Capítulo 3 Primer día de oficina
Al llegar a la residencia, me dejé caer sobre la cama, mirando al techo mientras mi mente reproducía, una y otra vez, la mirada de Clark cuando me besó.
—No suelo pedir permiso para lo que quiero.
Sus palabras resonaban en mis oídos con una autoridad que me irritaba tanto como me excitaba. ¿En qué diablos me había metido? Me levanté y caminé hacia el pequeño escritorio donde guardaba mis notas; necesitaba concentrarme. La pasantía y el sueldo eran la oportunidad de darle una vida mejor a mi hermana, Maya; era lo único que importaba.
—¿Elena? —La voz de Maya me sacó de mis pensamientos. Entró a la habitación con una sonrisa tímida—. ¿Cómo te fue? ¿Conseguiste el puesto?
—Lo conseguí, Maya —dije, tratando de sonar más animada de lo que me sentía—. Empiezo mañana. Es una empresa grande, Newman Corp. Va a ser mucho trabajo, pero valdrá la pena.
—¡Es increíble! —exclamó ella, abrazándome—. Un paso más cerca de graduarte y el dinero extra.
—Es más de lo que gano en la cafetería, incluso con las propinas.
—Excelente, así me podrás comprar la computadora que quiero —aplaudió animada.
Miré su camiseta de Mobile Legends y pregunté: —Primero lo primero, ¿cómo vas en tus estudios?
—¡Joder! Pero qué ganas de arruinar el momento…
—Maya, ¿qué te he dicho de decir groserías? Esa boca, niña —regañé.
—Voy mal en literatura y debo hacer un ensayo.
—Bueno, te ayudaré. Mañana debo ir a trabajar temprano, pero dime de qué trata el tema.
Ella sonrió y fue a buscar su bolso
Al día siguiente, a las 7:45 a. m., estaba frente al imponente edificio. Al entrar, el ambiente era distinto. Las miradas de los pocos empleados que había a esa hora me seguían con cuchicheos apenas perceptibles. Amaranta, la recepcionista rubia, me lanzó una mirada cargada de un veneno que no intentó ocultar; parecía que apenas estaba llegando a su puesto.
—Buenos días, Amaranta.
—Buenos días, señorita Baker. Debe subir a Dirección, noveno piso. Use el ascensor de la derecha.
Asentí e hice lo que me indicó. Subí directo al noveno piso y, al llegar, me topé con una puerta de vidrio opaco con bordes dorados. Sonreí , la entrada al “Olimpo" y empujé la puerta.
El lugar era impresionante: justo en el centro se erguía un escritorio redondo de madera fina, flanqueado por tres majestuosas oficinas. A mi derecha estaba la de Noah Newman; a mi izquierda,la de Liam Newman; y justo a mis espaldas, la de Clark Newman. Todo estaba milimétricamente ordenado, excepto la oficina de Noah, donde se alcanzaban a ver montañas de papeles, y la de Liam, que tenía las persianas completamente abiertas, regalando una vista espectacular de los rascacielos de Nueva York.
Me senté en mi nuevo puesto e inmediatamente encendí el computador. Apenas el monitor iluminó mi rostro, el sonido de las puertas abriéndose me sobresaltó.
Entraron los tres. Juro que, por un segundo, una luz celestial pareció enfocarlos directamente, parecía que caminaran en cámara lenta. Tragué saliva, sintiendo que el corazón me daba un vuelco salvaje. ¡Joder! Parecía, literalmente, la entrada triunfal de los F4 en Boys Over Flowers. Eran un despliegue de porte, trajes a la medida y un atractivo tan abrumador que me dejaron completamente hipnotizada, sin poder apartar la vista.
El primero en fijarse en mi presencia fue Noah, cuya mirada me obligó a volver a la realidad.
—Eres tú, la chica guapa del ascensor —dijo Noah al acercarse—. Buenos días, soy Noah Newman, y estos dos tíos feos son mis hermanos. El que está sumergido en su teléfono es Liam, mi hermano menor. —Me miró, pronunció un "buen día" y se alejó a su oficina. El otro, Clark, sacó unos papeles de su maletín—. Clark es el mayor; que ya lo conoces.
—Mucho gusto, soy Elena Baker.
—Señorita Baker, ya que sus notas en la Universidad de Kansas dicen que es una mente brillante, asumo que esto no será más que un juego de niños para usted —soltó Clark, y esa voz ronca y cortante me erizó los vellos—. Busque la división de logística de la sede de Europa de los últimos tres años. Quiero un informe de la situación, en mi escritorio a las 2:00 p. m.
—De acuerdo.
—Cuento con que puede hacerlo. —Asentí y vi cómo se alejaba
—Suerte —dijo Noah, guiñándome el ojo—. Si mi hermano mayor te asusta demasiado, avísame. Sé cómo distraer al león.
A las 10:30 a. m., una sombra se proyectó sobre mi mesa. Levanté la vista y me topé con la sonrisa cautivadora de Noah. Se apoyó descaradamente en el borde de mi escritorio, sosteniendo un vaso de Starbucks.
—Para activar el cuerpo, preciosa.
—Gracias, señor Newman, pero tengo mucho trabajo —dije, tomando el café como un salvavidas.
—Dime, Noah, la formalidad me aburre —respondió, regalándome una última mirada divertida antes de alejarse.
En ese mismo instante Liam salió de su oficina con el paso firme de un Capitán América de los negocios. Pasó junto a mi escritorio y, sin siquiera detenerse, a mirarme me lanzó tres carpetas más.
—Señorita Baker, saque un juego de dos copias de cada carpeta.
—Enseguida, señor.
Hice lo que me pidió rápidamente para no perder tiempo. Cuando Clark, salió y me preguntó:
—¿Está listo el informe?
Miré la hora; apenas iban a ser las once.
—No, señor. Aún me falta completar un año del informe.
—¿A esto le llamas eficiencia, señorita Baker? Yo lo veo como incompetencia.
—Disculpe, señor, pero me indicó que lo quería en su escritorio a las 2:00 p. m.
—No quiero excusas. Por favor, termínalo y envíamelo lo antes posible; tengo una reunión y para ello debe estar listo.
—Está bien…
—Noah, déjala de distraerla a ver si así puede terminar los informes —respondió cortante.
—Imposible, hermano, has visto la belleza que tenemos aquí.
En medio de aquellos hombres, me sentí como una gacela en pleno día de caza…. Acaso siempre va a ser así…
