Los Saint Clear

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Capítulo 2 LE SECRET

SLOANE

No tuve que pensarlo dos veces para llamar a Celia; además, no quería volverme a encontrar con ese sujeto.

—Celia —hablé en cuanto respondió—, necesito que me muestres el lugar donde quieres que trabaje; Robert me ha echado por culpa de un idiota.

—¿En serio? —parecí alegre por mi llamada.

—Estoy hablando muy en serio, Celia, ¿dónde te veo?

Me pasó la dirección y me dirigí hacia allá. Celia ya me esperaba en la entrada y en cuanto puse un pie adentro, me quedé asombrada.

Las luces, el escenario, las mismas chicas que se encontraban preparando su número para las siguientes horas. Celia me mostró todo el lugar; a simple vista parecía un simple burdel, pero una vez dentro, parecía otro mundo.

La decoración es impecable. Los pisos están alfombrados, elegantes lámparas cuelgan del techo; cada sección demuestra el estatus de la persona que viene a ver bailar a las chicas.

Hay palcos compartidos y privados; también existe el área VIP, la mejor de todas según Celia y donde próximamente puedo estar yo.

En Le Secret, solamente aceptan a hombres… influyentes; es por eso mismo que es un club bastante exclusivo. Celia me presentó a su jefa, llamada Lucien.

Me explicó las normas, firmé mi contrato y hasta mi nombre cambió. En Le Secret, no existía la vieja Sloane, sino la nueva Aura. Una mujer decidida a todo.

2 años después…

Hasta ahora, siempre hacía lo mismo, bailar, recibir miradas ardientes, recibir cumplidos, recibir aplausos, dinero, regalos, flores o lo que sea que estos hombres creen que necesito.

Esta noche, no solo sería diferente. Sino que aquel hombre, el cual me hizo perder mi trabajo, aparecería en mi vida no solo para quedarse en ella, sino que se metería en mi corazón hasta hacerlo sangrar.

Me encontraba vestida con un sujetador tan diminuto que apenas cubría lo indispensable, un tanga junto con un liguero, haciéndome ver más sensual, y los tacones de plataforma complementaban mi estilo.

No solo me ayudaba en mi altura, sino que mis piernas las hacía verse más largas. Además, me gustaba usar ese tipo de tacón. Antes creía que sería muy incómodo, pero me fui acostumbrando a todo esto.

—Aura, entrarás en cinco minutos, prepárate —Lucien gritó asomando su cabeza por la puerta.

En este lugar, el anonimato es lo más indispensable. Tenemos prohibido hablar con los clientes, acercarnos a ellos sin autorización y, sobre todas las cosas, jamás debemos darles nuestro número de móvil o aceptar ninguna cita fuera del club.

Esa regla es indispensable para conservar tu lugar en Le Secret. Durante todos estos años aquí, jamás rompí esa regla y esta noche no sería la excepción. Celia me habló de todo ello antes de introducirme a este mundo.

Aún recuerdo la primera vez que presencié un verdadero baile. Tras bambalinas, pude ver a varias chicas, imaginar que yo era ellas, imaginar que yo bailaba frente a todos esos hombres, imaginar que era yo quien podía despertar todos esos placeres.

Ahora, no tengo que imaginar nada, solamente tengo que dar lo mejor de mí en el escenario y continuar con el show. Me coloqué una peluca de color rubio, mi antifaz y salí como toda una diosa.

Comencé a moverme al ritmo de "Feeling Good", de Michael Bublé. Con pasos lentos y largos, movimientos de cadera, mis manos arrastrándose por mi cuerpo, hasta que llegué al tubo giratorio.

El simple hecho de estar justo aquí hace que todos mis pensamientos desaparezcan, me hace sentir libre y eso me encanta. No tengo que fingir una sonrisa, porque esta es natural.

Sin embargo, cuando estaba a punto de terminar mi número, volví a sentir esa mirada. Hacía varias noches que no veía a ese hombre; creí que se había hartado de verme y hasta cierto punto me entristeció.

Pero estaba de vuelta, con sus ojos fijos en mí. Con un vaso en la mano derecha, la otra mano recargada en el reposabrazos y sus piernas abiertas, reclamando todo el espacio, que claramente solo era para él, ya que se encontraba en el área VIP.

En cuanto terminó, alzó su vaso y sonrió levemente. Bajé la mirada, porque su simple presencia causaba algo… extraño en mí. No me refiero a mariposas en el estómago o alguna de esas chorradas, sino a algo más, algo… peligroso.

—Al parecer ha vuelto —dijo Celia, dándome una bata para cubrirme.

—Sí, creí que no volvería más por aquí. —Miré hacia atrás y apenas alcancé a visualizar que me seguía mirando.

—Bueno, no importa, recuerda lo que dice Lucien. A menos que paguen por un privado, no puedes acercarte a los clientes.

—No pensaba hacerlo. Y tampoco quiero ir a un privado; ni siquiera sabes con qué tipo de persona te encontrarás una vez dentro.

—En eso tienes razón.

—Además, parece peligroso. Pero no puedo negar que es un hombre extremadamente guapo y creo que lo he visto en otro lugar.

—Lo sé, ¿cómo crees que sería pasar una noche con él? —preguntó con diversión.

—No lo sé —respondí—, pero seguramente sería… bastante memorable —dije entre risas.

Entré a la habitación para cambiarme, con Celia detrás de mí, riendo e imaginando cómo sería tener a ese hombre entre las piernas.

Por eso me gusta Celia; es una mujer bastante divertida, elocuente y demasiado sincera. Nunca se guarda nada, siempre dice lo que piensa, te guste o no.

—Imagina que estás de espaldas sobre la cama, con la polla de ese hombre enterrada lo más hondo dentro de ti, mirándote con deseo y lujuria, mientras tocas cada uno de sus espectaculares músculos.

—¡Celia! —grité—. Eres una guarra, ¿cómo puedes decir eso sin ningún pudor?

—Es lo que hay, nena, me conoces, sabes que no tengo pelos en la lengua. No me digas que no lo has imaginado —casi me atraganto con sus palabras.

—Por supuesto que no —negué, aunque muy bien sabía que me encontraba mintiendo.

—¡Eres una mentirosa, Sloane Iversen! He visto cómo lo miras tú también cuando estás en el escenario; pareciera que solo existiera él y… —Gracias a Dios, tocaron la puerta interrumpiéndonos.

Se trataba de Phill, el hombre que nos cuidaba las espaldas si algún cliente intenta sobrepasarse. A pesar de su mala cara y su cuerpo robusto, en el fondo era como un padre para todas.

—Aura —habló con cariño—. Lucien me pidió que te diera esto, pero antes de aceptar, necesitas hablar con ella; parece ser importante.

—De acuerdo, gracias, Phill.

Se trataba de un sobre negro, el cual sabía lo que significaba. Solo algunos de los clientes del área VIP tienen el honor de contratar esos servicios, y si no me equivoco, seguramente debe ser él.

Abrí con sumo cuidado el sobre, el cual solamente contenía el número del privado donde tenía que ir y las iniciales, E.S.C. escritas a mano.

Mi corazón latió a mil por hora. Estoy segura de que debe tratarse de ese hombre. Y por alguna razón, la cual no entiendo, me siento en la abrumadora necesidad de aceptar.

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