Capítulo 5 Oscuridad
Desperté en medio de la oscuridad, el aire enrarecido y húmedo llenando mis pulmones mientras mi cuerpo yacía adolorido en el suelo del hoyo. Un gemido escapó de mis labios, y con esfuerzo, me incorporé, sintiendo el barro pegajoso adherirse a mi piel y ropa empapada. Miré a mi alrededor en la penumbra, tratando de ubicarme, de comprender dónde estaba exactamente.
—¡Lottie! —llamé, buscando a mi amiga en la oscuridad. La preocupación me inundó cuando no obtuve respuesta. ¿Dónde estaba ella? ¿Estaba bien? Mi corazón latía con fuerza, el miedo palpable en el aire.
Unos débiles sonidos de movimiento resonaron desde el otro lado del hoyo. Mis ojos se ajustaron lentamente a la oscuridad, tratando de distinguir cualquier forma entre las sombras. Entonces, una figura se materializó lentamente, acercándose a mí con cautela.
—¿Eva? —la voz de Lottie llegó a mis oídos, llena de temor y confusión. Un suspiro de alivio escapó de mis labios al verla a salvo, aunque estaba evidentemente asustada y desconcertada.
—Lottie, estás bien —dije, tratando de calmarla mientras me arrastraba hacia ella. Nos abrazamos en la oscuridad, buscando consuelo mutuo en medio de la incertidumbre. Pero la sensación de peligro persistía, como una sombra acechando en la oscuridad.
—¿Qué... qué está pasando? —preguntó Lottie, su voz temblorosa con el miedo palpable.
—No lo sé. Riley... ella nos tendió una trampa —respondí, recordando la repentina traición de la mujer que parecía amable en la superficie pero ocultaba oscuras intenciones.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Lottie, su voz temblorosa con la ansiedad.
—Tenemos que encontrar una salida. Pero primero, debemos asegurarnos de que estemos a salvo aquí abajo. Quién sabe si Riley regresará —dije, tratando de ocultar mi propia incertidumbre detrás de un semblante de determinación.
Nos movimos con cuidado por el borde del hoyo, explorando nuestras limitadas opciones en la penumbra. La pared de tierra era resbaladiza y difícil de escalar, pero no teníamos otra opción más que intentarlo. Con cada intento, la tierra se deslizaba bajo nuestros pies, amenazando con hacernos caer de nuevo al fondo del hoyo.
—No podemos subir por aquí —dijo Lottie, su voz llena de frustración y desesperación. Me miró con ojos suplicantes, buscando una solución que parecía evadirnos en la oscuridad.
—Entonces, tendremos que buscar otra salida. Quizás haya algún túnel o pasadizo que nos lleve fuera de aquí —respondí, tratando de mantener la esperanza viva en medio de la adversidad.
Nos aventuramos más adentro del hoyo, explorando cada rincón en busca de una salida. La oscuridad era abrumadora, envolviéndonos en un abrazo gélido mientras avanzábamos con cautela. Cada sonido nos hacía saltar de nervios, temiendo que fuera el eco de los pasos de Riley acercándose.
Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, divisamos una tenue luz filtrándose desde una abertura en la pared del hoyo. Un atisbo de esperanza se encendió en nuestros corazones, renovando nuestras fuerzas para seguir adelante.
Nos acercamos a la abertura con cautela, nuestras manos extendidas hacia la luz como si fuera un faro en medio de la oscuridad. Con un esfuerzo final, nos arrastramos fuera del hoyo, emergiendo a la superficie con la sensación de que habíamos escapado de las garras de la muerte misma.
El aire fresco y la luz del sol nos recibieron como un bálsamo para el alma, disipando las sombras de la oscuridad que nos habían envuelto. Nos abrazamos con fuerza, agradecidas de estar vivas y juntas después de la terrible experiencia que acabábamos de enfrentar.
—Tenemos que encontrar ayuda. No podemos dejar que Riley se salga con la suya —dije, mi voz firme con determinación mientras contemplaba el horizonte en busca de alguna señal de civilización.
—Estoy contigo, Eva. No dejaré que nos haga daño a ninguna de las dos —respondió Lottie, su mirada llena de valentía y solidaridad.
————
Bajo la lluvia persistente, Eva y Lottie emergieron del hoyo con determinación en sus corazones y lodo en sus ropas empapadas. Sin perder un segundo, Eva se enfrentó a Riley, cuyos ojos brillaban con malicia en la oscuridad.
Con un grito de desafío, Eva se abalanzó sobre Riley, la furia impulsándola hacia adelante. El lodo salpicaba en todas direcciones mientras las dos mujeres luchaban ferozmente, cada una decidida a prevalecer sobre la otra.
Los golpes resonaban en el aire, el sonido de los puños chocando contra la carne mezclado con el rugido del viento y el tamborileo de la lluvia. El barro dificultaba cada movimiento, pero ninguna de las combatientes retrocedía ante el desafío.
Eva sintió la adrenalina correr por sus venas mientras se aferraba a la esperanza de la victoria. Cada golpe, cada esquivada, era un paso más hacia la redención, hacia la justicia por la traición sufrida.
Riley luchaba con ferocidad, sus movimientos astutos y calculados mientras buscaba una apertura en la defensa de Eva. Pero la joven no cedía terreno, su determinación inquebrantable alimentando su resistencia contra el ataque implacable de su enemiga.
El tiempo parecía detenerse en medio del caos, cada momento lleno de tensión y anticipación. Eva y Riley estaban envueltas en una danza mortal, cada movimiento un reflejo de su voluntad de hierro y su sed de victoria.
La lluvia seguía cayendo, un telón de fondo oscuro y tumultuoso para la batalla que se libraba en el cementerio. El lodo cubría sus cuerpos, mezclándose con el sudor y la lluvia mientras luchaban con todas sus fuerzas.
Finalmente, con un último esfuerzo, Eva logró derribar a Riley, dejándola tendida en el suelo embarrado. El alivio y la satisfacción se mezclaron en su corazón mientras miraba a su adversaria vencida, sabiendo que había prevalecido sobre la oscuridad que amenazaba con consumirla.
Con una mirada desafiante, Eva se apartó de Riley y se volvió hacia Lottie, cuya mirada estaba llena de admiración y gratitud. Juntas, se enfrentaron a la tormenta que rugía a su alrededor, cada una más fuerte por haber enfrentado la adversidad juntas.
—Me las vas a pagar —rugió Riley. De pronto todo se sintió aún más extraño. Eva y Lottie se miraron entre sí. Riley sonrió de manera malévola. —¡A ellas!
De pronto salieron dos enormes lobos de entre la oscuridad, directo hacia ellas.
Bajo la lluvia que arreciaba, los pasos apresurados de Eva y Lottie resonaban en el cementerio, mientras buscaban desesperadamente refugio de los lobos que las perseguían implacablemente.
—¡Rápido, Lottie! ¡Tenemos que encontrar algún lugar seguro! —gritó Eva, su voz apenas audible sobre el rugido del viento y los aullidos de los lobos.
—¡Estoy tratando, pero no veo nada en medio de esta oscuridad! —respondió Lottie, su tono lleno de pánico mientras buscaba desesperadamente un escondite.
El barro resbaladizo dificultaba su avance, cada paso una lucha contra las fuerzas de la naturaleza que parecían estar en su contra. Pero la determinación ardía en el corazón de Eva, impulsándola hacia adelante a pesar de las adversidades.
—¡Allí, detrás de esa lápida! —exclamó Eva, señalando hacia una lápida grande y sólida que parecía ofrecer algo de protección contra los lobos.
Sin dudarlo, las dos jóvenes corrieron hacia la lápida, el sonido de sus propios latidos resonando en sus oídos mientras buscaban refugio en medio de la tormenta.
—¡Vamos, Lottie, rápido! —instó Eva, extendiendo una mano para ayudar a su amiga a subir detrás de la lápida.
Lottie asintió con determinación y agarró la mano de Eva, sintiendo un rayo de esperanza brillar en su interior a pesar del terror que las rodeaba.
—¡Lo logramos! —dijo Lottie, su voz llena de alivio mientras se acurrucaba junto a Eva detrás de la lápida. —¿Qué vamos a hacer ahora?
Eva miró a su alrededor, evaluando rápidamente sus opciones en medio de la oscuridad y la lluvia torrencial que seguía cayendo sin cesar.
—Tenemos que idear un plan para deshacernos de esos lobos. No podemos quedarnos aquí para siempre —respondió Eva, su mente trabajando a toda velocidad para encontrar una solución al peligro que las acechaba.
Mientras tanto, los lobos continuaban rondando la lápida, sus ojos brillando en la oscuridad con una intensidad feroz mientras buscaban una oportunidad para atacar.
—¿Crees que podamos ahuyentarlos de alguna manera? —preguntó Lottie, su voz temblorosa con el miedo que amenazaba con abrumarla.
Eva frunció el ceño, su mente girando en busca de una solución que pudiera salvarlas de su situación cada vez más precaria.
—Podríamos intentar usar el fuego. Los lobos suelen temerle al fuego, ¿no? —sugirió Eva, recordando fragmentos de información que había escuchado en algún momento sobre cómo ahuyentar a los lobos salvajes.
Lottie asintió con entusiasmo, su confianza renovada por la perspectiva de tener un plan para enfrentar a los lobos que las acechaban.
—¡Sí, eso podría funcionar! ¿Pero cómo vamos a encender un fuego en medio de esta tormenta? —preguntó Lottie, su voz llena de preocupación mientras miraba a su alrededor en busca de algo que pudieran usar como fuente de fuego.
Eva miró alrededor con determinación, buscando desesperadamente algo que pudieran usar para crear una llama que pudiera ahuyentar a los lobos que las rodeaban.
—Tendremos que encontrar algo que podamos usar como combustible. ¿Qué tal si buscamos ramas secas o algo que podamos encender con un encendedor? —propuso Eva, su voz llena de urgencia mientras comenzaba a moverse hacia el borde de la lápida en busca de algo que pudieran usar para hacer fuego.
Con el corazón latiendo con fuerza en sus pechos, Eva y Lottie salieron de sus escondites para poder buscar las ramas. La lluvia seguía cayendo implacablemente, añadiendo un desafío adicional a su tarea.
—¡Aquí, Eva, estas ramas parecen lo suficientemente secas como para encenderse! —exclamó Lottie, señalando hacia un montón de ramas amontonadas bajo un árbol cercano.
Eva asintió con aprobación, su mente trabajando rápidamente para planificar su próximo movimiento.
—Perfecto, vamos a recogerlas y luego necesitaremos algo para encenderlas. ¿Tienes un encendedor o cerillas en tu bolsa? —preguntó Eva, su voz llena de determinación mientras comenzaba a recoger las ramas secas.
Lottie revolvió su mochila con manos temblorosas, buscando desesperadamente algo que pudieran usar para encender el fuego que necesitaban con urgencia.
—¡Aquí está! ¡Tengo un encendedor! —exclamó Lottie, sacando un pequeño encendedor de su mochila con alivio evidente en su voz.
Eva sonrió con satisfacción, reconociendo la importancia de este pequeño pero crucial descubrimiento.
—Perfecto, ahora vamos a encender estas ramas y ahuyentar a esos lobos de una vez por todas —dijo Eva, su tono lleno de determinación mientras se dirigían de regreso al refugio de la lápida.
Con manos temblorosas pero resueltas, Eva y Lottie comenzaron a encender las ramas secas, observando con alivio mientras las llamas comenzaban a danzar y crepitar bajo la lluvia persistente.
—¡Rápido, trae las ramas más grandes y agrupa el fuego para que sea más visible! —exclamó Eva, su voz llena de urgencia mientras trabajaban juntas para alimentar el fuego incipiente.
Lottie asintió con determinación y se apresuró a traer más ramas, su rostro iluminado por el resplandor del fuego que crecía lentamente ante ellas.
Mientras tanto, los lobos seguían rondando la lápida, sus ojos brillando en la oscuridad con una intensidad feroz mientras observaban con cautela las acciones de las dos jóvenes.
—¡Los lobos están retrocediendo! ¡Creo que el fuego los está asustando! —exclamó Lottie, su voz llena de asombro y alivio mientras observaba cómo los depredadores comenzaban a retroceder lentamente ante la amenaza del fuego.
Eva sonrió con satisfacción, su corazón lleno de gratitud por el éxito de su plan improvisado.
—¡Lo logramos, Lottie! ¡El fuego nos salvó! —dijo Eva, su voz llena de alegría y alivio mientras observaba cómo los lobos se alejaban finalmente en la oscuridad de la noche.
—¿Donde está Riley? —quiso saber Eva, buscándola.
—Creo que se fue. Eva, vamonos. No quiero estar más aquí. —dijo Lottie, se le notaba el miedo.
—Está bien. Corramos.
Ambas corrieron bajo la tormenta hacia la carretera.
—¿Deberíamos llamar a Kessler y contarle lo sucedido?
—No lo creo. —dijo Eva—Kessler es su ex novio...
—¿Crees que Kessler estuvo de acuerdo?
—Seguramente...
—No creo, el no sería capaz. Ha tratado de protegerte.
—En fin... —Eva no sabía que pensar. Al fin y al cabo no ha encontrado a Lucas.
•
Cuando Eva volvió a casa se fue directo a la ducha para quitarse el barro y un poco el miedo.
—No puedo crees que Riley sea tan malvada —dijo para sí misma—le diré a mi padre... aunque ella es experta en hacer que todo desaparezca misteriosamente.
Se terminó de quitar la ropa para así entrar a la ducha.
—Pero esto no se quedará así.
Estaba a punto de entrar cuando una mano la sostuvo de su brazos. Saltó del susto y miró al susodicho.
—Kessler.
