Capítulo 7 QUE COMIENCE EL ESPECTÁCULO
SLOANE
Escuché sus pasos detenerse detrás de mí. Ni siquiera quería mirarlo. Ahora entiendo sus malditas palabras: “La tercera será la vencida”. Seguro debió haberse estado riendo a mis espaldas.
—Dime algo, ¿te gustó burlarte de mí? —pregunté sin mirarlo, pero él ni siquiera respondió.
Solté un bufido y entonces el ascensor llegó, pero cuando estaba a punto de entrar, ese hombre me detuvo tomándome del brazo y girándome para que le diera la cara.
—Te busqué —dijo sin ningún tipo de remordimiento—; jamás creí hallarte en ese lugar.
—Por tu maldita culpa terminé ahí —espeté.
—Y agradezco haberte empujado a ello. No tienes ni puta idea de cuánto esperé esta noche. —Pasó el dorso de su mano por mi brazo.
—Pues al parecer esperaste en vano, porque no pienso pasar la noche contigo. —Me alejé un poco de él.
El tenerlo tan cerca solo me hace nublar la mente y, si sigo por este camino, terminaré cayendo en sus garras. Ya Lucien me había advertido.
—No debí haber venido a este lugar. —Volví a llamar el ascensor, pero esta vez sus palabras me hicieron detenerme.
—Sloane, lo siento. Me comporté como un imbécil aquella ocasión y, por supuesto, jamás quise burlarme de ti; no creí que reaccionarías de esta manera al verme.
—Entonces, ¿cómo esperabas que lo hiciera?, ¿lanzándome a tus brazos? —me burlé—. Si no mal recuerdo, me llamaste zorra y…
—Y también lamento haberte llamado así. Solo había tenido un mal día; luego tú apareciste, con tu suave y dulce voz; no quería mirarte porque… no importa. Pero te vi desde que entré por esa maldita puerta.
—Pero… —Esas palabras me descolocaron; yo ni siquiera noté su mirada ese día.
—Después me echaste el café encima, pusiste tu mano donde no debías y todo mi autocontrol se fue al carajo, por eso actué de esa manera. En verdad creí que querías meterte en mi cama, como todas esas mujeres.
—Y tarde te diste cuenta de que no era así —asintió un poco avergonzado.
—Sí, es por eso mismo que ahora te estoy pidiendo disculpas. No lo hice antes, porque no quería hacerlo frente a todas esas personas; solamente necesitaba que me escucharas tú.
—Bien, ya te escuché. Disculpas aceptadas. Ahora debo marcharme.
—¿Eso es lo que quieres? —preguntó, acercándose más de lo necesario, mientras nuestros cuerpos casi se tocaban.
Por supuesto que no quería marcharme, pero algo me gritaba que corriera, que huyera y, por más que deseaba hacerlo, mis piernas no cooperaban.
—Ven, vayamos por un trago. —Me tomó de la mano y, sin darme cuenta, ya me encontraba con un vaso en la mano de algún licor, color ámbar. —Anda, tómalo, tengo todo preparado para que des un espectáculo solo para mí. —Sonrío de medio lado.
Entonces me di cuenta de lo que hablaba. En el centro de su sala, se encontraba un jodido tubo, con algunas luces y un pequeño sofá delante de este a un par de pasos. Me tomé el licor de un trago; quemó mi garganta, pero lo necesitaba para agarrar valor.
Volví a quitarme la gabardina, mientras le pedía a ese hombre que tomara asiento. Quizá sea bueno preguntarle su nombre. No puedo seguir llamándolo solo “hombre”. Además, él ya conoce el mío; qué más da que yo también lo haga.
—Puedes poner la canción que desees, ahí está el iPad —señaló una pequeña mesa a mi lado y asentí.
Comencé a recordar canciones y me decidí por "Call out my name", de The Weeknd, lo suficientemente sensual como para llevar el ritmo. A pesar de que la letra no tenía nada que ver en este momento.
En cuanto comenzó a sonar la canción, mi cuerpo empezó a moverse. Me sentía dando un espectáculo en Le Secret, y supongo que el querer olvidar lo que estaba pasando ahora mismo me animó aún más.
No quitó su mirada de mí en ningún momento; sus ojos me devoraban por completo, su cuerpo se encontraba tenso; podía notarlo por cómo apretaba los puños de vez en cuando o cómo agarraba los reposabrazos.
Sonreí para mis adentros; lo que sea que provoque en este hombre me causa cierto placer y aún sigo sin entender por qué.
Porque con otros hombres que me miraban de la misma forma que él lo está haciendo ahora, no reacciono así, simplemente me da igual, pero con él es tan… distinto.
Entonces la canción terminó; me faltaba el aire debido a todos los movimientos que hice. Creí que se quedaría ahí sentado, esperando a que yo me acercara, pero ni siquiera pudo esperarse.
Se levantó rápidamente, caminó directo a mí y comenzó a besarme. No era un beso suave y lento como los que me gustan. Era todo lo contrario. Un beso posesivo y cargado de un placer que no podía entender.
Su mano en mi cintura me impedía moverme, pero eso no importaba, porque podía sentir cada músculo de su cuerpo. Y no solo eso, sino algo más. Una vez que dejó de besarme, dejó su frente contra la mía y habló.
—Si me pides que pare, lo haré sin rechistar y podrás marcharte, te aseguro que no te detendré. Pero si decides continuar, te aseguro que pasarás la mejor noche de tu vida.
Ni siquiera podía pensar claramente. Todo mi cuerpo me gritaba quedarme, dejar que me follara hasta perder la razón y olvidar hasta mi propio nombre. Pero mi cerebro, la parte coherente, me pedía hacer lo contrario.
Me miró a los ojos y esperó mi respuesta. No me presionó de ninguna manera, no hubo amenazas de por medio, solamente palabras. Palabras que causaron algo en mí.
