La curvy obsesión del Alfa

Download <La curvy obsesión del Alfa> gratis!

DOWNLOAD

Capítulo 3 La ceremonia que nunca quise. Parte 2.

—Charlotte, ¿cómo puedes ser tan cruel con tu propia hermana? —dijo en voz alta, para que todos escucharan. — Ella solo quiere lo mejor para ti. —

Las lágrimas de Juliette brillaban bajo la luz de las antorchas. Perfectas. Hermosas. Yo, en cambio, sentía el peso de todas las miradas acusadoras.

Entonces, en un movimiento que pareció coordinado, Sebastian me empujó con disimulo mientras fingía consolar a Juliette. Tropecé hacia atrás y caí directamente sobre la mesa del banquete. El enorme pastel de tres pisos, decorado con rosas de azúcar y lunas plateadas, se derrumbó sobre mí. Crema blanca y trozos de bizcocho mancharon mi vestido negro por completo. El frío de la crema se filtró hasta mi piel.

La risa estalló entre algunos invitados. Otros murmuraron con desaprobación, pero nadie intervino.

Me quedé allí, sentada en el suelo, cubierta de pastel, con el vestido arruinado y el corazón latiendo con fuerza. El olor dulce me revolvió el estómago. Levanté la vista y vi a Sebastian y Juliette intercambiando una mirada cómplice. Lo habían planeado. O al menos, él había aprovechado el momento para humillarme frente a todos.

Me puse de pie lentamente, quitándome trozos de pastel del cabello, y mi voz salió más firme de lo que esperaba:

—Basta. — dije.

Sebastián se giró hacia mí con una sonrisa burlona.

—¿Basta? ¿Ahora te haces la víctima, Charlotte? Todos saben que envidias a Juliette. Eres más gordita, menos hermosa…¿crees que no lo noto? Jamás te querría como mi luna. Solo lo hago por la alianza entre nuestras manadas. ¿Quién querría tomar a una loba como tú cuando puede tener a alguien como ella? —

Sus palabras fueron como otro latigazo. La multitud murmuró. Mi padre, el Alfa Henri Dupont, frunció el ceño, pero no dijo nada en mi defensa.

Respiré hondo y miré a Sebastián directamente a los ojos.

—Entonces no me tendrás. Rechazo el vínculo. No me uniré a ti. — dije como un ultimátum, sin dar margen a nada más.

Un jadeo colectivo recorrió el jardín.

Mi padre dio un paso adelante, rojo de ira.

—¡Charlotte! ¡La ley del lobo es clara! Como hija mayor, debes unirte al alfa destinado. ¡Confórmate con no ser amada si es necesario! Es tu deber. Dale un hijo a Sebastian, y quédate en las sombras, como siempre. — mi padre gritó esperando a que, como siempre, yo cediera.

—No. — respondí, con la voz temblando, pero clara. — No me conformaré con ser humillada el resto de mi vida. —

El rostro de mi padre se endureció.

—Si te niegas, serás desterrada para siempre y marcada como una loba sin pareja. Nadie te querrá. ¿Eso es lo que quieres? —

El silencio se hizo pesado. Sentí las miradas de todos sobre mí: lástima, desprecio, curiosidad. Raphael Tudor seguía observándome desde su lugar, con esa intensidad que no lograba descifrar.

Me mantuve firme.

—Prefiero ser desterrada que vivir atada a alguien que me desprecia. —

Mi padre hizo un gesto brusco con la mano.

—¡Traigan el látigo! —

Uno de los betas trajo el látigo de cuero negro trenzado. Mi padre lo tomó con fuerza.

—Serás castigada por negarte a tomar a tu alfa destinado, Charlotte. Quizás así aprendas cuál es tu lugar. —

El primer latigazo cayó sobre mi espalda. El dolor fue cegador. Me mordí el labio hasta sangrar para no gritar. El segundo me hizo tambalear. El tercero abrió la piel bajo el vestido arruinado.

Caí de rodillas, respirando entrecortadamente. La crema del pastel se mezclaba ahora con sangre. Otro golpe se acercaba.

—¡Detente! —

La voz profunda y autoritaria resonó en todo el jardín. Todos se congelaron.

Alfa Raphael Tudor se acercó con pasos firmes, su aura de Alfa estaba envolviendo el lugar como una tormenta, y se interpuso entre mi padre y yo, deteniendo el brazo del látigo con una mano.

—Basta de esto. —dijo con voz calmada pero inquebrantable. — Esta loba no será castigada más. —

Mi padre frunció el ceño.

—Alfa Tudor, lo respeto, pero esto es un asunto interno de la manada Dupont…

—Ahora ya no. —interrumpió Raphael. Sus ojos agua marinos se posaron en mí, y por primera vez en mucho tiempo, alguien me miró sin desprecio. Me miró como si valiera algo.

— Yo la quiero. —

El silencio fue absoluto.

Raphael extendió su mano hacia mí, ayudándome a levantarme con una gentileza sorprendente para alguien de su tamaño.

—Charlotte Dupont, te tomo como mi compañera. Si me aceptas. —

Levanté la vista hacia él, aturdida, con el cuerpo dolorido y el vestido destrozado. Su mirada era firme, protectora, y había algo más… algo que hacía que mi loba interior se removiera con una calidez que nunca había sentido con Sebastián.

Mi padre protestó, pero Raphael no apartó los ojos de mí, esperando mi respuesta.

Y por primera vez en mi vida, sentí que tenía una elección real.

Sin embargo, no pude evitar preguntarme, ¿Por qué Raphael Tudor, entre todos los Alfas, querría a alguien como yo a su lado?

Aquel era el Alfa que lideraba a la manada más poderosa del mundo, todos le temían, y nadie jamás se atrevía a cuestionarlo de frente…alguien como yo, por supuesto, era demasiado fea e insignificante a su lado. No podría jamás ser marcada por alguien así. Ni por error.

—Lo siento, pero no. — respondí. — Me niego a pertenecerte por lastima. —

La mirada de aquel hombre tan apuesto se suavizo.

—Si no tomas a una pareja, Charlotte, veré que pongan sobre ti la marca del rechazo, para que nadie más se atreva a tomarte como su compañera…deja esta rabieta y acepta a Sebastián, como habíamos pactado que haríamos. — mi padre me amenazo.

Sabía que, si no tomaba a Sebastián, mi destino era peor que la muerte, pero, aun así, me mantuve firme.

—No. — volví a decir.

Vorig hoofdstuk
Volgend hoofdstuk