Pasión en Bali

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Capítulo 8 Sensación

—¿Leona azul? ¡Claro que sí! ¡Me gusta ese nombre!— Asiento ligeramente mareada viendo a Raúl reírse y comenzar a prepararme una enorme bebida de diferentes colores azules, frutos, escarcha y demás que me da en una enorme copa, apenas le doy un trago y los malditos ojos se me voltean pero definitivamente es un sabor increíble, fresco, dulce y a la vez cálido que se propaga por toda la lengua y la garganta dejándote una deliciosa sensación inTeresa. ¡¿Qué tiene esto?! ¡Está muy bueno!

—No puedo decírtelo, es mi receta secreta, si quieres otra me avisas.

—Claro…—él se va mientras yo sorbo con mi popote mi bebida cuando de repente escucho una peculiar risa que me hace elevar la vista, trago en seco en cuanto lo veo, es la fiera peliazul y si antes se veía sexy de lejos ahora compruebo que debe ser hijo de algún dios, porta una camiseta blanca de manga que le llega poco arriba de las muñecas dejando ver sus pulseras tribales, con un erótico cuello en V que muestra la piel bronceada y firma de su pecho fornido e inclusive algunos tatuajes que no alcanzo a denotar bien.

Con un pantalón del mismo tono y unas sandalias ahora se sienta justo frente a mí del otro lado del cuadro de la barra, tiene ese aire salvaje portando una perforación en uno de los lados de su labio inferior, otra en la ceja y un par más en una oreja, pero lo más importante, sus ojos están fijos en mí, Carmen le destapa y le da una cerveza mientras yo sorbo de mi sorbete, sintiendo que el líquido frío se me escapa de los labios al mirar su rostro atractivo y su cabello azul algo desordenado.

Me quedo hipnotizada contemplando como sus labios se unen a la boza de la botella de cristal tal vez estoy loco pero me parece candente, casi morboso y sensual el movimiento de sus labios al succionar el líquido, prácticamente siento la temperatura del lugar aumentar al observar la manzana de su cuello masculino moverse arriba y abajo al tragar, rápidamente desvío la mirada bruscamente al darme cuenta de que él no se pierde los detalles de mis expresiones, el maldito calor me inunda haciéndome sonrojar fulminantemente, es momento de irme, si, debo irme pero antes de hacerlo vuelvo a mirar en dirección del chico misterioso chocando con su mirada fija en mí de nuevo, hasta que en ese instante la voz de Raúl resuena por todo el lugar debido a que habla por el micrófono dando indicaciones, seguidas de la gente levantándose y elevando las manos para bailar, mierda, lo he perdido de vista, en cuanto la gente recupera su postura original veo que él ha desaparecido de la barra.

Miro a mi alrededor en su búsqueda, sintiendo una horrible angustia en vano, ya que, no está, se ha esfumado totalmente dejándome sumida en un estado que ni siquiera yo sé reconocer, aquel me estaba mirando, me miraba como si fuera un depredador que ve a  su presa antes de devorársela y destrozarla por completo, lo sé, lo siento, lo presiento, no, debe ser mi imaginación, por lo que, dejo el dinero de mi cuenta y salgo del lugar abriéndome paso como puedo entre los cuerpos mojados en sudor, sin embargo, justo cuando paso a lado de los servicios de hombres se escuchan algunos gemidos que me hacen apretar las piernas casi por impulso, ¿Qué carajos pasa? Inhalo con fuerza y salgo totalmente del lugar adentrándome a la playa, necesito estar sola y dormir, sí, eso necesito, definitivamente necesito eso, pero no puedo olvidarlo, esa mirada penetrándome hasta el alma, nunca antes igual había sentido una mirada tan feroz, me río un poco ante mi estupidez, pero el solo imaginar besar sus labios carnosos y lamer su manzana de Adán para probar el sabor de su piel me hacen vibrar.

Un gemido escapa de mis labios inconscientemente y sin provocarlo, por lo que, me cubro la boca avergonzada, es imposible desear de esa forma a alguien que solo haz visto dos veces durante apenas unos minutos, pero lo hago, lo deseo y no creo que sea de una manera sana, su imagen fiera y peligrosa se me ha grabado a fuego en el cuerpo y no puedo dejar de fantasear con él, mi mente vuela y divaga en un huracán de visiones y situaciones sugerentes sobre su cuerpo desnudo hasta que escucho un par de pasos atrás de mí, ¡Genial! Un animal está persiguiéndome.

De inmediato me asusto girando como un mero impulso incontrolable, la intriga lucha con el temor precipitando la sangre en mis venas, por lo que, en cuanto compruebo que me están siguiendo y de quién se trata nuevamente mis mejillas arden, es el chico de sexy cabello azul quién lo hace, me relamo los labios nerviosa y algo temerosa, acelerando mis pasos y comprobando que él también lo hace, me sigue como un tigre a su presa, me siento como una presa fácil porque si él me toca estoy segura que me entregaré y no es que sea fácil pero es que ese hombre con su sola mirada me provoca todo lo prohibido que pueda existir, no hay absolutamente nadie cerca y la música el bar ya no se escucha, acaso es alguien peligroso y ¿Debería correr?

Justo cuando esa idea cruza por mi mente una mano se cierra sobre mi muñeca deteniéndome en seco, no me giro, solamente siento el aire comenzar a salir en pequeñas y rápidas exhalaciones de mi boca mientras que mi corazón late tan fuerte que podría agujerarme el pecho, ambos nos quedamos quietos hasta que él comienza a acariciar la parte interna de mi muñeca con su dedo pulgar provocando que mi boca se llene de saliva, haciéndome una petición silenciosa de entregarme y si lo hago deberé de echarle la culpa al calor electrizante y prohibido de Bali.

El húmedo y provocativo ambiente nos envuelve amenazándome con derretirme hasta que un suave, apenas perceptible tirón de mi mano me hace estremecer, y sin poder más giro encontrándome con sus ojos azules como el cielo, el mar y el mismo paraíso, esos ojos felinos que me lo dicen todo, esa petición, su determinación, el anhelo, el deseo crudo, la promesa de darme un placer indescriptible y su intención de no dejarme escapar esa noche, ¿Qué podría pasar? He venido a Bali para librarme de mis inseguridades y sentirme viva, sentirme deseada y no solo como un accesorio de alguien más, he venido a divertirme.

Un brutal escalofrío me recorre conforme él me jala levemente, llevándome sin apartar sus ojos de los míos y tirando de mí como un maldito imán atrayéndome, mis nervios e impaciencia se acumulan sin saber a dónde vamos, pero casi al instante la incertidumbre me golpea ¿Quién es? ¿Cómo se llama? ¿De dónde viene?, tengo ese maldito deseo descarnado y misterioso de escuchar su voz, no sé nada hasta que él me lleva entre un par de palmeras hasta una pequeña palapa vacía en la cual me pega contra la pared de madera, arrinconándome totalmente al colocar sus manos a los costados de mi rostro y haciéndome sentir el olor de su aroma electrizante y masculina que provoca que los bellos de mi cuerpo se encrespen sin sentido aparente.

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