No te dejaré ir, esposa mía.

Download <No te dejaré ir, esposa mía.> gratis!

DOWNLOAD

Capítulo 4 Leviatán

Nella cansada de todo, llegó a la habitación metiendose entre las cobijas tratando de olvidarse del mundo y queriendo soportar el dolor de sus corazón. Unos minutos después, un sonido rompió el silencio. El suave vip de su celular le anunciaba que había llegado un mensaje de él, lo tenía con un sonido especial para saber cuándo él le escribía, el único que le había demostrado cariño todo este tiempo. Antonella lo tomó con manos temblorosas, mirando la pantalla.

Leviatán: hola, mi amada Fénix… ¿cómo está tu noche? Lamento no haber contestado antes, tenía mucho trabajo.

Sus ojos se llenaron de lágrimas de inmediato, porque esas palabras, simples pero cargadas de una calidez que nunca había tenido en su matrimonio, fueron suficientes para quebrar la poca fuerza que le quedaba, y sin pensarlo, presionó el botón de mensaje de voz, llevando el celular a sus labios mientras su voz salía rota, vulnerable, completamente expuesta.

—Leviatán… yo ya no doy más… hoy vino su amante… me restregó en la cara lo que habían hecho esa noche en ese hotel, esa misma noche que me atacaron, esa misma noche que solo necesitaba un poco de contención, esa misma noche él estaba revolcándose con ella… no quiero amarlo más, pero no sé cómo hacerlo… no soporto esto… siento que ya no soy capaz de levantarme… ¿por qué me tenía que hacer esto…? ¿por qué, si yo solo lo he amado a él…? ¿por qué tenía que humillarme así…? ¿por qué tenía que revolcarse con esa zorra que frente a él es una dulce princesa…? Ahora… ahora se fueron juntos y me dejó sola en casa, otra vez estará con ella, otra vez la elije a ella antes que a mí.

Su voz se quebró al final, y cuando soltó el botón, su respiración era irregular, como si hubiera sacado de golpe todo lo que llevaba años guardando.

No tuvo que esperar mucho, con Leviatán jamás esperaba, él siempre le respondía en segundos cuando estaba en línea. Los mensajes comenzaron a llegar, uno tras otro.

Leviatán: shh… tranquila, Fénix… tú eres mucho más valiosa que esa zorra, vi los encabezados, pero las fotos pueden haber sido tomadas con mala intención.

Antonella negó con la cabeza, apretando el celular con más fuerza, como si fuera lo único que la mantenía en pie. Era imposible que se tomaran mal estaba más que claras las fotos.

—Estoy segura de que fue ella… —susurró en otro audio—, ella quería que esto se hiciera público… le pedí el divorcio hoy y dijo que no me lo daría… tengo tanta pena, Levi… Me detesta, le causo asco, se revuelca con otra pero aun así, no quiere dejarme ir.

La respuesta llegó casi de inmediato.

Leviatán: tranquila, mi Fénix… resiste… me encantaría estar a tu lado, abrazándote y consolándote…

Antonella cerró los ojos con fuerza, dejando que esas palabras la envolvieran por un instante, aunque sabía que no debía.

—No… no es correcto…

Leviatán: eres demasiado buena… él tiene una amante abiertamente y tú aún le eres fiel…

Las lágrimas volvieron a caer.

—Porque él no me ama, para él ser infiel es normal… —susurró, con la voz rota— pero yo sí lo amo, Levi… no podría estar con alguien más, no hasta que me desintoxique de él.

Hubo un pequeño silencio antes de que llegara el siguiente mensaje.

Leviatán: mi pajarita… qué ganas de estar a tu lado… abrazándote…

Antonella apretó el celular contra su pecho, cerrando los ojos, dejándose envolver por ese calor ajeno, por esa voz que, aunque distante, le daba algo que nunca había tenido en su propio hogar.

Consuelo.

Esa noche, Vincent llegó tarde como siempre, se quitó la chaqueta mientras caminaba directo a la habitación, sin pensar demasiado… pero al abrir la puerta, se detuvo, la cama estaba intacta, vacía, la habitación se sentía fría, sin vida, sin su aroma, sin ella. Su ceño se frunció de inmediato.

—¿Nella?

Silencio, sus manos se apretaron en puños mientras recorría la habitación con la mirada. El baño estaba vacío. El vestidor también. La habitación no era la misma sin ella, una molestia desconocida le atravesó el pecho.

Salió sin perder tiempo y comenzó a recorrer la casa, una puerta tras otra, hasta que llegó a la última habitación de invitados.

Giró la manilla y entró. Lo primero que lo recibió fue su dulce aroma. Miró entre la penumbra, ahí estaba Antonella, dormida.

Abrazada a una almohada, con el celular aún en la mano. Las lágrimas secas marcaban su rostro y, de vez en cuando, un leve sollozo escapaba de sus labios, incluso dormida.

Vincent se quedó quieto unos segundos solo mirándola. Luego se acercó despacio, se sentó en el borde de la cama y con un gesto casi inconsciente, apartó un mechón de cabello de su rostro.

La observó con cuidado, se veía demasiado tranquila… demasiado lejos de él.

—Nella…

Su voz fue baja. Apenas un susurro.

Ella no despertó.

Vincent apretó la mandíbula, se puso de pie y salió de la habitación sin decir nada más, ya la había hecho llorar demaciado para seguir torturándola, no era justo, por lo menos esta noche, la dejaría dormir tranquila.

Vorig hoofdstuk
Volgend hoofdstuk