Capítulo 2 Capítulo 1a
Hora y media después, el hombre estaba estable.
Mis manos cubiertas de sangre me revolvieron el estómago, nunca me dio miedo la sangre, pero en este momento, con varias horas de ayuno y una traición clavada en el corazón, la vista escarlata me provocó disgusto.
Mi respiración agitada era lo único que acompañaba al pitido del monitor, mi corazón desbocado golpeaba mi pecho y era lo único que me recordaba que seguía viva, tenía que mantenerme así. Ya no les era útil, podían hacer conmigo lo que quisieran.
Extrañamente, no escuché sonidos de sirenas, fui secuestrada, obviamente alguien tuvo que denunciarlo, ¿Por qué no me habían encontrado? El viaje duró diez minutos, no debíamos estar muy lejos del hospital.
—¿Por qué no sigues? ¿Ya está salvado?
El gruñido del hombre más cercano a mí me provocó un escalofrío. Si decía que el trabajo estaba hecho, alguien podría dispararme en la nuca. De momento tenía la aguja en la mano, era fina, pequeña, pero era mejor que nada.
Me armé de valor y ataqué al hombre a mi lado. No solté un grito de guerra, ni siquiera respiré, solo me lancé. El elemento sorpresa fue un punto a mi favor, el tipo soltó un grito ahogado y caímos hacia el suelo, el carrito del instrumental cayó junto a nosotros.
No perdí el tiempo, lo pateé y tomé el bisturí. Me puse en pie lo más rápido posible y di tres pasos hacia la salida.
Como era de esperarse, otro hombre me cerró el paso, pero lo apuñalé dos veces en el brazo. A pesar de que funcionó momentáneamente, volvió a atraparme, forcejeamos duramente, él tenía las de ganar, pero logré quitarle el pasamontañas, si me iba a matar, al menos me iría sabiendo quién era el maldito.
La mirada del tipo, lejos de ser cruel, fue de confusión, posteriormente cambió a pena.
—No debiste hacer eso —suspiró y al fin me sometió.
De nada sirvieron mis gritos y súplicas, uno a uno, fueron descubriendo sus rostros. Algo en sus movimientos me hizo detener mi forcejeo, ¿no deberían haberme disparado ya?
Al notar mi confusión, uno de ellos habló.
—Solo tenías que terminar, te regresaríamos sana y salva.
—Ah, ¿sí? —respondí, cínica—. Me secuestraron para salvar a un hombre que evidentemente no está en algo legal, ¿cómo debía adivinar que todo saldría bien si nunca me lo dijeron?
Dos de ellos intercambiaron una mirada, el de cabello castaño y ojos oscuros dio un paso hacia mí.
—Teníamos que hablar lo mínimo —se encogió de hombros—. Y ahora todos pagaremos las consecuencias.
¿A qué se refería? El terror me invadió al ver que me acercaban de nuevo la bolsa de tela, intenté removerme, pero fue imposible.
—Avísenle a Carabelli, que él decida qué hacer.
Estuvimos cerca de media hora esperando, me tuvieron sentada, esposada y solo escuchaba el sonido de ellos, ¿recogiendo? Parecía que estaban desmontando.
—Que no la devolvamos.
Esa afirmación me atravesó, no era libre, quién sabe qué harían conmigo.
Esta vez, el viaje fue mucho más largo. Estaba asustada, enojada, cansada… Ya no tenía fuerzas para pelear o tratar de escapar, solo quería dormir y despertar cuando esta pesadilla llegara a su fin.
Odiaba a estos hombres, pero odiaba aún más a Ramsés, de no ser por él, jamás habría corrido y terminado en urgencias. Tal vez alguien más estaría en mi lugar, pero el muy cabrón tuvo a bien engañarme. ¿En el hospital? Obviamente lo descubriría tarde o temprano, tampoco es que fuera tan grande.
¿Cuánto tiempo llevaba teniendo sexo con ella? Oh, por dios, me sentía asqueada, seguramente más de una vez me besó después de besarla a ella, me sedujo después de haber estado con ella, ¿lo habrá hecho en nuestra cama? Apenas llevaba seis meses viviendo con él, pero…
El vehículo frenó de golpe y casi me fui de bruces. Me quitaron la bolsa y lo que vi me hizo olvidar mi desgracia por un segundo: Estábamos en una casa de campo y una muy lujosa. Era exactamente como la casa que imaginaba tener de grande cuando era niña.
Sin embargo, el interior era muy extraño. Era lindo, sí, pero parecía adaptada a… Un cuartel. Tenía pinta militar.
Ahogué un grito, ya sabía que esta gente no era buena, pero creí que se trataba de una pandilla, esto parecía mucho más grandes, ¿sería un cartel? ¿Alguna mafia? No, por favor no.
Después de girar un par de veces, dimos con una puerta de madera, lujosa, imponente. El hombre de cabello castaño me empujó a través de la puerta.
Y entonces lo vi, mis ojos se abrieron de par en par y mi corazón se aceleró un poco más de lo que ya estaba. Me quise convencer de que se trataba de miedo, y una parte lo era, pero la otra parte era algo más, algo que no quería reconocer.
Detrás del escritorio, un hombre increíblemente atractivo se levantó.
Era alto, de complexión atlética envuelta en un uniforme militar impecable. Tendría unos cuarenta años, cabello oscuro pocas canas salpicando sus sienes. A pesar de la edad, algo en él era magnético, estaba increíblemente bien conservado. Tragué saliva e instintivamente di un paso hacia atrás. Sus ojos verdes me atravesaron con una intensidad indescriptible.
Era muy atractivo, pero su aura gritaba peligro, era lo que la luz a la polilla.
Y, en definitiva, yo era la polilla.
