Luna de miel por contrato

Download <Luna de miel por contrato> gratis!

DOWNLOAD

Capítulo 7 Capítulo 7

No pude pegar un ojo en toda la noche, así que, cuando suena el despertador, simplemente lo apago y salto de la cama como si tuviera un resorte en el trasero. Hoy es el gran día, aunque todavía no entiendo cómo es que llegué a esta situación. ¿Realmente está pasando o solo es un sueño? Todo se siente extraño e irreal, como si estuviera flotando en una nebulosa. Viaje de ensueño gratis, vacaciones en una isla paradisíaca, todo a cambio de fingir ser la mujer de mi jefe. No, debo estar alucinando. Pero después de tomar una taza cargada de café, darme una ducha y pellizcarme un poco, me doy cuenta de que está sucediendo. De verdad acepté este trato. ¡Estoy loca!

La idea de llamar a Alejandro y echarme atrás aparece en mi mente de una manera tentadora, pero no puedo. Necesito este viaje, el dinero y, para ser sincera, tampoco quiero enfrentar el horror de devolver todo lo que compré ayer. Así que, resignada, pido un taxi y dejo que el destino haga el resto. El conductor me ayuda a guardar el equipaje en el baúl y suspiro cuando entro al coche y arranca. «Ya está, no hay marcha atrás», pienso, cerrando los ojos. Me habré quedado dormida en el viaje, porque el señor me despierta sacudiéndome por los hombros.

—¡Señora, llegamos! —grita en mi rostro, haciéndome saltar del susto.

Me enderezo con rapidez y me aclaro la voz.

—Lo siento, me dormí —murmuro con tono avergonzado—. Tome, quédese con el cambio —agrego, dándole unos billetes.

Me mira con curiosidad mientras me ayuda a bajar mi equipaje y me saluda con un breve asentimiento antes de irse.

Antes de que pueda reaccionar, veo a Alejandro apoyado contra su auto con los brazos cruzados. Su expresión es seria, pero sus ojos me recorren de arriba abajo como si estuviera evaluándome. Respiro hondo y camino hacia él, arrastrando mi maleta con algo más de fuerza de la necesaria.

—Llegas justo a tiempo —comenta sin preámbulos.

—Bueno, qué suerte, ¿no? —respondo con una sonrisa forzada.

Alejandro suspira y se pasa una mano por el cabello con gesto impaciente. Luego, sin decir más, me quita la maleta de las manos con facilidad y comienza a caminar.

—Vamos, no quiero perder más tiempo —ordena con voz neutra.

Ruedo los ojos, pero obedezco.

Con una mezcla de emoción y nerviosismo, caminamos por un aeropuerto vacío junto a Alejandro. A medida que nos acercamos, puedo sentir la adrenalina corriendo por mis venas, preguntándome qué me deparará esta nueva y extraña aventura. Lo miro de reojo, está igual de serio que yo, probablemente tan —o quizás más— ansioso que yo. Pasamos cinco minutos en silencio, caminando a paso lento y, a mi parecer, bastante alejados el uno del otro. Tengo que admitir que esta situación se me está haciendo cada vez más incómoda y hasta me dan ganas de salir corriendo, de pedirle ayuda a Claudia o de rezar para que alguna fuerza del más allá me ayude a escapar.

Comenzamos a caminar por un pasillo estrecho, vuelvo a observar a mi jefe y su expresión seria le dio paso a una sonrisa enigmática, lo que me intriga aún más sobre lo que ha planeado para este viaje y el motivo de su mentira. Dejando a un lado mis dudas, intentando dejar de sobrepensar un poco, sigo sus pasos hacia una sección exclusiva y privada del aeropuerto, donde un majestuoso avión nos espera en la pista.

Mis ojos se abren de una manera descomunal al ver la imponente aeronave. No puedo creer lo que tengo frente a mí: un avión privado. ¡Es la primera vez que voy a volar en uno! Y probablemente la última. Mi corazón late con fuerza mientras sigo a Alejandro hacia la entrada del avión. Al cruzar la puerta, quedo sorprendida por el interior lujoso y elegante que me recibe.

Las paredes están decoradas con tonos suaves y elegantes, y los asientos de cuero color crema parecen increíblemente cómodos. Un suave aroma a vainilla impregna el ambiente, creando una atmósfera relajante. La iluminación tenue y las luces LED en el techo le dan al avión un toque sofisticado.

—¿Un avión privado? —interrogo sin poder ocultar mi asombro. Sé que es bastante obvio, pero necesito confirmarlo con palabras.

—Sí, quería que este viaje fuera realmente especial —responde Alejandro con una chispa traviesa en sus ojos—. Mi familia tiene acceso a este avión privado y decidí utilizarlo para llevarnos a Isla Nube.

Apenas puedo creer lo que estoy escuchando. Es como si hubiera entrado en un cuento de hadas. Siento que estoy a punto de vivir una experiencia que solo veía en las películas y, como una romántica empedernida, tengo un poco de miedo porque sé los finales de este tipo de comedias románticas.

—Es... increíble —balbuceo, tratando de procesar toda esta información.

Mientras el avión comienza a despegar, me afianzo al asiento, sintiendo esa mezcla de inquietud y emoción una vez más. Desde la ventana, veo cómo el mundo conocido se aleja y nos adentramos en un cielo despejado. Alejandro se sienta junto a mí y me sonríe con una mezcla de emoción y miedo.

—Gracias por venir, me salvaste la vida —murmura.

Vorig hoofdstuk
Volgend hoofdstuk