Melolagnia

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Capítulo 2 Capítulo 2

—Llegas tarde, Helena —dijo Bruno, escudriñando a la rubia de pies a cabeza—. Anda ve con Irene, te dará la dirección de tu cliente.

Helena asintió en silencio, cohibida por la mirada lujuriosa de su proxeneta, caminó de prisa al lugar donde se encontraba su compañera.

—Llegas tarde — Irene también la reprendió—. Solo te diré rápidamente las instrucciones que debes saber, no tenemos mucho tiempo así que apréndetelas —dijo seria y asintió igual.

Helena tomó con prisa sus pastillas y sacó unos condones de su loquer.

 —Eso no te servirá —dijo Irene al verla—. Al señor Vance le gusta sin condón. —Al escucharla, Helena guardó de nuevo los condones sin comentar nada al respecto, era habitual que a los hombres no les gustara usar protección, eran unos cerdos.

—Perfecto... Pon atención, al señor Vance no le gusta que lo miren, ni que lo toquen o hablen y por tu bien a la hora del sexo no digas nada, absolutamente nada. —Irene le advirtió, más que nadie sabía lo que pasaría si no acataba las reglas.

—¿Qué pasa si lo hago? —Helena se atrevió a preguntar.

—Más vale que no lo averigües. —La rubia tragó grueso mientras Irene peinó su cabello y le sonrió.

—Estás lista. Toma el taxi, dale la dirección, una ama de llaves te recibirá y espera al señor Vance en su recámara, jamás hagas algo sin su permiso y estarás bien. —Palpó su hombro y Helena salió tomando el taxi como le dijo.

Alexander llegó a su residencia después de regresar de su viaje de negocios, se adentró a su recámara donde ya se encontraba la chica que había pedido para esa noche. Estaba ansioso, necesitaba liberar todas sus tensiones.

Se acercó lentamente hacia ella y la recorrió por completo, le gustaba como iba vestida y más porque el rojo era su color favorito. Caminó en círculo hasta posicionarse detrás de ella. Alzó una ceja cuando su mirada fue atraída hasta ese delicioso y enorme culo que poseía.

Helena Se mantuvo en silencio como le dijo Irene, su postura era recta y miraba hacia enfrente, viendo particularmente nada al sentir la mirada de Alexander por todo su cuerpo. Vance regresó al frente observando su rostro con más atención, tenía que admitir que la chica era muy atractiva, levantó su rostro tomando su barbilla, solo un poco, pero si lo suficiente para que sus ojos azules conectaran con los suyos. Por un momento se preguntó como alguien tan joven y de belleza angelical podía dedicarse a esto. Alexander siguió observando cada detalle deteniéndose particularmente en aquellos carnosos labios rosa. Era una total locura que creyera que no había visto mujer más hermosa que ella. ¿Desde cuándo se fijaba en el físico? Solo le bastaba con tener un cuerpo caliente donde desahogarse, eso lo era todo.

—Desvístete y recuéstate —le ordeno al notar que ya había perdido demasiado tiempo con insignificancias. Helena ni siquiera asintió solo se empezó a desvestir frente al extraño y bajo su mirada inquisidora. Alexander estaba disfrutando tanto de la vista de ese bello cuerpo que poseería en un momento. Sus senos eran grandes pero no exagerados, perfectamente uno de ellos podría caber en la palma de su mano y sus pezones eran unos lindos botones rosas que sé encontraban tan dispuestos y erguidos, su vientre estaba totalmente plano y acentuaba muy bien con sus proporcionadas caderas formando un perfecto cuerpo de reloj de arena.

Helena estaba a punto de quitarse la última prenda que la cubría cuando Alexander alzo la mano y la detuvo negando, Ella entendió el mensaje y se dejó puesta las bragas rojas que cubría su intimidad.

—Recuéstate —Ordenó de nuevo.

Helena obedeció sin decir ni una palabra, expectante de las acciones de su cliente. Ahora era el turno de Alexander para desvestirse frente a ella. Tenía que admitir que esa, era la primera vez que uno de sus clientes era tan extraño como lo era de atractivo. Demasiado atractivo y que decir de ese espectacular cuerpo que dejó al descubierto mientras no dejaba de mirarla. Se preguntó por qué un hombre así tenía que pagar por sexo cuando seguramente a las mujeres se les caían las bragas con solo verlo. Tampoco tenía ni idea de cuántos años podría tener, pero estaba segura de que ya era mayor y no porque lo pareciera sino porque esos ojos negros sádicos se lo gritaban. Tal vez esa oscuridad era la que no quería que nadie mirara.

—Abre las piernas. — Helena obedeció.

Vance tomó posición, por primera vez sus pieles se estaban rosando desnudas. Palpó con firmeza una de sus piernas deleitándose con la sedosidad de su piel y se acercó peligrosamente a su rostro susurrando muy cerca de sus labios.

—¿Conoces las reglas? —Helena dejó de respirar y asintió ganándose una sonrisa de su parte—. Buena chica. Veremos que tan fuerte eres, no se te ocurra soltar ni siquiera un suspiro o tendré que castigarte muy fuerte y odio tener que hacerlo —La rubia solo mordió su labio cuando el gran Alexander Vance, hizo aún lado la pequeña prenda que la cubría y entró en ella con un poco de esfuerzo. Helena tuvo que cerrar sus ojos y apretar su mandíbula cuando fue penetrada de manera deliberante.

—Así me gustan, calladitas... te diré algo, sé que no será fácil pero agradezco tu esfuerzo —dijo en el momento preciso en que empezaba a moverse de manera más rápida.

Helena sintió como su interior se contraía, como estaba siendo follada tan fuerte y placenteramente, un placer que extrañamente no había sentido nunca y que la llenó de frustración por no poder decir nada.

Alexander llevó una de sus manos hasta el redondo culo de Helena, lo sostuvo con fuerza mientras movía sus caderas de manera errática. Como reflejo, Helena hechó su cabeza hacia atrás al sentir como el pene de Vance, la llenaba de manera que jamás había imaginado y en tan poco tiempo transcurrido. Su respiración empezó a descender y su rostro a transpirar. Esto tenía que ser una jodida broma, nunca había sentido placer, pero ahora que en verdad estaba gozando tenía que callarse.

Maldijo en su mente.

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