Loca por mi padrastro

Download <Loca por mi padrastro> gratis!

DOWNLOAD

Capítulo 3 Ceremonia

Dante observaba la ceremonia desde una de las sillas dispuestas al aire libre junto al resto de las familias. Adriana caminaba para recibir su título. A sus 18 años seguía siendo físicamente pequeña y menuda, pero se la veía más segura, con mayor presencia. Él esperaba que, después de dos años, ya no estuviera confundida respecto al rol que él ocupaba en su vida.

Para Dante, Adriana siempre había sido la pequeña de la casa. La hija de su mejor amigo. Aunque ella claramente no lo veía de la misma forma.

Nunca imaginó que, tras la muerte de Catalina, las cosas llegarían tan lejos. Aquella noche, cuando ella le pidió dormir con él buscando consuelo, pensó que solo era eso. Jamás esperó despertar con su boca alrededor de su miembro. Ese recuerdo todavía le provocaba una mezcla de culpa y rechazo.

Para él, Adriana siempre sería la hija de León y Catalina. Casi como de su propia sangre. Por eso había hecho todo lo posible por mantener la distancia: le había pagado el internado, le enviaba todo lo que necesitaba y se limitaba a llamadas cortas y correos formales.

Lo que no sabía era que Adriana había grabado cada una de esas llamadas. A veces las escuchaba con auriculares mientras Ludmilla la complacía, imaginando que era la voz de Dante la que la hacía estremecer. Dos años conteniéndose. Siendo la mejor alumna, la chica ejemplar. Todo para que él creyera que había superado su obsesión.

Pero había sido exactamente lo contrario.

Esa noche, Dante fue a buscarla para llevarla a cenar. Se alojaría provisionalmente en su casa de Milán mientras decidían el siguiente paso.

En la habitación, Ludmilla y Adriana se despedían. Un beso profundo, un abrazo apretado. Cuando Dante abrió la puerta, las encontró aún muy cerca. Carraspeó, incómodo.

— Perdón, vine a ayudarte con las maletas — dijo, evitando mirarlas directamente.

— Aquí están — respondió Adriana, señalando el equipaje.

Ludmilla le dio un último abrazo y le susurró al oído:

— Mucha suerte. Recuerda lo que te prometí… Eres hermosa, inteligente y valiosa. No lo olvides.

Luego, más fuerte para que Dante escuchara, añadió:

— Estaremos en contacto. Cuídate mucho.

En el Ferrari rojo, el ambiente dentro del auto era denso. Dante rompió el silencio después de varios minutos:

— Tu amiga es… muy cariñosa.

Adriana lo miró de reojo, sorprendida. ¿Estaba celoso?

— Ludmilla ha sido lo mejor que me pasó en el internado — respondió con una sonrisa misteriosa, mirando por la ventana.

— ¿Ahora te gustan las mujeres?

— ¿Qué clase de pregunta es esa? — contestó ella, girándose hacia él.

Dante se encogió de hombros.

— Simple curiosidad.

Adriana lo observó en silencio. Estar tan cerca de él en ese espacio reducido le costaba un esfuerzo enorme no lanzarse sobre él.

— Yo no te pregunto por tus conquistas — dijo ella.

— Esto es diferente. Soy tu tutor y me preocupo por ti.

— ¿Qué es exactamente lo que quieres saber? ¿Si soy lesbiana? ¿Y por qué te importaría?

Dante abrió la ventanilla, claramente molesto.

— Me importa que estés bien. No me interesa si es con un hombre o una mujer, solo quiero que seas feliz.

— Entonces, ¿cuál es el sentido de la pregunta?

Él golpeó suavemente el volante.

— Maldita sea, Adriana… ¿es tan difícil contestar?

Ella lo miró fijamente, con una sonrisa peligrosa.

— ¿Tanto te interesa saber con quién me acuesto?

— No es ese tipo de interés y lo sabes — respondió él con voz grave.

— ¿Y qué clase de interés es entonces? — murmuró ella, con tono ronco.

Dante la miró un segundo. La mandíbula tensa.

— No me trates como si fuera idiota. Tengo el doble de tu edad y soy tu padrastro. Eso no lo puedes ignorar.

Adriana recorrió su cuerpo con la mirada y respondió en un susurro cargado:

— Cómo olvidarlo…

Vorig hoofdstuk
Volgend hoofdstuk