Mi Rivalidad Con El CEO

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Capítulo 6 Su Presa

Victoria.-

Había elegido el vestido rojo por una razón, era mi armadura de guerra.

Sabía que Izan y Chloe estarían aquí y no pensaba esconderme como una rata asustada.

Los inversores de la junta médica de Asia ya se habían acercado a mí, impresionados por el resumen ejecutivo de mi implante.

Había esperanza. Podía salvar a Vic Neurotech sin tener que vender mi alma al diablo.

Un diablo llamado Henry Jones, un banquero un viejo repulsivo y descarado acostumbrado a asfixiar a pequeños empresarios como yo, pero su propuesta hacia a mí no solo está condicionada a lo financiero viene añadida una propuesta matrimonial insistente.

—  Doctora Beaumont –la voz de Izan arrastrándose por mi piel como caricia helada –una elección de vestuario muy… llamativa para una noche tan crucial, dicen que el rojo es el color de los que están dispuestos a sangrar en la arena.

Su presencia era sofocante, el esmoquin negro le quedaba de una manera criminal, acentuando su porte de empresario despiadado.

—  O el de los que están listos para ver sangrar a los demás, señor Valenti –repliqué sosteniendo la copa de vino con dedos rígidos, negándome a mostrar una sola pizca de debilidad frente a él.

—  Amiga estás muy a la defensiva –comenta Chloe, soltando una risa forzada tratando de alivianar el momento –Izan suele ser así con todos, de hecho hablábamos de lo difícil que debe ser estar aquí, tu laboratorio es muy pequeño para competir con los grandes, si necesitas ayuda financiera sabes que mi padre podría…

—  Chloe, te quiero pero no necesito la caridad de tu familia y lo sabes –la interrumpí, quizás con demasiada brusquedad haciéndola que se sintiera un poco ofendida –Exodum se defiende solo, si los inversores saben reconocer el valor real, no necesitaran que nadie les diga que comprar.

Izan soltó una risa baja, un sonido sutil que me hizo vibrar el bajo vientre con una memoria erótica instantánea.

—  Regresaré en un momento, iré a saludar a unos amigos –Chloe se alejó de nosotros, en ese momento Izan aprovechó para inclinarse hacia adelante robándome el espacio.

—  El valor real es una ilusión, Victoria –susurró, usando mi nombre por primera vez desde que nos reencontramos, su tono estaba cargado de una intimidad que gritaba peligro –lo único real es el control y tú estás a punto de perder el tuyo ¿Por qué no me invitas una copa en un lugar más…privado y discutimos las condiciones de tu rendición?

Un torrente de sangre caliente me subió a las mejillas, la audacia de este hombre no tenía límites. Me estaba provocando con su prometida a escasos centímetros de distancia.

—  Prefiero pudrirme en el infierno antes que hacer negocios contigo, Izan Valenti –siseé entre dientes, manteniendo una sonrisa falsa para los fotógrafos que pasaban cerca.

—  El infierno es un lugar muy caluroso, muñeca –respondió con una sonrisa arrogante–, y tú ya has demostrado que te encanta quemarte.

Antes de que pudiera alejarme de él, estiró la mano hacia la solapa de mi vestido, justo en el lado donde el satén se cruzaba sobre mi pecho, su movimiento fue tan rápido y firme que no pude esquivarlo.

Pensé que iba a tocarme de manera inapropiada, pero lo que hizo fue mucho peor. Con dedos expertos, colocó un pequeño objeto metálico en la tela de mi vestido justo encima de mi clavícula.

Bajé la vista, horrorizada, era un broche de plata en forma de ala. La joya que pertenecía a los miembros del L'éclipse.

—  Sabía que eras tú –susurró alejándose unos pocos centímetros–. Un pequeño detalle para desearle suerte en su presentación de mañana, doctora –dijo en voz alta recuperando su tono formal en el momento en el que Chloe regresó a nosotros.

Chloe miró el broche, confundida.

—  ¿Un ala de plata? Que detalle tan extraño, amor.

—  Lo encontré en una… tienda exclusiva anoche –respondió sin apartar sus ojos de los míos, disfrutando del pánico que vio reflejado en mis pupilas.

Sabía que me había descubierto al ver la marca en mi muñeca en la mañana, pero estaba dispuesta a negarlo hasta el final.

El corazón me latía con tanta fuerza que temí desmayarme, ese pequeño broche pesaba como una tonelada en mi pecho.

El gesto era una declaración de propiedad abierta, un recordatorio de que él me tenía en sus manos.

—  Disculpen –logré decir en un susurro ahogado –tengo que… revisar unos datos antes de mañana, fue un gusto verte Chloe.

Me giré y caminé rápidamente hacia la salida del salón, sintiendo la mirada ardiente de Izan clavada en mi espalda como un cuchillo. Me arranqué el broche del vestido, no podía arriesgarme a que alguien en este círculo lo reconociera precisamente las personas que asisten a este evento son del tipo que asistirían a ese club.

Al llegar al ascensor miré la pequeña ala sobre la palma de mi mano, Izan me había marcado como su presa antes de que la verdadera cacería comenzara.

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