Lazos Rotos

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Capítulo 2 La entrevista

Pude sentir cómo la mirada de aquella mujer me taladraba la cabeza justo antes de que las puertas del ascensor se cerraran. Demasiadas sorpresas para una simple entrevista de trabajo.

Me quedé inmóvil, conteniendo el aliento, hasta que aquel hombre tan imponente me soltó la mano.

—Entremos, por favor —indicó.

Al cruzar el umbral, tomé aire, enderecé la espalda y lo vi caminar hacia una segunda puerta.

—Señorita, sígame —ordenó aquella voz ronca.

Lo seguí. En cuanto se sentó tras el imponente escritorio, sus ojos azules se clavaron en mí. Sentí un vuelco violento en el estómago. Al fijarme en sus labios, las manos volvieron a sudarme frío. ¡Apareció Superman, el hombre de mis sueños!

—Siéntese, señorita, déjeme presentarme: soy Clark Newman —dijo con un tono demandante—. Le pido disculpas por lo ocurrido, pero era una mujer bastante pesada de la que necesitaba deshacerme.

—Disculpado —solté de golpe mientras me sentaba, pensando que era el súper jefazo dueño de la compañía que me acaba de besar—. Aunque no me hizo ni una pizca de gracia jugar a los noviecitos, y mucho menos que me besara sin mi permiso.

—¿Tan malo fue el beso? —preguntó, arqueando una ceja con arrogancia.

—Señor, yo vine a una entrevista para optar al puesto de pasante —sentencie, no quería caer en juegos y menos sabiendo quién era.

Una sonrisa asomó en sus labios. Tomó una carpeta que descansaba sobre el escritorio y la abrió.

—Okey, señorita Baker, entonces no tiene de qué preocuparse. —Miraba firmemente la carpeta—.Veo que tienes notas excelentes, las mejores de tu clase en la Universidad de Kansas; ¿eres becada y también trabajas en una cafetería?

—Así es, allí aparte de ser camarera ayudo con la administración. Señor Newman.

Vi que la placa de la mesa ponía «Lcda. Sheryl Mendez».

—¿Qué hay de sus padres? —preguntó de repente, entornando los ojos hacia lo que leía—. El informe menciona que vive en una residencia para mujeres.

—Ellos ya no están, señor. Fallecieron hace unos años —respondí, siempre era doloroso que me preguntaran por ellos—. Solo somos mi hermana menor y yo; por ello, vivimos en una residencia para mujeres.

— Cuéntame, ¿por qué cree usted que debería darle el puesto? —Su mirada se volvió aún más intensa, casi un desafío

«Me lo debe. Me hizo pasar por su novia y seguro que ahora llevo una sentencia de muerte marcada en el cuello por culpa de su ex», pensé, mientras le sostenía la sonrisa con total seguridad.

—Porque no solo cumplo con los requisitos académicos, señor Newman —respondí, cruzando las piernas con una elegancia que no sabía que poseía—. También acabo de demostrarle que sé reaccionar bajo presión, adaptarme a situaciones...

Clark Newman cerró la carpeta despacio. Apoyó los codos sobre el escritorio, entrelazó los dedos y me sostuvo la mirada. No había burla en sus ojos, pero no dejó que continuara hablando.

—Atrevida. Me gusta —sentenció, y por un microsegundo su vista bajó a mis labios antes de volver a mis ojos—. Pero en esta empresa la audacia no lo es todo. No es lo mismo que una cafetería; aquí solo se acepta la eficiencia absoluta. La persona que ocupe este puesto estará bajo mi mando directo durante las horas laborales; debe tener toda su atención en esta empresa; no me gustan los errores. ¿Seguro puede con ello, señorita Baker?

Un escalofrío me recorrió la espina dorsal, pero me negué a pestañear.

—A mí tampoco me gustan los errores, señor Newman. Si el puesto es mío, tendrá mi eficiencia al cien por ciento.

—Excelente —dijo, poniéndose de pie. El traje gris hecho a la medida se ajustaba perfectamente a su imponente figura. Rodeó el escritorio y se detuvo a escasos centímetros de mi silla, obligándome a inclinar la cabeza hacia atrás para seguir mirándolo—. Mañana venga a las ocho en punto. Tampoco me gusta la imputabilidad

El corazón me dio un vuelco de triunfo; necesitaba obtener esta pasantía porque también iba a ser remunerada,  pero la cercanía de su cuerpo me recordó que estar cerca de este hombre, tal vez no sea tan bueno. Pensé rápidamente en mi hermana y en mis padres.

Me levanté de la silla, manteniendo las distancias, y le extendí la mano con profesionalismo.

—Aquí estaré. Muchas gracias por la oportunidad, señor…

Él tomó mi mano. Su agarre fue firme, cálido y una corriente eléctrica me sacudió el brazo. No me soltó de inmediato.

—Ah, y señorita Baker... —añadió con una voz que bajó una octava, volviéndose peligrosamente íntima—. Respecto a lo de hace un momento, no suelo pedir permiso para lo que quiero…

¡Joder! que me quiso decir con eso.

Me quedé sin aire. Clark me soltó la mano y abrió la puerta. —Licenciada, pase; tenemos que hablar.

Yo salí por la misma puerta por la que había entrado y me topé con una mirada arrepentida de la que seguramente era Sheryl Mendez.  Por el tono usado por el señor Newman, supe que tenía algo que ver con la mujer de cuando llegué y que le iba a caer una buena.

Aun así, estaba contenta; tenía la pasantía y eso significaba que tendría un ingreso por 6 meses.

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