La doctora cautiva del coronel

Download <La doctora cautiva del coronel> gratis!

DOWNLOAD

Capítulo 5 Capítulo 2a

—¿Y qué planea hacer, doctora? —su voz bajó una octava—. ¿Escapar? No llegaría ni a cien metros.

—Tengo gente que notará mi ausencia —espeté fingiendo valentía—. Estarán buscándome.

Una sonrisa apenas perceptible apareció en su rostro, no era burlona, era de lástima, como si estuviera hablando con una niña ingenua.

—Ya nos encargamos de eso —se enderezó—. Estamos hablando de un operativo que lleva años construyéndose, en lo que respecta a sus seres cercanos, saben que está bien, tomándose unas vacaciones largas después de una traición amorosa.

¿Cómo supo eso? No tenía sentido. Nadie más que yo… Y Ramsés y la interna lo sabían. Los chismes en el hospital corrían como el agua, apostaba a que la interna habló. ¿Mi madre se tragaría ese cuento? No éramos las más cercanas, pero si pasaban dos semanas sin hablarle, al menos tenía que sospechar que algo andaba mal.

—Qué decepcionante es saber que no hay respeto y cualquiera puede enterarse de la intimidad de alguien más —No respondió, simplemente hizo un gesto de indiferencia—. Muchos testigos vieron cuando me secuestraron, créame, no pasó desapercibido.

—Se sorprendería, doctora, de lo sencillo que es crear historias y convencer a la gente.

Algo en su tono provocó que cualquier réplica muriera en mi boca. Para cada excusa tenía una respuesta, no tenía sentido luchar.

—Puede retirarse.

Tenía mil preguntas, pero me puse de pie con las piernas temblorosas, no tenía energía para seguir discutiendo.

Caminé hacia la puerta, pero su voz me detuvo.

—Doctora Báez.

Me volteé lentamente.

—Mientras más pronto acepte su situación, más fácil será para todos. Incluyéndola a usted.

No respondí. Salí y cerré la puerta con más fuerza de la necesaria.

Morales me esperaba afuera con la misma expresión neutral, lo miré con todo el odio que sentía en ese momento.

—Te mostraré el comedor y te conseguiré lo que necesites.

Lo seguí en silencio.

El comedor era amplio, con varias mesas largas donde algunos soldados comían. Todos voltearon a verme cuando entré. Me sentí como un animal en exhibición.

—Ignóralos —dijo Morales—. No están acostumbrados a tener civiles aquí.

Nos sentamos en una mesa apartada. Una mujer de unos treinta años se acercó con una bandeja. Era atractiva, de cuerpo atlético y movimientos seguros. Su mirada me recorrió de pies a cabeza, no parecía muy contenta.

—Tú debes ser la nueva doctora —su tono era evaluativo—. Soy María.

—Georgina —respondí con tono apagado.

—El coronel está desocupado —le dijo Morales—. Por si quieres ir.

María esbozó una sonrisa que no supe descifrar, Morales demostró incomodidad cuando la mujer se alejó con un contoneo calculado. Algo en ella me puso los nervios de punta.

—Come rápido.

La comida desprendía un aroma agradable, mi estómago gruñó en una súplica. Llevaba más de un día sin comer, pero en cuanto vi la imagen de comida, las náuseas me golpearon debido a que la imagen de Ramsés con esa chica volvió a mi mente.

Tenía el camino libre, sería tan fácil para él olvidar la traición. Porque mientras estuviera aquí, prisionera, él seguiría con su vida como si nada, revolcándose sin culpa con la interna.

Y luego estaba el otro asunto, el de mi padre, ahora no me quedaba duda alguna de que esta gente podía encontrar hasta el más oscuro secreto. Sería cuestión de tiempo para que se dieran cuenta de que era hija del hombre que buscaban.

—No tengo hambre.

—Tienes que comer.

—No quiero.

Morales suspiró.

—Bien, entonces estamos perdiendo el tiempo.

No insistió más, seguimos el recorrido.

Varias veces miré hacia el exterior, el bosque cerniéndose sobre la propiedad le daba un aspecto lúgubre. El coronel dijo que me sería imposible escapar, pero una parte de mí creía que valía la pena intentarlo.

Morales me llevó a un cuarto de suministros. Conseguí ropa más acorde a mi talla, incluido un uniforme militar, además tomé todo lo de aseo personal que requería. Todo era genérico y de calidad dudosa, no es que fuera rica ni mucho menos, pero me gustaba invertir en un champú que no tuviera un aroma… Básico.

—¿No tiene nada más... Normal? —pregunté mirando la ropa, era de civil, pero nada que ver con mi estilo.

—Esto es lo que hay. Si quieres algo más, tendrás que pedírselo al coronel.

Preferiría andar desnuda antes que pedirle algo a ese hombre.

De regreso en mi habitación, me recosté en la cama. Mi trabajo comenzaba al día siguiente, mientras, podía descansar.

Mis pensamientos, aunque no quisiera, seguían dando vueltas entre Ramsés y mi padre, decidí centrarme mejor en los de mi papá.

No tenía teléfono, ni acceso a internet, estaba aislada. Necesitaba buscar información de mi padre. Espinosa y Ferrer eran conocidos a nivel nacional, pero de Carlos Flores (nuestro apellido antes de la tragedia) jamás se había escuchado, al menos jamás lo oí en noticias.

Si pudiera simplemente poner su nombre en el navegador, saber si al menos seguía vivo, tal vez aparecía en alguna foto de una noticia vieja. Él no era malo, no era justo que lo pusieran como uno. Ahora que me encontraba en una situación similar, en la que trabajaba en contra de mi voluntad, podía entenderlo.

Suficiente. Era una chica en apuros, pero ningún príncipe vendría a salvarme, todo dependía de mí.

Sin pensarlo puse seguro a la puerta y fui a la ventana del baño, esa era mi única oportunidad.

Me paré sobre un banco que puse sobre la taza del excusado, logré abrir la ventana y el aire fresco me pegó de lleno. Estaba anocheciendo, quise verlo como un punto a mi favor, hice uso de todas mis fuerzas y logré alzarme.

Lo primero que hice fue meter las piernas, sentí que sería más fácil escapar de esa manera. No hubo mucho problema, pero después llegué a la cadera y me estanqué. Oh vamos, era plana, no tenía buenas curvas.

Me empujé fuertemente y logré pasar. ¡Sí! Sabía que debía servir para algo. La siguiente parte fue más difícil, pues sacar el pecho se convirtió en una misión imposible. Llevaba como quince minutos atorada, cuando tres toques duros resonaron por la habitación.

Vorig hoofdstuk
Volgend hoofdstuk