Luna de miel por contrato

Download <Luna de miel por contrato> gratis!

DOWNLOAD

Capítulo 5 Capítulo 5

Llego a casa después del día agotador y me dejo caer en el sofá con una taza de té caliente en las manos. Mientras soplo la superficie del líquido para enfriarlo un poco, enciendo la computadora y abro mi cuenta bancaria para verificar el saldo antes de planear las compras que Alejandro sugirió.

Cuando veo la cifra en pantalla, casi se me sale el corazón por la boca. Parpadeo, me froto los ojos y miro de nuevo, pero los números siguen ahí. En un acto reflejo, doy un sorbo al té y termino atragantándome. Comienzo a toser mientras intento procesar lo que estoy viendo.

—¡¿Qué demonios?! —exclamo, dejando la taza a un lado mientras me llevo una mano al pecho.

La transferencia reciente, con el concepto "Fondo para el viaje", ha añadido una suma tan ridícula a mi cuenta que parece irreal. Marco el número de Claudia casi sin pensarlo.

—¿Qué pasa ahora, futura esposa de mentira? —me saluda con tono burlón.

—¡Clau, me transfirió una fortuna! —le digo, caminando de un lado a otro como si el movimiento pudiera calmarme.

—¿Cuánto es "una fortuna"? —pregunta, intrigada.

Le doy la cifra, y del otro lado de la línea escucho un grito ahogado.

—¡Ay, amiga, ya quiero ver qué te compras! ¿Cuándo salimos? Porque claramente no puedes ir sola. Necesitas a alguien con buen gusto, o sea, yo.

—Tus elecciones de ropa me dan miedo, pero te veo en el centro comercial en media hora —replico, antes de colgar.

Exactamente media hora después, mi mejor amiga se acerca corriendo a mí y me abraza con fuerza.

—¡Explotemos esa tarjeta! —exclama.

Claudia prácticamente me arrastra de tienda en tienda con una energía entusiasta que no sé de dónde saca. Mientras yo intento mantener un mínimo de dignidad, ella se desvive escogiendo prendas como si estuviéramos en un programa de televisión de cambios de imagen.

—¡Esto es perfecto! —dice, sosteniendo un vestido de noche rojo con un escote que, sinceramente, me hace cuestionar las leyes de la gravedad—. Con esto, Alejandro no va a poder ni mirarte a los ojos.

—Prefiero que me mire a los ojos, gracias —respondo, tratando de devolver el vestido al perchero, pero Claudia lo esquiva hábilmente.

—Por favor, Isa. Si no quieres usarlo por él, úsalo por ti. Mírate, eres guapísima. Solo necesitas un empujoncito, y yo soy ese empujón.

Suspiro y termino cediendo con un asentimiento. Luego, pasamos a la sección de ropa casual y bikinis. Aquí es donde la cosa se pone complicada.

—¡Mira esto! —grita Claudia, sacando un micro bikini negro que apenas parece tela suficiente para un pañuelo pequeño—. Es sexy, minimalista y totalmente apropiado para una isla privada.

La miro horrorizada.

—Clau, no hay forma en el universo en que me ponga eso.

—¿Por qué no? ¡Es perfecto! Además, tienes que mostrarle a Alejandro lo que se está perdiendo.

—Primero, no estoy tratando de mostrarle nada. Segundo, eso no es un traje de baño, ¡es un intento fallido de hilo dental!

—Dramática —dice, rodando los ojos—. Bueno, al menos pruébatelo, que no se diga que no lo intentaste.

—Ni loca.

Claudia me lanza una mirada calculadora y, antes de que pueda reaccionar, lo coloca en mi carrito.

—Ya veremos quién gana esta batalla —declara con una sonrisa traviesa.

Mi amiga me sigue arrastrando por los pasillos mientras yo trato de convencerla, sin mucho éxito, de que no necesito un bikini que podría ser confundido con hilo dental.

—Mira, Clau, ya llevo dos bikinis bonitos, cómodos y decentes. No necesito este… —intento argumentar, pero ella me interrumpe.

—Decentes. Ahí está el problema. Isa, ¿quién quiere ser "decente" en una isla privada? Además, nunca sabes qué puede pasar. Tal vez terminas tomando sol y alguien te invita a un yate. ¿Quieres estar lista o no? —dice, cruzando los brazos y mirándome con una ceja arqueada.

—¿Un yate? Claudia, esto no es una película.

—Exacto, porque si lo fuera, serías la protagonista aburrida —replica con una sonrisa burlona—. Ahora, ve al probador y póntelo.

—¡No pienso probármelo! —respondo, aferrándome al carrito como si fuera mi única salvación.

Claudia suspira teatralmente, como si cargar con mi resistencia fuera un sacrificio monumental. Luego, me lanza esa mirada que siempre precede al desastre.

—Está bien, no te lo pruebes aquí. Solo cómpralo. Al fin y al cabo, si no lo usas, no pasa nada, pero, si lo necesitas y no lo tienes, te arrepentirás. Y yo no voy a dejar que mi mejor amiga viva con ese remordimiento.

—Eso no tiene ningún sentido, Clau —digo, tratando de no reírme.

—¿Tiene sentido que estés en esta situación de "esposa por encargo"? No. Así que, si vas a vivir algo fuera de lo común, al menos hazlo con estilo —remata, poniéndome el bikini en las manos con un gesto triunfal.

Me quedo mirándola, a punto de insistir, pero sé que no voy a ganar esta discusión. Suspiro, derrotada.

—Está bien, lo compro, pero esto no significa que lo vaya a usar.

—Ya veremos —dice ella con una sonrisa tan amplia que parece que acaba de ganar un premio.

Vorig hoofdstuk
Volgend hoofdstuk