Mi vecino es un lobo

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Capítulo 2 Sorpresa

—¿Quieres venir conmigo? —me preguntó Kessler, tomándome por sorpresa. —A mi casa. 

Me sorprendió que me haya preguntado eso porque solo una vez he entrado a su casa y fue cuando hizo su fiesta donde mi padre la terminó. 

—¿Ah si? Pues me gustaría. —respondí un poco nerviosa. He conocido a la madre de Kessler pero ¿y el padre? ¿Se enojará si le pregunto? 

—Ven —me tomó de la mano y ambos caminamos hacia su casa. No conozco ni a sus amigos, no veo a Kessler mas que con dos chicos con los que a veces camina pero nada más. A parte de Riley, claro está. Entramos a su casa, tenía paredes blancas, juego de sofás, un televisor grande. Había una puerta que daba a la cocina, las escaleras para el segundo piso. Estaba muy bonita y ordenada. 

—¿Vives solo? —quise saber admirando las fotos colgadas en la pared. 

—Si. 

—Pero ¿siempre ha sido así? Supongo que vivías con tus padres antes. 

Silencio. 

—Con mi madre... pero desde que se volvió alcaldesa preferí vivir por mi cuenta —admitió, recostado a la pared y mirando hacia el piso. Estaba como pensativo, pensé que quizás no la pasó muy bien con su madre y su puesto. 

—Entiendo. —me acerqué a él—¿Que hay de tu padre? —me atreví a preguntarle esperando que no se pusiera enojado. 

—Mi padre... el vive lejos, en el bosque. 

Fruncí el ceño. 

—¿En el bosque? 

—Así es, Eva, es una larga historia que quizás un día te cuente. Cuando estes preparada. —ahora si me miró. 

—¿Preparada para que? 

—Eva, hay muchas cosas que no sabes de mi —susurró—Y quizás cuando las sepas no querrás estar conmigo. 

Dudé un poco. 

—No entiendo. ¿Tan malo es? —me puse nerviosa. No quiero pensar que Kessler tiene algún pasado oscuro del cual no esté orgulloso o del cual sea muy malo para mi. Me puso en dudas, si, porque yo me estoy enamorando poco a poco de él y me aterra que me rompa el corazón. 

—No sé cómo lo vayas a tomar —dice. 

—Kessler, es mejor que me digas las cosas de una buena vez y mejor ahora que estamos a tiempo, no quiero sorpresas cuando ya no me pueda separar de ti —pedí con el corazón latiéndome más de prisa. 

—Eva... es... son cosas muy complejas. 

Iba a decir algo pero un aullido me hizo callar. Se escuchó muy cerca. 

—Están aquí —susurré más para mi misma. Cada vez que escucho un aullido se me pone la piel de gallina, me aterra pensar que esos lobos estén allá afuera. Justo ahora quiero estar en mi casa... pero estoy con Kessler y me siento segura. Me acordé de papá y de sus amigos, esos lobos los asesinaron. 

—¿Quienes? 

—Los lobos. ¿Acaso no escuchaste su aullido? —miré a Kessler. No creo que sea sordo. 

—Ya te dije que son lobos comunes. 

Me reí. 

—Comunes. Los he visto varias veces y déjame decir que no tienen nada de común. Son grandes, fuertes y saben actuar. Son inteligentes. Kessler, siento que... los odio, desearía que los cazaran a todos —dicho eso Kessler me tomó de los brazos y me estampó contra la pared tomándome totalmente por sorpresa. 

—No vuelvas a decir una estupidez como esa, Evangeline —espetó. Sus ojos estaban negros, más de lo normal, lo cual me sorprendió mucho y me dio miedo. Además de que me estaba agarrando muy fuerte. Me dolía. 

—Suéltame —me quise zafar—Eres un salvaje, Kessler Walton, igual o más que esos lobos de allá afuera. 

Me soltó. 

—Eva... perdóname. Yo solo me exalte un poco —ahora sus ojos habían tomado su color natural y se veía que el enojo le había bajado. Es más, como si no supo lo que acababa de hacer. 

—Olvídalo, Kessler, me voy a casa —di media vuelta y apenas di dos pasos adelante pero Kessler me tomó de los brazos, deteniéndome. Esta vez el toque fue suave. 

—No te vayas por favor —pidió—Solo quise enseñarte mi casa y una parte de mi. —admitió. Lo miré, se veía arrepentido, a veces Kessler me confunde tanto, sus cambios de humor. A veces siento que no lo conozco para nada y eso me da miedo porque estoy con una persona totalmente desconocida para mi. Duele saber eso. 

Asentí. 

—Está bien. 

—Discúlpame por favor —se acercó y acarició mi mejilla—Ven, te mostraré mi habitación —sonrió, ambos subimos las escaleras. En la pared habían símbolos que no lograba reconocer, había uno que me llamó la atención, era como un nudo o un ocho, no lo sé. Avanzamos por el pasillo hasta llegar a su habitación: las paredes eran azules marinas, una cama grande, un televisor grande, muebles, libros, ropa. Todo lo normal. Tenía algunos cuadros con paisajes, más que todo bosques, cascadas y lagos. Me pareció el tipo de habitación para alguien tan extraño como Kessler Walton, lo que más me gustó es que olía a Kessler. 

—Está bonita. 

La ventana daba a mi habitación. 

—Es tu estilo —añadí. 

Kessler rió a lo bajo. 

—Es solo una habitación—me toma de la cintura—Pronto puede que sea tuya —susurra, besándome el cuello—Si algún día decides vivir conmigo.

Me separé y lo miré. 

—¿Que dices? Apenas cumpliré años. 

—¿Y? Eres mía y yo soy tuyo, eso no cambia, Eva, en algún momento tenía que pasar. 

—Kessler, ¿te das cuenta de lo que me pides? Soy una adolescente y no te conozco tanto. Me acabas de decir que tienes secretos que quizás no me gusten... no le veo el caso a vivir contigo entonces. 

—Eva. No me hagas arrepentirme de haberte dicho eso. Eres mía y eso no está en discusión, así no lo quieras, siempre volverás a mi. 

—Hablas como si no pudiera vivir sin ti —fruncí el ceño. Demasiado arrogante diría yo. 

—Pues no puedes, ya no —me besó, fue un beso sensual, metió su lengua, mordió mi labio inferior y acarició mis nalgas. —Así como yo ya no puedo vivir sin ti. —Kessler me acostó en la cama y metió su mano bajo mi ropa interior.

Estábamos acostados en su cama después de haber hecho el amor de una forma de especial y romántica. Es increíble lo que yo llego a pasar con este chico... jamás pensé que el venir aquí significaría tanto. Lo miré a mi lado, tenía sus ojos cerrados, su respiración lenta, estaba dormido. Es muy guapo para mi, es sexy, sensual, sabe jugárselas. Sin embargo, ya era hora de ir a casa, era muy tarde y si papá ya llegó tendré problemas. Me puse de pie lentamente teniendo cuidado de no despertarlo y me empecé a poner la ropa. 

—Te vas —afirmó.  

—Si, es tarde —termine de ponerme la camisa y lo miré. Kessler se sentó en el borde de la cama y me acercó a él. Me senté en sus piernas. 

—Gracias por esto —susurra— estar contigo me hace sentir muy bien, Eva. 

Sonreí. 

—Lo mismo digo. —nos dimos un último beso en los labios: suave. 

—Vamos, te acompaño. —ambos nos pusimos de pie y nos salimos de la habitación. Kessler tenía suerte de vivir solo, así no tendría que darle explicaciones a nadie de a dónde va o con quien sale. Pero también es algo triste. Cuando salimos afuera el aire frío acogió mi cuerpo. Me abracé a mi misma. La luna estaba encima de nosotros, lo que significaba que era media noche. 

—¿Crees que los lobos anden por ahí? —quise saber, estar acá afuera a estas horas no me parecía muy buena idea. 

—No, Eva, acá no hay nada. 

Respiré aliviada cuando no miré el auto de papá en la entrada, estaba a salvo. 

—Nos veremos mañana —me despedí de Kessler. 

—Claro. 

Avancé hasta mi casa mientras él se quedó allí, de pie, mirándome mientras me iba. Entré a casa silenciosamente  y cuando me fijé por la ventana Kessler ya no estaba. Sonreí para mi misma y giré sobre mis talones, pero me detuve en seco al ver una silueta al final de las escaleras. 

—¿Lucas? —tanteé—Pensé que vendrías con papá. 

Pero no me contestó. La casa estaba a oscuras, sentí miedo en ese momento y peor aún cuando el encendedor de la luz estaba lejos de mi. Me siento como en una película de terror. 

—¿Lucas? —pregunté por última vez. 

Al no recibir respuesta me giré y corrí hacia la puerta pero una mano me tomó del cabello, grité, me cubrió la boca y me lanzó al piso. 

—NI se te ocurra gritar, estupida —murmuró esa voz... esa voz que conozco muy bien. 

—¿Riley? —solo puedo ver su silueta. 

—La misma. 

—¿Que demonios haces aquí? —me puse de pie para encararla. 

—Estoy aquí para dejarte en claro ciertas cositas, Eva Bailey. —me tomó de las manos de forma brusca. Su agarre es fuerte. —Te vas a alejar de Kessler Walton, Eva, y no lo volverás a buscar jamás. 

—No seas ridícula, ¿por qué haría algo como eso? ¿Por hacerte caso a ti? Estás mal, ahora lárgate de mi casa —avancé hacia la puerta pero Riley no me dejó: me tomó del cuello y me amenazó con un cuchillo. 

—No sabes con quien te estás metiendo, Eva, no quiero hacer este asunto más visible y muchos menos importante porque no lo es. Kessler está confundido y creyó que encontró a su alma gemela pero eso es una mentira. Eres igual que tu padre, Eva, luchas por la justicia, por la seguridad de la gente. ¿Que pasarías si supieras que Kessler no es el chico bueno que creías conocer? 

—¿De que estás hablando? —me quise zafar pero la verdad ese cuchillo cerca de mi cuello me impedía moverme. No entiendo por qué Riley me dice todas esas cosas, ella sabía más de Kessler que lo que dice. 

—Te lo mostraré a ver si así decides largarte de una buena vez —caminó y me llevó a mi arrastras. Abrió la puerta trasera que daba al bosque y sentí mucho más miedo en ese momento. 

—¿Que haces? ¡Suéltame! —elevé mi voz. Me quedé quieta cuando de la oscuridad apareció un enorme lobo gris, saboreandose su lengua dispuesto a cazarme. Grité pero Riley me cubrió la boca. 

—Shhhh cállate, estupida. Aquí mi mascota solo quiere enseñarte que nada ni nadie puede contra ellos. Ni siquiera tu padre con ese grupo de policías mediocres. No sabes como gritaron sus amigos... 

Dejé de respirar por unos segundos. ¿Acaso ella estaba allí? La rabia empezó a subir por mi cuerpo. De pronto ya no tenía miedo. De pronto ese lobo frente a mi no me parecía ni tan grande ni tan intimidante. 

—Llamen al sheriff gritó uno. Fue lo último que dijo. 

Le di un codazo en el estómago a Riley haciendo que me soltar. Tomé el cuchillo en cuanto vi que el lobo se acercaba a mi. 

—Ven acá, bestia —el lobo se tiró encima de mi pero yo puse el cuchillo Justo en el lugar necesario para que el lobo se lo ensartara. Escuché un maullido de dolor del lobo, se alejó de mi. 

—¡No! —gritó Riley— ¿¡Que hiciste?! —corrió hacia el lobo que se alejaba quejándose a la oscuridad. Me quedé allí con el cuchillo lleno de sangre en mis manos. Pero eso no era todo, no me quedaría allí de brazos cruzados. Los seguí porque acabaría con ese lobo de una vez por todas. 

—Aguanta, Lewis, aguanta —le dijo al lobo. Se nota mucho que son sus mascotas que hasta nombres les ponen. —Mataré a esa perra. —se pronto ya no escuché más voces, solo un sonido del crujir de las hojas y un enorme lobo gris apareció de entre las sombras. Este no es el mismo. Grité y me caí de espaldas pero aferré a mi el cuchillo. El lobo vino hacia mi y me quiso morder pero no lo dejé,  agarré el cuchillo y corté su pata delantera. Me metí en una especie de cueva que había en un enorme árbol. Acá no podía entrar. El lobo rasgó las raíces queriendo entrar y hacerme daño. 

Ahora sí que estoy muerta del miedo y no sé como saldré de aquí.

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