Capítulo 1 Embarazada pero recibió un aviso de ruptura
Punto de vista de Ember
Me quedé mirando el delgado reporte de la prueba en mi mano; las yemas de mis dedos temblaban sin control.
—Ocho semanas de embarazo, hay latido fetal y el embrión se está desarrollando bien —dijo el médico.
Tenemos un cachorro, nuestro hijo con nuestro alfa, esto es tan maravilloso, ¿lo sientes? El latido del bebé. Mi espíritu de loba, Emilia, gimoteó suave en lo más profundo de mi conciencia.
—Ember, ¿estás bien? —Penelope Wright se inclinó hacia mí y me arrebató el reporte de la mano; sus ojos ámbar estaban llenos de preocupación—. Quedar embarazada en un momento así... ¿aún puedes irte al extranjero?
Al extranjero. Claro, el mes pasado acababa de recibir una oferta de aquella famosa empresa de diseño en Manhattan. El plan era irme de aquí después de ser rechazada y empezar una vida nueva. Pero ahora, esa pequeña vida inesperada lo había trastocado todo, por completo.
Abrí la boca, pero tenía la garganta demasiado seca para que saliera un sonido. Emilia susurró en mi mente:
—Apuesto a que cambiará de opinión, porque tenemos un cachorro. Esto es esperanza.
—Necesito volver y hablarlo con Asher —logré decir a la fuerza, aunque no tenía ninguna confianza.
Tres años como pareja, y Asher Blackwood siempre había mantenido una actitud cortés pero distante. Nunca mostraba sus emociones verdaderas frente a mí. Éramos más como socios de negocios que como verdaderos compañeros. Conocía demasiado bien la naturaleza de esta relación: yo había estado enamorada de él durante años, mientras que él solo necesitaba una Luna para acallar la presión de los ancianos de su familia.
Saqué mi teléfono y marqué el número de Asher.
El timbre sonó una y otra vez, pero nadie contestó. Lo intenté de nuevo, con el mismo resultado.
—Quizá está en una reunión —me consoló Penelope—. ¿Regresamos primero?
Asentí, guardé el teléfono y me preparé para irme. En ese momento, unos pasos familiares llegaron desde el extremo del pasillo. Levanté la vista y todo mi cuerpo se quedó rígido al instante.
Asher sostenía a una mujer de aspecto delicado mientras salían de un consultorio. Ella tenía el rostro pálido, prácticamente se recargaba en su abrazo, y sus movimientos eran cuidadosos y gentiles; en sus ojos había una ternura que yo jamás le había visto.
Era Chloe Hamilton. La reconocí: la mujer que sonreía con brillo en la foto escondida en el cajón de Asher. Su exnovia… o, más bien, su Pareja Predestinada, la destinada elegida por la Diosa de la Luna.
—Asher, perdón por molestarte otra vez, pero el bebé es tan travieso… —La voz de Chloe era débil, pero dulce, mientras levantaba la mano para acariciarse el vientre con suavidad.
—No pasa nada —respondió Asher en voz baja, con una suavidad que jamás le había escuchado. Le sostuvo la cintura, apoyándola con cuidado mientras avanzaban.
Sentí como si una mano invisible me apretara el corazón, dejándome sin aire. Emilia lanzó un aullido de dolor dentro de mi conciencia; la sensación de desgarro casi me dejó sin fuerzas para mantenerme en pie.
Asher percibió algo y giró apenas la cabeza hacia este lado. Por instinto, jalé a Penelope hacia la esquina; apoyé la espalda contra la pared fría, con el corazón latiéndome tan rápido que sentí que me iba a estallar en el pecho.
—¿Qué pasa? —preguntó Penelope en voz baja.
Negué con la cabeza, forzando una sonrisa.
—Nada.
Yo era, claramente, a quien él había marcado como su pareja, y aun así me escondía como si hubiera hecho algo vergonzoso. Lo absurdo de todo me dio ganas de reír.
Cuando los pasos se desvanecieron, me asomé con cuidado. Asher estaba ayudando a Chloe a acercarse al elevador, sus siluetas tan íntimas como las de una pareja enamorada. En cuanto las puertas del elevador se cerraron, lo vi inclinar la cabeza y besarle la frente.
En ese instante, lo entendí de golpe.
El bebé en el vientre de Chloe muy probablemente era de Asher. Y este informe de prueba de embarazo en mi mano no era más que una broma.
Los recuerdos me inundaron como una marea. Tres años atrás, el flujo de caja del Grupo Blackwood colapsó, tambaleándose al borde de la bancarrota. Asher le propuso matrimonio a Chloe, pero ella se negó, diciendo que sus estudios eran lo primero. Eligió irse al extranjero para seguir estudiando, dejándolo con el corazón roto.
Por disposición de la abuela Blackwood, yo fui quien llenó ese vacío. La Marca que él dejó en mi cuello nunca representó sentimientos reales.
Ahora que Chloe había vuelto de sus estudios, era momento de hacerme a un lado para su verdadera compañera destinada.
Apreté con fuerza el informe de la prueba de embarazo en la palma, dejando que el borde del papel se me clavara en la piel.
Cuando regresé a la propiedad de los Blackwood, ya estaba anocheciendo. Escondí el informe en lo más hondo de mi cajón y luego me senté en el borde de la cama, aturdida. La imagen de Asher sosteniendo a Chloe se repetía una y otra vez en mi mente, dejándome confundida y dolida.
¿Debía decírselo? ¿Decirle que estaba embarazada?
¿Pero a él le importaría? ¿Cambiaría de opinión por este bebé?
Negué con la cabeza con una sonrisa amarga. Esa idea era demasiado ingenua.
Al caer la noche, sonaron pasos conocidos en la entrada. Respiré hondo y caminé hasta lo alto de las escaleras. Asher acababa de cruzar la puerta, aún con el frío de afuera encima.
—Volviste —me acerqué como siempre, intentando mantener la voz serena.
Él alzó la mirada hacia mí y luego sacó un documento de su maletín y me lo tendió.
Era un acuerdo de división de bienes.
Sentí como si una roca enorme me hubiera golpeado el corazón, hundiéndolo al instante hasta el fondo.
—Chloe volvió —dijo Asher—. Deberíamos disolver el vínculo de pareja. Voy a rechazarte.
Me temblaron los dedos al tomar el documento, pero no fui capaz de abrirlo. Mis ojos se quedaron fijos en su rostro apuesto pero frío, y sentí la garganta obstruida por algo.
—¿Y si…? —me costó hablar; la voz me temblaba horriblemente—. Quiero decir, ¿y si yo estuviera embarazada? ¿Querrías a este bebé?
Asher frunció un poco el ceño; un destello de confusión cruzó sus ojos.
—Usamos protección cada vez. ¿Cómo podrías estar embarazada?
—Dije “¿y si?” —enfatizé.
Me miró con firmeza y, tras un momento, habló despacio:
—No.
Firme, tajante, sin dudarlo.
Sentí que el corazón se me hacía pedazos. Emilia aulló: ¡¡¡No!!!
—¿De verdad estás embarazada? —preguntó Asher, desconfiado.
