Capítulo 3 EL DEMONIO
SLOANE
No podía creerlo. Después de pensar que ese hombre ya se había cansado en cierta forma de mí, puesto que no lo había visto durante varios días, ahora resulta que me quiere solo para él.
Celia se encontraba bastante expectante. Con una sonrisa sugerente, sabiendo perfectamente de quién se trataba.
—Seguro debe tratarse de ese hombre, ¿no es así? —Celia parecía más emocionada que yo.
—No tengo idea de saberlo, Celia, solo firmaron con unas iniciales.
—¿Qué pasará si es él? ¿Aceptarás? Dime que lo harás.
—No lo sé, Celia, jamás he estado en un privado con nadie, sinceramente me da un poco de pavor, pero, sobre todo, temo no hacerlo bien.
—Sloane —puso los ojos en blanco—, el tipo no te quiere para que solo le bailes, te quiere para meterse entre tus piernas.
—Y justamente a eso es a lo que me refería. No quiero parecer una inexperta, aunque claramente lo soy.
—Te comprendo. —Seguro ese hombre ha de ser todo un semental en la cama. —Comencé a reír.
—No entiendo de dónde se te ocurre tanta estupidez, Celia. Por lo pronto, iré a ver a Lucien; no sé qué es lo que tenga que decir, pero seguramente debe ser importante.
—De acuerdo, ve. Ya después me cuentas. —Ahora fue mi turno de poner los ojos en blanco.
Llegué a la oficina de Lucien. Se encontraba detrás de un computador, muy viejo, por cierto; me pidió entrar sin quitar los ojos de encima y, en cuanto me senté frente a ella, me prestó atención.
—Me dijo Phill que necesitabas hablar conmigo.
—Así es, Aura —dio una calada a su cigarrillo y me miró con sumo interés—. Aún recuerdo cuando entraste por primera vez. Cómo te brillaban los ojos, tu sonrisa; sabía que serías un buen elemento y no me equivoqué.
—Gracias, Lucien, pero no entiendo por qué me dices todo esto.
—Te lo digo, porque desde aquella primera vez, cuando Celia me pidió que te permitiera la entrada, únicamente para conocer el lugar, supe que serías una de mis mejores chicas.
—Sí, yo también lo recuerdo. Las luces, la música, el ambiente, las chicas moviéndose como si el escenario les perteneciera.
—Sé por qué te gustó este sitio. Todas esas normas en casa, aparentar alguien que no eres, seguir estrictos códigos de etiqueta. Seguro debió ser abrumador.
—Sí —dije un tanto distraída pensando en mis padres, hasta que entendí lo que me estaba diciendo—. —¡Espera! ¿Sabes de dónde vengo? —me sobresalté.
—Claro que sí, Aura. Conozco el pasado de cada una de mis chicas. No me gusta contratar a cualquiera, aunque sepa que será un buen elemento.
—Entonces, ¿conoces mi verdadero nombre? ¿mi familia?
—Sí. Sé quiénes son tus padres, a qué se dedican; sé más de ti que tú misma. Y es por eso mismo que te pedí que vinieras a hablar conmigo.
—Lucien, tengo que confesarte que estoy sorprendida. —Soltó una risotada en cuanto me escuchó.
—Lo sé, Aura —pero de pronto su seriedad me congeló en mi lugar—; así como te conozco a ti, conozco a los hombres que visitan este lugar. Y la mayoría, si no es que todos, digamos que… no están muy apegados a la ley.
—Creo que eso se nota a simple vista, Lucien. No soy tan tonta como parezco.
—Y jamás dije que lo fueras. Bueno, ya que estamos en sintonía, te quiero hablar un poco del hombre que se encuentra interesado en ti; solamente te diré que es conocido como: El demonio de Raven District.
—¿El demonio? —asintió.
—Es un hombre que aparenta bastante calma, pero juega con todo y todos a su alrededor. Suele ser muy discreto, casi invisible, pero cuando necesita hacerse notar, lo sabe hacer.
—¿Cómo ahora?
—Exactamente.
—Eso quiere decir que, si no acepto, él…
—No, Aura, jamás te tocará sin tu consentimiento. Pero si ya se fijó en ti, entonces tengo que advertirte que necesitas cuidarte. Te aseguro que encontrará la manera para que caigas en su poder.
—Lucien, tus palabras no son de mucha ayuda. —Me levanté para irme.
—Aura, creo que estás lista; sin embargo, sabes que tienes la última palabra. Si aceptas, sabes dónde encontrarme. Recuerda que solo tienes diez minutos para pensarlo.
Obviamente, es una advertencia. Aunque no lo haya dicho abiertamente. Me causaron miedo sus palabras, por supuesto, pero algo muy dentro de mí aún me pide hacerlo. Aún me pide ceder ante él y no entiendo por qué.
Fui a buscar a Celia al camerino, pero no se encontraba. Supuse que estaba detrás de la barra atendiendo a los clientes, así que fui de inmediato para allá. Por suerte, aún no me cambiaba.
Tomé asiento frente a la barra. Podía ver la zona VIP desde mi posición. Obviamente, él ya no se encontraba ahí. En cuanto Celia me vio, se acercó a mí.
—Por tu cara, puedo deducir que no te fue para nada bien con Lucien.
—No, no fue nada de lo que yo esperaba, creo que fue mucho peor.
—¿Qué fue lo que te dijo?
Le platiqué a grandes rasgos lo que Lucien me dijo sobre el hombre. Supongo que Celia tenía una idea, pero no a tal magnitud.
—Entonces ya has tomado una decisión, ¿no es así?
—Sí, y lo mejor es… declinar esta generosa oferta —su cara se apachurró—; no quiero correr ningún riesgo.
—Te entiendo. Pero, ¿qué es lo que harás si decide no dejarte en paz?
—Quizá no volver por algún tiempo, en lo que se olvida de mí y encuentra a alguien más.
—No creo que sean de los que se rindan tan fácilmente. Pero si has tomado una decisión, sabes que te apoyaré. Lástima que no sabremos cómo es en la cama —solté una risotada y le pedí una cerveza.
No suelo tomar, pero la necesitaba con desesperación. Supongo que le terminarán avisando que decline su oferta o él mismo se dará cuenta de que no iré.
Ni siquiera me di cuenta del tiempo que había pasado; Celia se encontraba distrayéndome, haciéndome reír. Sentía seca mi boca, así que levanté mi cerveza para darle un sorbo.
De pronto sentí un enorme cuerpo detrás del mío. Me enderecé de inmediato, dejando la cerveza sobre la barra y con una Celia bastante sorprendida.
Colocó sus fuertes brazos a cada lado, por si pensaba escapar. Se acercó a mi oído, dejándome oler su perfume, dejándome sentir un poco de su poderoso cuerpo y entonces habló.
—Me decepcionaste esta noche. —Cerré los ojos al escucharlo. Tenía una voz exquisita, —pero ten por seguro que muy pronto… —Bajó sus manos al costado de mi cuerpo y las colocó ahora en mi cadera.
En cuanto hizo eso, no pude evitar que mi cuerpo se estremeciera, mi piel se erizó ante su toque, y me mordí el labio para evitar dejar salir algún sonido que me delatara. Escuche una risa baja, proveniente de él, por supuesto.
—Muy pronto serás mía, Sloane. La tercera es la vencida.
Me dejó congelada en mi lugar, al escucharlo llamarme así.
