Mi Rivalidad Con El CEO

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Capítulo 1 L'éclipse

Victoria.-

Crucé el salón principal del club ignorando las miradas que se deslizaban por mi vestido de seda negra, cuyo escote en la espalda caía peligrosamente hasta la base de mi columna y el cuero de la máscara se ajustaba a los contornos de mi rostro con firmeza.

Detrás del encaje negro y las correas que abrochaban en la nuca, Victoria Beaumont dejaba de ser la científica brillante que intentaba revolucionar la medicina moderna.

Dejaba de ser una mujer que cargaba con las cicatrices de un corazón destrozado hace ocho años atrás.

Y me convertía en Valkirya.

— Buenas noches, Valkirya –me saluda uno de los que atiende en el bar, me extiende mi Dry Martini, mi bebida favorita (Solo en este lugar).

L'éclipse no es un club nocturno cualquiera, es un secreto a voces entre una élite de la ciudad de Montreal. Un espacio de placer ciego donde el estatus se borra bajo una única regla… El Anonimato Absoluto.

Nadie usa nombres reales, nadie revela su rostro.

Las interacciones se basan en la energía, el instinto y las líneas invisibles del consentimiento y la sumisión.

— Es un placer verte de nuevo, Rafael –le sonrío y le guiño el ojo a través de mi máscara, el chico no puede evitar sonrojarse, hasta darme una mirada coqueta.

Me alejé del bar con el trago en mi mano, me senté en uno de los divanes de la zona de penumbra apartada del movimiento constante, crucé las piernas permitiendo que la abertura del vestido revelara la línea de mi muslo.

Esta noche necesitaba que alguien tomara el control por mí, aunque fuera solo por unas horas.

Esperé una señal, alguien que entendiera el lenguaje corporal que estaba proyectando.

Y entonces… el aire a mi alrededor cambió. 

Una presión magnética me obligó a levantar la vista, un hombre se había detenido a pocos pasos de mí, era imponente, alto, de hombros anchos, llevaba una máscara de cuero rígido que dejaba al descubierto una mandíbula afilada, sombreada por una barba de un par de días y unos labios… ¡Que labios! muy firmes los cuales se curvaban en un perfil de superioridad fría.

Sus ojos ocultos se clavaron en mí con una inspección lenta, casi clínica que me erizó la piel desde el cuello hasta los pies. Él no me miraba como los demás hombres sino como si ya hubiera decidido que yo le pertenecía.

Caminó hacia mí con elegancia depredadora deteniéndose justo frente a mi diván sin decir una sola palabra, pero la dominación que emanaba de su postura, me asfixiaba.

— Estás buscando a alguien que te someta –su voz es un susurro áspero y profundo que vibró directamente en mi pecho con un acento gélido y sofisticado dejando claro que estaba acostumbrado a dar órdenes que nadie se atrevía a cuestionar –Alguien que limpie tu mente de todo lo que te agobia, puedo verlo en la tensión de tus hombros y en la forma en que respiras.

Tragué saliva, negándome a apartar la mirada. La máscara me da el valor que Victoria, la talentosa doctora, nunca… jamás tendría en el mundo exterior.

— ¿Y crees que tú eres ese alguien? –lo desafié forzando un tono firme, aunque mi respiración ya empezaba a agitarse.

Él soltó una risa baja, que me humedeció la piel. Se enderezó, pero antes de que pudiera procesarlo estiró la mano tomando mi mentón entre sus dedos, obligándome a inclinar la cabeza hacia atrás.

— No lo creo, lo sé –respondió con una arrogancia que debería haberme molestado, sin embargo en este entorno solo me encendió por completo –Tienes mucha fuerza en la mirada, una resistencia que te mueres por romper, déjame hacerlo, déjame gobernarte esta noche.

Mis dedos se clavaron en la tela del diván y mi cuerpo reaccionó a su toque con una intensidad que me asustó, porque había algo en su control, en la forma en que me reclamaba que me resultaba peligrosamente adictivo.

— Soy Valkirya ¿Cuáles son tus términos? –susurré aceptando, implícitamente el juego.

— Zion, mis términos… tus ojos en mí, tu cuerpo respondiendo a cada una de mis órdenes, sin preguntas –su pulgar se deslizó por mi labio inferior, presionándolo ligeramente hacia abajo–. Si me dejas llevarte a una de las habitaciones, no habrá espacio para tus dudas, serás mía hasta que decida que has tenido suficiente.

Una parte oculta de mi ser, aquella que había sido pisoteada por un amor traicionero, gritaba que me alejara de los hombres con este tipo de poder, pero buscaba la sumisión que precisamente un monstruo como este supiera dominar.

Nota de Autor: Si te gustó el primer capítulo de esta historia dejame un comentario con tu opinión es muy importante para mí.

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