Capítulo 5 Supuesto arreglo
Caminamos con cautela, manteniéndonos en las sombras de los edificios comerciales para evitar ser vistas. Sin embargo, al llegar a la esquina que daba acceso a mi residencia, un grupo de reporteros aguardaba en la entrada con cámaras listas y micrófonos en alto. Se habían adelantado a nuestros pasos.
—No podemos entrar ahí, Elena —susurró Maya—. Están bloqueando todo.
Mi teléfono vibró en mi bolso con insistencia. Lo saqué con manos temblorosas; en la pantalla brillaba el nombre de Liam Newman. Contesté de inmediato.
—¿Dónde estás? —La voz de Liam sonó gélida, pero con un matiz de urgencia que no conocía—. Los medios están circulando fotos de ti y de Clark.
—Lo se, me acorralaron en una cafetería y logré escapar, estoy cerca de mi residencia, pero es imposible entrar, está lleno de reporteros —respondí, sintiendo que la desesperación empezaba a ganarme la partida.
—Mandame tu ubicación por Whatsapp. Voy por ti.
No dio lugar a réplicas. Cinco minutos después, un Aston Martin negroo se detuvo frente a nosotras; supuse que ya venía en camino a buscarme por lo rápido que llegó. La puerta del copiloto se abrió y Liam salió, impecable y serio.
—¡Es un Aston Martin¡ —exclamamos mi hermana y yo al mismo tiempo.
—Suban, rápido —ordenó. Viendo que la prensa se percataba de su presencia y corría hacia el auto.
Mientras el coche se alejaba el silencio en el habitáculo era denso. Miré a Maya por el espejo retrovisor; sus ojos estaban fijos en Liam con una intensidad que me hizo arquear una ceja. Cuando nuestras miradas se cruzaron, ella bajó la cabeza, sonrojada hasta las orejas.
Liam, que parecía ajeno, mantuvo la vista fija en la carretera. Nos informó, con tono seco, que nos llevaría a una de las propiedades de la familia hasta que el equipo legal y de relaciones públicas lograra contener el escándalo.
.........
No supe cuántas horas pasaron cxuando el carro se detuvo en Southampton, aquella mansion era impresionante. Pero al cruzar la puerta hacia el vestíbulo, me quedé paralizada. Allí, de pie y vestido con ropa deportiva, estaba Clark. A su lado, Noah, con su habitual sonrisa, terminaba de colgar una llamada.
La reacción de Maya fue instantánea: abrió los ojos como platos, alternando su mirada entre Clark, Noah y Liam. Los tres juntos, eran un despliegue de atractivo que intimidaba a cualquiera. Eran la definición de la perfección genética.
—¿Se encuentran bien? —preguntó Clark, dando un paso hacia nosotras. Su mirada era como un láser, escaneándome de arriba abajo con una mezcla de frustración.
—Estamos... estamos bien —balbuceé, sintiendo que el peso de los ojos de los tres hermanos se posaba sobre mí—. Pero esto es un desastre, Clark. Me acusan de ser tu amante. ¡Joder! Incluso dijeron qué ejemplo le daba a mi hermana.
Clark se acercó.
—Cálmate, ya me ocupé de The City Heart —dijo con voz ronca y autoritaria—. Si siguen publicando cosas como esa, les caerá una demanda por difamación, y a Vanessa, por inventar rumores sin fundamentos.
Asentí, aunque sabía perfectamente que, con esos tres hombres haría lo imposible para salir de esto, o eso esperaba.
—Clark, esa serpiente está siendo un live… —dijo Liam mostrando el teléfono.
Nos acercamos a la pantalla mientras Vanessa lloraba ante las cámaras, lamentándose porque el «amor de su vida» le había roto el corazón por una jovencita que ni siquiera había terminado la universidad. Según ella, yo solo estaba con él por dinero; ¿qué otra cosa haría una joven de veintitrés años con un hombre como él? Cuando empezaron a llegar los comentarios a las redes sociales, la rabia se apoderó de mí por cómo la gente puede decir aquellas cosas tan horribles.
La presión acumulada, el miedo y la humillación pública estallaron dentro de mí como un volcán.
—¡Liam, encárgate de las redes! —ordenó Clark con frialdad—. Noah, habla con tu amiga la reportera; daré una declaración de lo sucedido.
Se giró hacia nosotras con una calma que me resultó insultante.
—Tranquilas, solucionaré este malentendido —añadió.
—¡Este malentendido lo ocasionaste tú, Clark! —Le grité, ignorando la presencia de sus hermanos—. ¡Ahora debes sacarme de esto! A quien están destrozando en internet es a mí, no a ti. ¡Es todo tan absurdo! ¿Cómo pueden pensar en que yo tendría una relación con un arrogante como tú? ¡Por Dios, en qué mundo puede ocurrir algo así!
Clark arqueó una ceja, visiblemente ofendido por mi tono.
—¿Disculpa? ¿Un arrogante como yo? ¿Acaso no fui yo quien te dio el trabajo? —espetó, acercándose peligrosamente—. ¿Crees que esto es un juego para mí?
—¡Gracias por darme trabajo! Pero ve en los que nos metiste por andar fingiendo ser noviecitos, en vez de usar la cabeza —repliqué, perdiendo cualquier rastro de miedo—. ¡Ojalá nunca te hubiera conocido! ¡Ni ido a esa entrevista! no he recibido ni mi primer sueldo y ya me estoy arrepintiendo.
—Hermana, para… —trato de detener Maya
—Calla —gruñi
El silencio que siguió a mis palabras fue sepulcral. Liam y Noah, que habían estado observando la escena, quedaron paralizados; seguro que nadie le había hablado así.
Clark, con la mandíbula apretada y la mirada convertida en dos piezas de hielo, no apartó los ojos de los míos.
—Bien —dijo, con una voz tan gélida que me hizo temblar—. Si eso es lo que quieres, así será. Noah llama a la reportera. Arreglaré este desastre de una vez por todas, y cuando termine, podrás largarte de mis oficinas.
—Elena, no puede dejar….
—Claro que dejaré tu estúpida empresa —le volví a cortar malhumorada.
Cuando estaba molesta, no había nadie que me parara.
