Melolagnia

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Capítulo 4 Capítulo 4

La llevó a Fantesha donde la vendio con aquel hombre que le destruyó la vida en todos los aspectos. Su padre le debía mucho dinero, y ella fue una moneda de cambio al portador.

Helena comenzó a sollozar en el piso, su padre le dedicó su última mirada de desprecio antes de irse para jamás volverlo a ver. Bruno la tomó entre sus brazos y la arrastró hasta su habitación, lo único que le pasaba por la mente en ese momento era el abandono del que se decía ser su padre. Pero al alzar su mirada su cuerpo se tensó de puro terror al ver a Bruno desvistiéndose frente a ella.

Su primer instinto fue alejarse, chocando con la pared, no tenía escapatoria. Negó una y otra vez para que no la lastimara, pero ni sus gritos ni su llanto lo hicieron detenerse.

Despertó de golpe y sollozando, era otra pesadilla, en realidad la única, la que la perseguía desde hace 4 años. Tocó su frente sudorosa tratando de tranquilizarse. Se paró de la cama y fue directo al baño, donde miró su rostro por el espejo que se encontraba sobre el lava manos.

Ya no era más lo que era en aquel entonces, su vida estaba destruida, no tenía esperanzas o aspiraciones en la vida, se habían muerto junto con ella esa noche, la noche en la que Bruno decidió quitarle lo único noble en ella, ahora no valía nada, era un títere el cual manipulaba a su antojo y hacía que otros lo hicieran también.

Se humedeció su rostro con agua fría y entró a la ducha esperando que el agua la distrajera un poco, porque de una cosa estaba segura... jamás iba a poder olvidar.

Se vistió con ropa más a su gusto y salió de su habitación encontrándose a solas, Leyna había dejado algo de comida en la nevera, después de comerla salió del departamento y lo único que medianamente le había podido sacar una sonrisa, fue encontrarse con su vecino del 5A.

Addam jugaba con los hijos de la vecina del 6c, ensoñada lo observó por un instante, su risa podría parecer escandalosa para cualquiera, pero no para Helena, su energía le trasmitía tanta confianza además de que era muy lindo y sus ojos se iluminaban cada vez que lo veía.

Con nerviosismo caminó hacia él y sonrió cuando Addam notó su presencia, este dejó de hacer lo que hacía para poner total atención a la chica rubia frente a él. Igualmente sonrió y se miraron sin decir nada por unos segundos eternos. Ambos estaban nerviosos, se notó cuando soltaron una risita incómoda.

—Hola Helena —saludó Addam

—Hola... —regresó el saludo sin dejar de sonreír. Addam había escuchado mucho de ella, todos la conocían en el edificio y no pudo creer cuando le dijeron que la hermosa y angelical chica rubia era prepago.

Pensaba "mírenla" ella no podía trabajar en algo tan horrible, ese hermoso Ángel no podía estar vendiendo su cuerpo, se negaba a creerlo porque lo que sentía por ella lo cegaba totalmente.

—Ayer me tuve que ir demasiado rápido y ya no pudimos platicar —dijo Helena mordiendo su labio.

—Puedo invitarte un café, si es que te gusta platicar... —dijo rápidamente. Helena sonrió y asintió encantada hasta que su alegría se esfumó por completo a escuchar el tono de su celular.

—¿Si? —contestó enseguida, ya que sabía quién era con solo mirar la pantalla—. ¿Ahora?... es mi día de descanso... —Miró a Addam decepcionada—. Sí, entiendo, iré enseguida. —Colgó.

—El café tendrá que esperar ¿Verdad? —Addam atinó a decir, soltando un mohín.

—Lo siento, el trabajo...

Helena en verdad quería pasar tiempo con el chico lindo del 5a, le gustaba demasiado, pero Bruno la había llamado con demasiada urgencia y si no obedecía le podría ir muy mal.

Salió del edificio y se encaminó hacia el club. Fantesha era un burdel como pocos en la ciudad. Aún a esa hora muchos chicos y chicas se encontraban ensayando su baile arriba en el escenario, entre los tubos para el show de la noche. Helena había actuado unas cuantas veces, pero Bruno no le había gustado mucho el interés que había despertado en los hombres, era extraño. El tenía una preferencia enfermiza por ella, así que era quien escogía sus clientes, siempre procurando no tenerla trabajando mucho, y no porque se preocupara por ella, claro que no.

—Adelante —dijo Bruno al escuchar los golpes en su puerta.

—Ya estoy aquí —dijo Helena pasando a la oficina.

El moreno se acercó a ella lentamente y la tomó de la cintura pegando su cuerpo al suyo.

—Mi querida Helena —susurró sobre su oído. La rubia aguantó la respiración y la repulsión que sentía por su tacto, Bruno se alejó lentamente y de repente tomó sin delicadeza su mentón—. ¿Crees que puedes burlarte de mi pequeña sabandija? —dijo serio aún que sus ojos demandaban furia.

Helena tragó grueso, se había enterado.

—Así que Alexander Vance te usó toda la jodida noche —dijo cerca de su rostro sosteniéndolo con más fuerza—. ¿Qué te he dicho? —Apretó más su mentón.

—¡Ahh! —Soltó un gemido al no soportar el dolor.

—Sabes lo que pienso sobre, pasar demasiado tiempo con un cliente— Escupió las palabras soltándola al fin.

—El pagó muy bien. —Bruno rio con sarcasmo. Helena sacó el dinero de su cartera y se lo extendió recibiendo como respuesta un manotazo en su mano, haciendo que soltara el dinero y cayera esparcido sobre el piso.

—¡Me vale mierda el puto dinero —gritó—. No quiero que nadie te use más de lo necesario. —Golpeó su cabeza con la yema de su dedo—. Eres mía, solo mía ¿no te ha quedado claro eso?

Helena bajó la mirada y asintió.

—Hasta que te pague la deuda —susurró.

Bruno se quedó cayado y suspiró pesado.

—¿Cuándo crees que pasará eso?... tu padre te vendió por 40 mil dólares más los intereses de 6 años. —Sonrió burlón.

—Si tú dejaras que trabajara aquí, bailando, podría ganar el doble de lo que...

—Si recuerdas lo que pasó hace un año ¿verdad? —Helena guardó silencio.

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