más fácil en su cabeza.

Ahora el verdadero problema era descubrir cómo matar a un hombre sin terminar intoxicando a medio convento en el intento.

Vorig hoofdstuk
Volgend hoofdstuk