La Chica Llamada Echo

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Capítulo 5 Seguro

POV de Isabella

Alex me lleva a casa. Me siento mal porque se sale de su camino.

Soy de la familia Lorenzo, en Italia. Allá somos un apellido importante. Mis padres tienen dinero. Querían que me casara con Dmitri Orlov, el Don de la mafia rusa. En realidad no lo querían; él sí. Sabían que era muy poderoso, así que lo aceptaron. No querían enfrentarse a él.

Me ha estado acosando, hizo que me secuestraran; se fue en avión de vuelta a Rusia, a Italia. Está loco. Está obsesionado.

Nos conocimos en una gala a la que fui con mis padres cuando tenía dieciséis. Esa gala inició su obsesión. Dice que soy suya. Al menos esperó a que cumpliera dieciocho para empezar con sus locuras. Ahí fue cuando todo se fue al demonio.

Me mudé de Italia a Estados Unidos. Esta es la quinta vez que tengo que mudarme en ocho meses.

Cada vez que consigo un trabajo, me encuentra. Por eso peleo. Me entrenaron para hacerlo. Además se me da muy bien. Y también suelen subestimarme, lo que me da ventaja.

Alex tiene una cabaña pequeña de una habitación en el bosque, a una hora de la ciudad. Está junto a un lago, árboles por todas partes. Me encanta. No me deja pagarle nada, pero yo sigo intentándolo.

—Aquí tienes, hermosa. Déjame acompañarte hasta la puerta y revisar adentro. Me haría sentir mejor —me suplica con la mirada.

Asiento y caminamos de la mano hasta la puerta. Toma mis llaves y entramos.

No le toma nada de tiempo revisar toda la cabaña.

Hay una sala con cocina, un dormitorio y un baño. Es muy pequeña, pero lo bastante grande para mí.

—¿Te gustaría compañía? —pregunta, alzando una ceja.

—Claro, pero, Alex, no tienes por qué. Puedes irte si tienes algo que hacer —digo mientras dejo mi bolso y mis cosas sobre la encimera y me quito los zapatos.

—Sabes que eres mi chica. Vamos, ¿qué vamos a ver? —pregunta, tomándome de la mano y guiándome al dormitorio.

Esta suele ser nuestra rutina. Me lleva a casa y luego se queda conmigo para hacerme compañía. Creo que solo le da miedo que Dmitri me encuentre y yo esté demasiado lejos de todos.

—Ve a cambiarte, nena. Yo busco algo para ver. ¿Quieres que prepare la cena? No has comido, ¿verdad? —pregunta mientras cambia de canal.

—¿Tienes hambre? Puedo pedir una pizza para nosotros —asomo la cabeza desde la puerta del baño.

—Yo la pido. Oh, ¿mi nena está desvestida? —dice mientras camina hacia el baño.

—¡Alex! —chillo cuando me toma la cara con las manos y me besa la nariz.

—Hermosa —dice, y se aleja para pedir nuestra pizza.

Me meto a la ducha. Después de pelear me siento sucia. Definitivamente no me gusta esa sensación. Así que una ducha rápida es lo que toca.

—¿Puedo unirme, nena? —se ríe.

—Ay, caray… podrías haberlo hecho, pero llegaste un poquito tarde —digo con una toalla alrededor, secándome el cabello con la toalla.

—Ven acá, nena. Déjame secarte el cabello —dice, extendiéndome la mano.

Cuando mi cabello ya está seco y la pizza llega, vamos a mi dormitorio y nos sentamos en la cama.

Se ríe mientras pone una película de terror en blanco y negro. Se deja ver.

Después de comer, nos quedamos sentados y hablamos. Le prestamos poca atención a la película; más bien, el uno al otro.

No sé qué le pasa esta noche. Nunca es tan pegajoso. Tan cariñoso. Sí, siempre me llama su nena, pero esta noche es distinto. La vibra es diferente. Puede que solo esté leyendo mal la situación. Sí, eso es. Empezó en el club, cuando le agarré la mano y me mordió la oreja. Cómo jadeé buscando aire y me quedé sin aliento.

Me siento un poco cansada. Puedo notar que él también.

—Oye, puedes irte a descansar, Alex. Voy a estar bien, lo prometo —digo en voz baja mientras apoyo la cabeza en su hombro.

—No, los dos estamos cansados. Además, no tengo muchas ganas de manejar de regreso a casa esta noche. Y me gusta la compañía aquí —me guiña un ojo y se recuesta. Da palmaditas en la cama delante de él. Yo me acuesto y él se acomoda detrás de mí. Su pecho pegado a mi espalda. Me rodea con los brazos.

—Gracias, Alex —susurro.

Me besa la parte de atrás de la cabeza.

—Duerme, nena. Estás a salvo. Estoy aquí. Nunca voy a dejar que nadie te haga daño.

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