Capítulo 2 ¡Qué sorpresa!
¿En qué momento me dejé ir tanto?¿Cuándo fue que dejé que mi vida tomara este rumbo? No pienso más, solamente tomo un taxi que me lleve a cada de mi mejor amiga Débora. En cuanto llego a su enorme y bonito hogar me siento bastante fuera de lugar ¿Qué carajos estoy haciendo tocando el timbre de una residencia a las ocho de la mañana de un martes a mediados de primavera? La enorme puerta se abre y quién me recibe es Débora cargando a dos de sus hijos.
—¿Ana Laura ? ¡Qué sorpresa! Pasa, pasa, estás en tu casa.
Entro mirando a tres niños pequeños de diferentes edades correr aparte de los que él carga.
—¡Vengan todos, tomen sus mochilas que ya es hora de irse a la escuela!
—¡Mami, ya se nos hizo tarde! Papá se enoja cuando nos mandas tarde a la escuela.
—Si bueno, su papá está de viaje y no tiene porque enterarse ahora vamos, el chofer los espera. Ana Laura , siéntate, dame un segundo que si no los mando fuera ahora se quedan y si LeoNorma se entera se pondrá como Hulk, es un poco malgenio, pero así y todo es pura miel en la cama, no por nada me ha hecho cinco hijos ya.
Asiente sentándome en el sillón, conmoviéndome y sonriendo al ver a Débora arrodillarse frente a cada uno de sus hijos para arreglarles sus uniformes escolares y sus mochilas, asegurándose de darles un par de consejos de vida y sobrevivencia dentro de la escuela, ya saben, por el posible bulling que puedan sufrir, pero sobre todo me conmuevo cuando los llena de muchos besos y abrazos.
—Recuerden, no dejen que nadie los moleste y si lo hacen, deben demostrarles quién manda, si me mandan a llamar de la dirección diré que son niños extrovertidos, no se preocupen mis amores, tengo todo bajo control.
—¿Enserio, les dices eso, Débora?— Mi amiga se encoge de hombros riéndose junto a mí y los pequeños.
—Papá dice que no debemos pelear pero es porque papá es un blandito.— la pequeña mostró sus puños lista para defenderse.
—Su papá dice muchas cosas, unas buenas y otras… no tanto, solo no se metan en problemas muy grandes y si lo hacen asegúrense de que me llamen a mí y no a él que se enojará con todos, incluyéndome.
Todos volvemos a reírnos mientras ella hace que se despidan de mí para luego llevarlos a la puerta a donde ya los espera el chofer que los llevará, una vez que se van, Débora se queda mirando el camino hasta que por fin suspira y cierra la puerta.— ¿LeoNorma, está de viaje?
—Sí, pero regresará pronto, dentro de una semana más o menos, si es que todo sale como tiene planeado, pero cuéntame, ¿Qué hay de ti, qué pasa? ¿Ya desayunaste?
—La verdad es que no.— en realidad, no tengo mucha hambre.
—Ven, vamos a la cocina.
Voy con ella siguiéndola a la enorme cocina donde una empleada ya se encuentra limpiando la mesa llena de platitos para niños, me siento dejando que Débora me sirva algo para luego acomodarse junto a mí, sabiendo que ya se dio cuenta de mi cada de pocos amigos, no es que tenga muchos ánimos de reír o sonreír luego de haber dejado una relación estable entre comillas.
—¿Qué hay con esa cara?¿Nuevamente peleaste con Nicolás?
Permanezco en silencio jugando un poco con la fruta con mi tenedor para luego mirarlo, Débora me sostiene la mirada mientras le da un trago a su tasa de café.— Hemos terminado y no hay marcha atrás.— Apenas le digo Débora escupe su bebida, tosiendo hasta que se calma y limpia para luego mirarme impresionada.
—¿Estás loca? No te creo, debe ser una broma, vamos es momento de que te rías y me digas que es una broma, ustedes son la pareja de oro, no te creo.
—No es una broma, simplemente ya no lo amo, ya no siento nada por él, acabo de terminar una relación de años y eso es lo que menos me importa en estos momentos, no te mentiré duele, pero lo superaré, superaré el hecho de haber sido un accesorio durante años.
—Mmm…supongo que tienes un punto a favor, ¿Qué pasará con tus cosas? Si es definitivo, te corresponde la mitad de todo lo que han comprado.
—No me importa nada, quiero que se quede con todo, no es como que estemos casados o algo por el estilo.
—No se trata de orgullo, no seas idiota bien jodido, ¿Ya olvidaste cuánto invertiste en esa casa, tu estudio, tus autos, todo? Es inversión, no es basura, no seas tonta.
—No me interesa nada Débora, con tal de no volver a verlo, simplemente no puedo seguir con él.
—¿Y qué harás?
—No lo sé, ¿Puedo quedarme hoy contigo? No es como que pueda regresar a Australia e ir a casa de mis padres, mi mamá se pondría a llorar y mi padre querría golpear a Nicolás, lo cual, no me molestaría pero no quiero que el drama se expanda.— Débora me sonríe asintiendo y dándome una palmada en el hombro, las horas se pasan entre bromas de la ocurrente Débora intentando hacerme sentir mejor hasta que sus hijos regresan y comemos juntos, para luego jugar un largo rato, ayudarlos con sus tareas hasta que nuevamente la hora de la cena llega y después de eso los más pequeños se tienen que ir a dormir.
Mi estadía se extiende, los días se pasan vacíos en mi mente y en mi corazón hasta que llega el día en que regresa LeoNorma, y como mi habitación está cerca de la suya le pido a Débora que si va a hacer el amor con él no lo haga muy fuerte, Débora se ríe dándome un golpe en el brazo para luego decirme que bajará a esperar a su marido y que si necesito algo que le llame, asiento yéndome a mi habitación para tomar un baño caliente, una vez fuera colocarme una bata, tirarme a la enorme cama y ver en mi celular nuevamente varias llamadas perdidas de Nicolás.
