Luna de miel por contrato

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Capítulo 6 Capítulo 6

Con las bolsas llenas y mi dignidad algo golpeada, terminamos nuestra jornada de compras. De camino a casa, Claudia me lanza un vistazo de soslayo.

—De todas formas, cuando Alejandro te vea en ese bikini, seguro inventa alguna excusa para que nunca tengas que usar otro.

—Por favor, deja de hablar —le digo, dándole un empujón mientras ambas estallamos en carcajadas.

Cuando llegamos a casa, Claudia deja caer las bolsas en el sofá con un suspiro triunfal.

—Bueno, Isa, oficialmente estás lista para conquistar una isla privada. Ahora, ¿dónde tienes la maleta? Vamos a asegurarnos de que todo esté perfectamente organizado.

—Clau, puedo empacar sola, no es necesario que me ayudes —expreso, aunque sé que es inútil intentar disuadirla.

—¡Ni loca! No confío en tu criterio para estas cosas. Eres capaz de empacar solo jeans y camisetas —responde, ya dirigiéndose a mi habitación.

Suspiro con resignación y la sigo. Claudia abre mi armario y comienza a sacar cosas mientras yo intento mantener cierto control sobre la situación.

—Bien, vamos a empezar con lo básico —dice, extendiendo sobre la cama los bikinis, el vestido rojo que me obligó a comprar, y varios pares de sandalias—. Esto va sí o sí.

—¿De verdad tengo que llevar el vestido? —pregunto, mirando la prenda con escepticismo.

—Isa, si no llevas esto, me ofendes. Además, es perfecto para una cena romántica en la playa.

—No creo que vayamos a tener cenas románticas. Es un acuerdo, ¿recuerdas?

Claudia se gira hacia mí con una ceja levantada.

—Ajá, claro. Un acuerdo con un hombre guapísimo, en una isla paradisiaca, donde ambos tienen que fingir que están locos el uno por el otro. Sí, definitivamente nada podría pasar.

—Clau, por favor... —empiezo, pero ella me interrumpe con una sonrisa traviesa.

—Solo digo que deberías estar preparada para todo. ¿Y por qué no? Si te quiere besar, bésalo. Si se pone romántico, síguelo. ¿Qué tienes que perder?

—¡Mi dignidad, por ejemplo! —respondo, lanzándole una almohada.

Claudia la esquiva con una agilidad sorprendente y se ríe a carcajadas mientras yo trato de no unirme a su diversión.

—Isa, necesitas relajarte. Mira esto como una oportunidad de practicar tus habilidades de seducción. Porque, créeme, vas a tener que hacer algo más que sonreír para convencer a la gente de que estás locamente enamorada de Alejandro.

—¿Mis habilidades de qué? ¡Clau, estás viendo muchas películas románticas! —respondo, poniéndome de pie para recoger las prendas que ha dejado esparcidas por la cama.

—Solo digo que, si vas a fingir ser su esposa, al menos diviértete un poco en el proceso. ¿Qué tiene de malo jugar el papel completo? Además, dudo que Alejandro sea inmune a ti si te lo propones.

Suspiro y me dejo caer al borde de la cama.

—Clau, esto no es una novela. Es un trato, y eso es todo. No quiero complicar más las cosas de lo que ya son.

Ella me lanza una mirada comprensiva, pero no por eso menos pícara.

—Está bien, está bien, pero no digas que no te lo advertí cuando lo veas mirarte como si fueras un postre.

Ruedo los ojos mientras ella sigue organizando la maleta, asegurándose de que cada conjunto estuviera perfectamente doblado y, según sus palabras, estratégicamente pensado.

Justo cuando estamos terminando, mi teléfono vibra sobre la mesa de noche. Claudia lo agarra antes de que pueda detenerla.

—¡Mensaje del guapo! —canta, desbloqueando el teléfono sin ningún reparo.

—¡Dámelo! —protesto, intentando quitárselo, pero ella levanta la mano para mantenerlo fuera de mi alcance.

—“Espero que tengas todo listo. Te espero mañana a las 7:00 en el hangar. Asegúrate de no llegar tarde. A.” —lee en voz alta con un tono exageradamente solemne—. ¡Qué formal! ¿Siempre firma con una letra?

—Clau, devuélvemelo —insisto, arrebatándole el teléfono.

—Relájate, mujer. Solo me estoy asegurando de que estés bien informada. Aunque, sinceramente, podría haber sido un poco más cálido. ¿Qué tal un “nos vemos, cariño” o algo así?

—Es un mensaje práctico, nada más —respondo, bloqueando el teléfono mientras ella me mira con una sonrisa que claramente no le cree nada.

—Ajá, práctico. Bueno, al menos ahora sabemos que le importan los horarios. Más te vale no hacerlo esperar.

—No planeo hacerlo —contesto, poniéndome de pie para cerrar la maleta.

Claudia me ayuda a colocar todo y luego se estira con un suspiro satisfecho.

—Misión cumplida. Ahora solo queda que conquistes esa isla o, mejor dicho, a tu futuro esposo temporal.

—Clau, por favor, deja de decir esas cosas.

—Nunca —responde con una sonrisa traviesa mientras recoge sus cosas—. Nos vemos mañana, futura señora de mentira.

La acompaño hasta la puerta y, cuando finalmente me quedo sola, respiro profundamente. El mensaje de Alejandro sigue rondando en mi cabeza, junto con las palabras de Claudia. Mañana empieza todo, y por más que intente verlo como algo sencillo, no puedo evitar sentir un nudo de ansiedad en el estómago.

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