CapĂtulo 3
El que cuenta la historia cuando Alina no puede hacerlo por ti
Alina se retuerce de agonĂa, gruñendo mientras el dolor la consume. Sus huesos crujen y se expanden, obligando a su piel a estirarse y adaptarse a la nueva forma. Siente una presiĂłn aplastante. MĂșsculos, Ăłrganos internos y piel se ajustan a la nueva estructura Ăłsea. La piel se siente tensa y estirada, hasta que se desgarraâhasta que Alina misma comienza a arrancarla para dar paso al monstruo.
El proceso parece interminable, pero termina abruptamente cuando siente algo perforar su carne, quemåndola. A pesar de estar delgada y debilitada por la mala alimentación, la forma de lobo de Alina sigue siendo formidable: un lobo grande, rojizo, con ojos amarillos penetrantes, casi del tamaño de un caballo.
Jared es ciertamente astuto, pero no reconoce que el CALENDARIO sigue siendo un viejo enemigo de Alina. No piensa que, incluso cuando estĂĄ confinada entre cuatro paredes, aislada de la luz de la luna llena, la bestia voraz dentro de ella aĂșn podrĂa liberarse.
Pero lo hace.
Cuando Jared escucha el alboroto, corre de regreso a la habitaciĂłn. Al presenciar la horrĂfica escena de la transformaciĂłn de Alina, reacciona instantĂĄneamente, lanzĂĄndole su cuchillo de plata. El cuchillo la golpea en la clavĂcula, pero la reestructuraciĂłn de sus huesos expulsa la hoja. Apresuradamente, Jared huye y vuelve a cerrar la habitaciĂłn con llave.
Alina ni siquiera se da cuenta de lo que sucediĂł entre el momento en que perdiĂł el conocimiento y el sonido del cuchillo golpeando el suelo. En su mente, un solo e innegable impulso eclipsa todo lo demĂĄs: un hambre profunda y primitiva la devora, insaciable y abrumadora.
Cojeando ligeramente, Alina sacude la cabeza y gruñe, babeando y espumando por las comisuras de la boca. Lanza su enorme cuerpo cubierto de pelo contra la puerta y lo hace una, dos, tres veces. La madera se rompe.
Jared se tambalea con las llaves, tratando de encontrar la que pueda asegurar su supervivencia.
Click, click, click, hacen las garras de la loba hambrienta cuando avanza hacia él. El gruñido profundo de Alina parece hacer temblar las paredes.
Jared grita, y lo Ășltimo que siente antes de que su conciencia se sumerja en el dolor y desaparezca por completo son los afilados dientes de la maldita loba abriĂ©ndose de par en par y desgarrando su carne, arrancando mĂșsculos y huesos en un solo mordisco que casi lo parte en dos.
Alina ha matado a su compañero.
Al igual que sus padres en el pasado, ha cometido un crimen imperdonable. Y no importa si Jared le hizo daño, no importa si fue pagado o no para torturarlaâse casaron frente a la diosa.
Apresuradamente, y sin darse cuenta de lo que acaba de hacer, Alina devora todo. Solo quedan huesos roĂdos. Pero aĂșn tiene hambre. AĂșn quiere mĂĄsânecesita mĂĄs. AsĂ que, tal como hizo para romper la puerta de la habitaciĂłn, Alina se lanza contra la puerta de la casa hasta que tambiĂ©n logra romperla.
Alina finalmente es libre.
La loba corre torpemente por el campo abierto, sin rumbo, buscando cualquier cosa que se mueva para atacar, masticar y tragar.
Un torbellino de diferentes olores invade sus fosas nasales, dejĂĄndola confundida y furiosa. Pero avanza sin mirar atrĂĄs. Su hombro todavĂa duele mucho, pero Alina no estĂĄ en condiciones de prestar atenciĂłn a eso.
Sin embargo, de repente, al llegar a la entrada de un bosque y la casa donde soportĂł un infierno mucho peor que el dejado atrĂĄs de los muros de Agares ya no es visible en el horizonte, Alina se detiene tan abruptamente que sus patas resbalan en el suelo, arrancando hierba y tierra.
Alina percibe un olor muy fuerte, tan fuerte que hace que todo el pelo de su columna se erice. Es un almizcle caliente que le cosquillea las fosas nasales, traĂdo por la brisa nocturna.
Escucha un gruñido mĂĄs profundo y reverberante que el suyo, una advertencia de que cualquier acercamiento debe hacerse con precauciĂłn. Luego, una silueta oscura emerge entre los ĂĄrbolesâuna figura imponente y corpulenta con una anatomĂa inusual, sus piernas ostentando una tercera articulaciĂłn cerca de las pantorrillas. Es inconfundiblemente un Lycan macho transformado. Sin embargo, Alina no estĂĄ en condiciones de reflexionar sobre su propĂłsito allĂ, en ese lugar.
Ăl sale de las sombras, y su imagen se vuelve clara. Mostrando toda la grandeza de un cuerpo musculoso que mezcla caracterĂsticas humanas con la fuerza y apariencia de un lobo, se mantiene en dos patas. Su pelaje es tan negro como el carbĂłn, y tiene ojos intensamente amarillos que se vuelven hacia Alina, enviĂĄndole silenciosamente un mensaje de amenaza.
Abre la boca, mostrando casi todos sus dientes, y luego dice:
âNo te muevas, niña. Si necesito morderte para calmarte, lo harĂ©.
Pero Alina no le escucha. Su respuesta es mostrar también todos sus dientes y lanzarse hacia adelante.
Intenta morder la pierna del Lycan, pero él la evade råpidamente, esquivando hacia la derecha y apoyåndose en el suelo con sus enormes pies y manos.
El Lycan mantiene sus ojos amarillos fijos en la loba incontrolable, que se da la vuelta y corre hacia él de nuevo, llena de hambre, lista para arrancar un pedazo de su cuerpo.
Alina intenta morder de nuevo, pero sus colmillos encuentran el vacĂo del aire mientras el Lycan la esquiva hĂĄbilmente. Confundida, lo intenta una y otra vez. Pero con garras afiladas y reflejos rĂĄpidos, el Lycan bloquea los ataques frenĂ©ticos de Alina, esquivando con gracia como si estuviera jugando con ellaâo tratando de encontrar una apertura.
Sin embargo, el Lycan no estĂĄ tratando de atacar, y en otras circunstancias, Alina encontrarĂa extraña su actitud evasiva. Es como si realmente no quisiera hacerle daño.
La pelea se extiende en una coreografĂa mortal, ambos adversarios moviĂ©ndose en una sincronĂa salvaje. El Lycan usa su astucia para evitar los ataques de Alina, siempre un paso adelante, mientras que la loba, enfurecida e incapaz de contener su voraz hambre, continĂșa atacando con una determinaciĂłn implacable.
En un momento de descuido, el Lycan no logra esquivar a Alina y se ve obligado a bloquearla con un antebrazo presionado contra su garganta, mientras su otra mano agarra firmemente una de sus patas, tratando de mantener su hocico alejado de Ă©l. Aun asĂ, el Lycan logra girar con ella en la hierba y asegurar la cintura lupina de Alina con sus rodillas y muslos, inmovilizĂĄndola parcialmente debajo de Ă©l.
âÂżCuĂĄl es tu problema, niña? âpregunta el Lycan entre gruñidosâ. ÂĄCĂĄlmate!
Pero una vez mås, Alina responde con nada mås que un gruñido que rasga el aire.
No deja de moverse, sacudiendo sus patas y cabeza, tratando de morder a toda costa. Sus narices casi se tocan en varios momentos mientras él observa su furia incontrolable.
Alina muerde el aire varias veces, resultando en una mirada desconcertada del Lycan, hasta que su pata delantera libre golpea su hombro en medio del frenesĂ. Aunque sus garras no son tan grandes como las de su oponente, aĂșn son afiladas y logran arrancar algo de pelaje negro.
El Lycan suelta un gruñido irritado. El olor metålico de la sangre capta la atención de ambas bestias mientras se miran durante medio segundo. Sin embargo, en lugar de intentar un ataque directo, el Lycan mueve su boca hasta formar una sonrisa insana mientras dice:
âLo entiendo. No me escucharĂĄs. AsĂ que tendrĂ© que olvidar mis modales de caballero y hacerlo de la manera ruda.
Con fuerza sobrenatural y en un movimiento råpido, el Lycan agarra la enorme cabeza de la loba y cierra los dedos de su mano derecha alrededor de su hocico, impidiéndole abrir la boca. Luego presiona su hocico contra el suelo y afloja el agarre de sus piernas alrededor de ella. Al hacerlo, el Lycan permite que Alina, en su furia desenfrenada, retuerza su cuerpo debajo de él e intente escapar, pero el Lycan råpidamente se sienta sobre su espalda y bloquea sus rodillas una vez mås.
En un movimiento calculado, el Lycan golpea a la loba en la parte posterior de su cabeza. Es un golpe preciso, aplicando la fuerza justa para dejarla inconsciente sin causarle daño grave.
DespuĂ©s de un Ășltimo gemido, Alina deja de moverse. Ella yace dormida debajo del Lycan, quien espera unos segundos antes de soltarla y levantarse de ella. Quiere asegurarse de que esto no sea una artimaña.
Los Ășnicos sonidos ahora son las respiraciones pesadas de la loba y el Lycan de pelaje negro. Se apoya con las manos en el suelo, queriendo observarla mĂĄs de cerca, y presencia el momento en que el cuerpo lupino de Alina disminuye lentamente, ganando caracterĂsticas humanoides, hasta que solo queda una mujer delgada y desnuda tendida en la hierba; su cuerpo cubierto de moretones, cicatrices antiguas y una herida en el hombro. Su cabello es tan rojo como el pelaje de la bestia que el Lycan acaba de derribar.
El Lycan deja de sonreĂr y olfatea su rostro, luego desliza sus grandes manos debajo de su cuerpo y levanta a Alina en sus brazos. Ella es tan pequeña en los brazos musculosos del Lycan que no tiene problemas para acomodarla mientras se pone de pie sobre dos piernas.
âBueno... Ahora podemos tener una conversaciĂłn civilizada âdice antes de llevar a Alina hacia la oscuridad del bosque.
