Capítulo 1 El beso
Acomodé un mechón rebelde de mi cabello castaño detrás de mi oreja, mientras veía el letrero de letras brillantes que resaltaba "Newman". Solté un suspiro tembloroso, necesitaba esta pasantía.
Entré con paso firme a través de las puertas de vidrio hacia la recepción, donde una joven rubia de una belleza casi intimidante se encontraba.
—Buenos días… —dije con la mejor de mis sonrisas.
—¿Tiene cita para hoy? —soltó de forma cortante, cuyo gafete la identificaba como Amaranta.
—Buenos días —repetí, manteniendo la compostura—. Sí, vengo a una entrevista de trabajo a las 9:00 am
—Nombre, por favor.
—Elena Baker.
La vi teclear mi nombre para imprimir un carnet de identificación. Al extendérmelo, apenas me miró.
—Suba por el ascensor de su derecha. Cuarto piso, puerta de la derecha —indicó
—Gracias —respondí, con una sonrisa amable.
Caminé hacia los ascensores y presioné el botón. Mientras esperaba, escuché un cambio drástico en el tono de voz de la recepcionista. Una risa melosa llegó a mis oídos.
—Buenos días, señor Noah.
No quise voltear, pero no pude evitar pensar que la mujer sí sabía decir "buenos días". El ascensor se abrió y entré de inmediato. Justo antes de que las puertas se cerraran, una mano las detuvo. Un hombre de traje impecable se deslizó dentro, con un perfume caro.
—Buenos días, señorita —me saludó, regalándome un guiño juguetón mientras marcaba el noveno piso.
—Buenos días —respondí, tratando de no quedarme boquiabierta mientras observaba cómo se acomodaba su cabello castaño claro con sensualidad.
Era el hombre más guapo que había visto en mi vida.
Cuando el ascensor llegó al segundo piso, ya había dejado de ver a aquel hombre tan impresionante. Las puertas se abrieron de nuevo y entró otro hombre. Me quedé sin aliento al notar el parecido físico con el primero; también tenía ojos azules y el mismo color de cabello, pero corto con gesto serio.
—Buenos días —dijo él secamente. Se colocó delante de nosotros sin dedicarme ni una sola mirada—. Noah, al menos llegaste a tiempo.
—Claro, Liam. Como siempre… —respondió el primero de forma pícara.
Ambos eran muy guapos; sentí que estaba entre Thor y Capitán América la definición perfecta de: él que sea, da igual…
Desde mi posición puede observar sus espaldas anchas y formadas. Dios, qué guapos son…
«Deja de verlos, tonta», me regañé. Puse la mirada fija en la pantalla que indicaba que había llegado a mi piso. Sostuve con fuerza la cartera cuando las puertas se abrieron.
—Tenga un buen día, señorita. —Escuche detrás de mí.
Me giré un poco para encontrarme con la sonrisa cautivadora de Noah y solo respondí.
—Igualmente.
Sin querer pensar demasiado en aquella sonrisa , o me enamoraría de él, miré el reloj del frente 8:55 am; estaba justo a tiempo. Frente a mí se encontraba una puerta de vidrio negro; iba a tocar cuando se abrió de par en par y salió un hombre. Me quedé inmóvil al verlo: era imponente y extremadamente guapo. Fue entonces cuando escuché.
—Amore mio, fue un pequeño error; no me puedes perdonar —dijo una mujer muy guapa con gesto de súplica.
Aquel hombre ni la miró; seguía viéndome a mí y de pronto sonrió de tal manera que me enamoro
—Cielo, por fin llegaste
Los ojos se me abrieron como platos. Acaba de decirme "¿Cielo?" ¿Me estaba hablando a mí? Podría ser el amor de mi vida pero…
Antes de que pudiera procesar la información o dar un paso atrás, el hombre acortó la distancia entre nosotros. Sentí la calidez de su mano firme posarse en mi cintura, pegándome a su cuerpo escultural, mientras se inclinaba hacia mí.
Me besó; aquellos labios eran increíblemente suaves pero firmes; fue un beso rápido, pero lo suficientemente demandante como para hacer que me recorriera un escalofrío por el cuerpo. Cuando se separó apenas unos centímetros, me guiñó un ojo con una complicidad que me erizó la piel.
—¿Clark? —La voz de la mujer detrás de él tembló, rompiéndose en una mezcla de indignación y sorpresa—. ¿Quién... quién es ella?
El hombre que ahora sabía que se llamaba Clark y que, por descarte, debía ser hermano de los otros dos, no la miró. Su atención seguía fija en mí. Tenía una mirada intensa de un azul tan oscuro y tormentoso que me obligó a tragar saliva.
—Te advertí que no iba a tolerar ninguno de tus amoríos, Vanessa —declaró Clark. Me soltó de la cintura solo para entrelazar sus dedos con los míos. Sus manos estaban sudadas, igual que las mías—. Como ves, ya estoy saliendo con alguien más.
«¡Qué, cuando empezamos a salir!», iba a aclarar este absurdo, pero la rabia en la mirada de la mujer hizo que apretara más la mano de mi supuesto novio.
Vanessa retrocedió un paso.
—Te juro que de esto se enterará mi padre —gritó pálida de la humillación—, te vas a arrepentir de estar con ella.
Solo pude pensar en su chillona voz, qué pesada.
—Cuida tus palabras o las tomaré como amenaza. —respondí.
—Como te metas con ella, la que se arrepentirá eres tú —dijo Clark, su tono ya no era dulce; era gélido, autoritario y peligroso.
