Capítulo 3 Ducha
Estoy muerta de miedo, el lobo seguía mordiendo las ramas y rasgando las raíces para poder entrar donde estaba. Escuché aullidos a lo lejos, eso me puso en alerta porque sabía que más lobos venían a por mi. Aferré el cuchillo a mi pecho porque era la única arma que tenía para poder salir de aquí.
—¡Lárgate, déjame en paz! —le grité al lobo. Pero el lobo me gruñía con odio, se miraba muy rabioso.
—¡Eva! —escuché la voz de papá. ¿Estoy alucinando? —¡Eva, ¿donde estas?!
Es papá. Ahora tengo miedo por el. El lobo dejó de rasgar el árbol donde me encontraba y giró su cabeza hacia atrás, sé que también escuchó la voz de mi padre y ahora irá por el. El miedo se apoderó de mi cuerpo pero también el valor. No voy a permitir que ningún lobo dañe a mi padre, primero muerta. Cuando el lobo se fue me puse en pie y salí de mi escondite sin pensar en que más lobos pudieran haber estado aquí cerca.
—¡Papá! —grité para que me escuchara.
—¡Eva, por aquí! —escuché su voz a mi izquierda. Corrí por ese camino hasta ver al lobo gris a unos kilómetros, yendo hacia mi padre.
—¡Oye, tu! —le grité al enorme lobo. El lobo se giró para verme, se saboreó su asquerosa lengua y caminó lentamente hacia mi. —Me quieres a mi —le dije, echándome como carnada. Quizás sea mi final pero no puedo permitir que nada malo le pase a mi padre ni a nadie de mi familia. El lobo dio un último gruñido para después correr hacia mi, no me quité, no corrí tampoco, solo esperé por el golpe.
Sin embargo, otro animal tomó al lobo gris del cuello y lo lanzó lejos. Un enorme lobo negro estaba frente a mi, mi corazón se aceleró más de prisa porque es el lobo que siempre veo por mi ventana. El lobo negro me dio una mirada rápida para después pelearse con ese lobo gris, que definitivamente era más pequeño que el. Me quedé en shock por lo que estaba viendo.
—¡Eva! —papá apareció en el campo de batalla, iba con Lucas, ellos llevaban un arma en sus manos. Miraron a los lobos pelearse y mi padre se preparó para disparar.
—¡No! —grité y corrí hacia mi padre para que no disparara. No sé por qué, no entiendo a qué se debe que mi instinto haya sido proteger a ese lobo negro.
—¿Eva, qué haces? —cuestionó mi padre—Los tenemos, no los dejemos escapar.
El lobo gris salió corriendo completamente herido, el lobo negro había ganado. Este nos miró un poco cansado, tenía su hocico lleno de sangre.
—El me salvó —le hice saber a mi padre sin quitar la mirada de ese lobo que poco a poco se fue alejando de nosotros hasta perderlo de vista. Solo así pude respirar profundo.
—¿Eva, qué pasó? —me preguntó papá.
—¿Como me encontraron? —les pregunté. Lucas también estaba como en una especie de shock por lo que había visto.
—Encontramos sangre en la sala de la casa —respondió Lucas—Supimos que algo no iba bien y decidimos seguir el rastro.
—Gracias, no se que hubiera pasado si no llegan —abracé a papá—Tuve miedo de que te hicieran daño.
—Yo también tuve miedo de que esas bestias te hubieran hecho algo —papá me correspondió el abrazo—¿Estas bien? Tienes sangre en tu ropa.
—Esta sangre no es mía, papá, es del lobo —le enseñé el cuchillo—Tenía que defenderme.
—Esa es mi niña —me felicitó—Siempre defiéndete de quien sea, ¿está bien? Es válido, cariño.
—Vámonos de aqui, no estamos seguros —nos dijo Lucas.
Empezamos a caminar hacia casa con demasiada cautela. De mi mente no se iba la imagen del lobo negro defendiéndome, lo cual me parece demasiado extraño y surreal. No puede ser eso posible, ¿o si? Cuando llegamos a casa tuve ganas de estar con Kessler porque con el me siento segura pero las luces de su casa estaban apagadas así que supuse que no estaba.
—Limpiaré esto. —dice Lucas. La sala tenía un charco de sangre.
—No, deja eso. Es evidencia, llamaré al equipo —dijo papá, sacando su celular y llamando a sus amigos policiales. Supongo que quieren investigar más sobre esa sangre y las huellas de los lobos. Sé que papá llegará al fondo de todo esto, el no es de los hombres que se quedan de brazos cruzados, siempre quiere llegar a la verdad y eso admiro de él.
—Dime qué pasó realmente, Eva, ¿por qué un lobo estaría en nuestra casa? —me preguntó Lucas a lo bajo.
—No sé... —quise decirle más, quise decirle que Riley fue la que trajo a ese lobo pero sé que la metería en problema y no quiero parecer una chismosa. No soy así. Pero ella tiene mucho que ver en esto, lo investigaré por mi cuenta—... fue extraño y me dio mucho miedo.
—Eva, sabes que puedes contarme lo que sea. Sé que sabes algo más, cuéntamelo por favor.
Miré a Lucas porque no sabía si podía confiar en el, se miraba muy seguro de lo que me pedía.
—Yo... Riley fue quien trajo a ese lobo a casa —respondí—Ella le dio la orden de atracarme, como si el lobo fuera a hacerle caso —confesé—Le corté el pecho al lobo con el cuchillo porque estuvo a punto de matarme, Lucas, lo que más me sorprendió es que Riley llamó a ese lobo con un nombre. —recordé.
—¿Qué nombre?
—Lewis. —recordé. —Así se llamó. Esta gente es muy rara, Lucas, y ellos son los responsables de los lobos, seguro los entrenan o algo así.
—No creo que los entrenen, Eva, aquí hay algo más. No le diremos a papá, ¿está bien?
Asentí.
—Mientras tanto... conozco a un chico en mi clase con ese mismo nombre: Lewis Jonson.
—¿Y eso que?
—Olvídalo, yo me entiendo solo. —se puso de pie y se fue a la cocina, yo no entendí nada. Dejé el cuchillo en el suelo y subí a lavarme las manos y darme un baño. Huelo a sangre de animal.
Estoy en la ducha, quitándome el olor a sangre qué hay en mi cuerpo, hasta dentro de las uñas tengo sangre. Todo esto me da asco, me siento sucia. De mi mente no pasa lo que habían pasado recientemente. Es la primera vez que me enfrento a algo como esto: Riley, el lobo, ese nombre y por último el lobo negro que me salvó. Siento qué hay algo extraño en todo esto. Pero Riley es la mas implicada en esto, si le hubiera dicho a papá que ella estuvo detrás de todo esto estoy segura de que hubiera ido a buscarla en su patrulla y la hubiera metido presa. Pero eso no es lo que quiero para Riley por ahora, ella tiene algo extraño y misterioso. No solo ella, muchos chicos de aquí. Incluyendo a Kessler.
Cuando terminé de asearme y cuando por fin estoy limpia salgo en toalla de la ducha. En cuanto pongo un pie en la habitación una silueta en la ventana me hace saltar del susto.
—Tranquila, soy yo —Kessler aparece en la oscuridad de mi habitación.
—Kessler, me vas a matar del susto —le reclamé, dándole una palmada en su hombro.
—Me entenderé de lo qué pasó —me dijo, dándome un abrazo—Lo siento por no estar allí y protegerte. ¿Estas bien? ¿Te hicieron algo?
—Estoy bien —me separé de él—¿Donde estabas?
—Tuve que ir a la alcaldía, mamá me necesitaba.
Asentí, no creyéndole mucho. Kessler ni siquiera me dice la verdad, en el fondo siento que miente y eso ya no me da confianza. Lo miré a los ojos para ver su reacción. Kessler estaba como si nada, se veía preocupado nada más.
—¿No me crees?
—Te creo, si dices que es así entonces es así —le pase a un lado caminando hacia mi ropero, necesito buscar una pijama. Kessler se acercó detrás de mi, poniendo su miembro en mis glúteos.
—Si te pasa algo me muero. —me dice, abrazándome por detrás.
—Si tu lo dices... —murmure.
—Es la verdad —me giró para verlo—Actúas como si no confiaras en mi, Eva, no me gusta que pienses eso. —demandó serio—Hago de todo para protegerte, no tienes idea de cuánto. Solo te pido que confíes en mi.
—Es que a veces siento que no te conozco y que no eres sincero conmigo. —admití, no me gustaba andar con rodeos.
—Por favor, confía en mi, Eva. En algún momento hablaremos y nos diremos nuestros secretos. —me besó en la frente y me abrazó, sentí su abrazo sincero. Bajé la guardia y mis muros y también lo abracé. Estoy apegándome a este chico y no sé si eso sea bueno.
—Solo quiero que seas sincero conmigo —pedí—Estoy segura de que si me dices tus secretos podré entenderte. Tienes que saber que no tolero que me engañen, no cuando yo estoy siendo muy sincera contigo. Me estoy entregando en cuerpo y alma a ti.
—Lo se —nos separamos para vernos—Y eso me encanta. Créeme que mi corazón ya te pertenece solo a ti —sonrió de lado. Mis ojos brillaron al verlo, es tan guapo, tan atractivo y es mío. Lo besé, fue un beso tímido y bonito. Kessler me correspondió el beso, pero fue más sensual, más lleno de pasión. Me acarició los muslos, me acercó a la cama y me hizo acostarme allí. —¿Cerraste la puerta? —me pregunta.
—Si —respondí en un susurro.
—Perfecto —Kessler se quitó toda su ropa, me quité la toalla. Kessler me besó el cuello, bajó a mi vientre y se detuvo en mi entrepierna. Lamió mi intimidad, metió la lengua, la besó. Me sentía en el cielo.
Kessler y yo hicimos el amor de nuevo.
•
A la mañana siguiente desperté sintiendo una mano alrededor de mi cintura, sonreí porque esta vez Kessler amaneció a mi lado y no se había ido con en los otros días. Me acerqué mas a él para observarlo atento. Kessler sintió mi mirada porque fue abriendo sus ojos lentamente.
—Buenos días —dijo—¿Cómo dormiste, amor?
—Bien. —sonreí, abrazándolo.
—¿Tuviste pesadillas?
Negué.
—Si hubiera dormido sola creo que hubiera soñado con esos lobos —recordé, en ese momento me senté en la cama—Olvidé contarte lo qué pasó.
—¿De que hablas?
—Había un lobo negro, es enorme e intimidante. Ese lobo me salvó —lo miré para ver su reacción. Kessler no pareció sorprendido, sin embargo, trató de aparentarlo.
—¿Te salvó? ¿Cómo es eso posible? —me preguntó con su ceño fruncido.
—La verdad es que tuve mucho miedo de que el lobo gris dañara a papá y por eso me interpuse entre ellos. Ese lobo, Kessler, ese lobo venía por mi. Ella les ordenó que lo hicieran. Riley. El lobo solo me buscaba a mi y dañarme. Luego cuando pensé que todo estaba perdido, apareció este lobo y se peleó con el, fue algo increíble. El lobo no nos hizo nada.
—Bueno, ahora sabes que no todos los lobos son malos.
—Ese lobo me daba miedo en particular, siempre lo veía por aquí cerca. Es que se mira tan grande y tan fuerte que cualquiera se muere de miedo con solo verlo —admití. Luego mi semblante cambió a uno serio y él lo notó.
—¿Qué pasa?
—Es que anoche estuve a punto de matar a uno. En realidad pude dañarlo. Lo siento, Kessler, pero cuando se trata de proteger a mi familia soy capaz de todo —confesé. Kessler solo se quedó pensativo unos momentos—¿Irás conmigo al cementerio? —quise saber, ya que hoy enterrarían los cuerpos de los oficiales caídos. Sentí lastimas y tristeza por papá, debe estar devastado.
—Iremos —me besó en los labios—Si no estuviera ni tu padre ni tu hermano te haría el desayuno —me pincha la nariz.
—Hmm no me hagas esto —hice un pequeño puchero—Pero puedes invitarme a desayunar en tu casa.
Kessler achicó los ojos como tratando de asegurarse de que lo que yo decía era en serio.
—¿Quieres ir?
Asentí.
—No perdamos más tiempo entonces —me tomó de la mano y me hizo salir de la cama. Nos dirigimos a la ventana. —Este árbol da hacia mi ventana así que lo único que tenemos que hacer es pasarnos por aquí.
—Se ve fácil —me encogí de hombros, tomando la iniciativa en ser la primera en cruzar.
