Capítulo 6 5° Dos acuerdos
Arabella
Ni idea pero lo más seguro es que sea con mafias pero esos asuntos no me competen. Hablamos dos veces a la semana por las noches, esa cara de culo con temperamento fuerte se derrite al tener a sus sobrinos cerca, los niños son muy pegados a ella y se ha ganado el cariño de mi tío Valentin.
Miro a través de la ventanilla las personas pasar, empresarios con sus maletas ejecutivas hablando por el móvil. Parejas caminan agarradas de manos y otras van caminando en soledad.
— ¿Estudian en el colegio La Gran Manhattan? — afirmo con un asentimiento de cabeza.
Conduce como si estuviera en una pista de carrera y frena solo cuando los semáforos están en rojo. No me asusto ni nada ya que estoy acostumbrada. El colegio de los niños se presenta ante nuestra visión, Lowell estaciona y me bajo para buscar a los niños; me sorprende al ver que también se baja del coche y espera a mi lado con las mano en los bolsillos.
Lo ignoro y me concentro en mis hijos que al verme salen corriendo a mi dirección. Me agacho para estar a su altura y los dos me abrazan con mucha fuerza, Kaem besa mi mejilla y Saskia se guinda de mi cuello como un mono.
— ¿Como les fue mis amores? — me pongo de pie — ¿Se portaron bien?
— Bien, mami. — contestan los dos al mismo tiempo.
— Así me gusta. — les sonrío.
Kaem queda viendo fijamente a Lowell con su cara llena de disgusto. Siempre ha sido un niño celoso e incluso con su padre. — ¿Quién eres tú? — pregunta sin rodeos abrazándome una de mis piernas.
— El…
— Soy un amigo de tu madre. — responde — Me llamo Lowell ¿Y tú?
Le tapo la boca a mi hijo porque se que ya va a salir con unas de las suyas. — Saskia y Kaem.
Mi hija solo lo mira sin decirle nada así que para evitar que los mellizos empiecen a hacer preguntas nos subimos al auto, le doy la dirección de mi residencia a mi jefe y él conduce en silencio mientras que los niños me van contando de su mañana educativa. No entiendo porque Lowell dijo que somos amigos cuando no es así, no tenía nada de malo decir que es mi jefe.
Llegamos a mi vivienda, nos bajamos y Lowell le deja las llaves al valet parking. Esta es una de las zonas más caras de Nueva York, por supuesto no tengo el dinero suficiente para comprar este lugar pero Bianca con la excusa en que los niños tienen que vivir cómodos, compro el penthouse.
Dentro de mi penthouse los niños se dirigen a sus habitaciones para dejar sus mochilas y cambiarse de ropa. La niñera se me acerca con una sonrisa y me entrega a Mikhaila que al verme agita sus brazos para cargarla. Lleno sus cachetes regordetes de besos y esta ríe bajito.
— Es preciosa. — confiesa Lowell viéndola hipnotizado — Se parece mucho a usted.
— Muchas gracias señor Hall. — le regalo una sonrisa de boca cerrada — Se llama Mikhaila.
— ¿La puedo cargar? — lo miro asombrada, tan frío que es y sonríe radiante viendo a mi hija.
Se la entrego y comienza a hacerle mimos hablando en balleno. Lo invito a la sala de estar, se sienta en el sillón con la niña mientras que me coloco a hacer el almuerzo. Voy a preparar Fusilli con salsa blanca, quiero recordar mi cultura italiana y que mejor que con su comida.
Los niños aprovechan para adelantar sus tareas con la ayuda de su niñera Sandra. Desde lo sucedido con Jimena me cuesta confiar en ella y aunque fue Bianca la que la contrató aun no logro llevarme bien con ella, y no porque sea odiosa sino que por malas experiencias del pasado. Es una señora de cincuenta años, baja estatura, cabello rubio con algunas canas, ojos marrones claros y una sonrisa muy linda.
Me recojo el cabello en una coleta alta y me pongo un delantal para no ensuciar mi ropa. Saco dos ollas, una la pongo a hervir con agua caliente para la pasta y a otra para preparar la salsa bechamel. Mientras que una hierve, la otra fundo la mantequilla, agrego poco a poco harina y la cocino por tres minutos con movimientos ininterrumpidos. Hecho en ella la leche evaporada con una cantidad de agua para evitar los grumos.
Escucho como arriman una silla detrás de mí, veo de reojo a mi jefe sentándose en el taburete de la isla con la niña en brazos. Continuo con mi labor en la cocina, cuando el agua empieza a hervir introduzco la pasta para que empiece a cocinarse. Por lo tanto con la salsa le echo una pizca de sal y nuez moscada, la remuevo para que no se pegue hasta que quede espesa. Saco un sartén, le pongo mantequilla y empiezo a dorar ligeramente el jamón que sacó de la nevera.
Cuando la pasta ya está lista y bien colada integro la salsa bechamel y mezclo suavemente. La cocino por un minuto y medio a fuego lento para luego apagar la estufa y esperar que se cocine un poco.
— Huele delicioso. Por lo visto te gusta cocinar. — me quito el delantal y le ofrezco una copa de vino que acepta gustoso.
— Me gusta cocinar comida italiana, la de mi país natal. — digo sin importancia — Dígame. ¿Que quiere hablar conmigo? — cambio de tema, no quiero recordar mi vida en italiana con una familia que ya no existe.
Olfatea la copa de vino antes de llevarla a la boca y degustar su agradable sabor. — Pasado mañana viajaremos a Chicago para el lanzamiento de la nueva sucursal de Production Technology Hall, irán muchos socios inversionistas y se dará una pequeña celebración por dicho lanzamiento. — explica — A lo que quiero hacer un acuerdo con usted.
— ¿Cuál? — tomo un sorbo de mi copa de vino.
— En realidad son dos acuerdos. — notifica — Primero que nada, quiero que usted sea quien dé el discurso de apertura luego de mi claro esta. — asiento ya que es una buena oportunidad para mí —Y también quiero que usted sea mi acompañante esa noche, si no hay ningún inconveniente.
De verdad que trato de entender a este hombre. Unos días es un ser despreciable que provoca lanzarlo del edificio con su actitud de mierda que él es el mejor de todos y siempre tiene la razón. Otras veces es un hombre comprensivo que está atento con sus empleados y ahora esta nueva faceta, un hombre que le gustan los niños y pide las cosas cordialmente.
Quizás tenga toques de bipolaridad pero ya no aguanto a otro hombre así. Akem se llevó toda la paciencia que logre junto a él y así se quedará, el sera el unico idiota bipolar que siempre estara en mi corazon y recuerdos.
— ¿Seguro que quiere que sea su acompañante esa noche? — indago — Pensé que le caía mal.
— No me caes mal Lucia. — aclara — Que sea fuerte de carácter y no pueda reflejar mis emociones en mi rostro no significa que odie al mundo, no soy un robot.
La cara se me cae de la verguenza al oirlo decir el apodo que le dije molesta a sus espaldas. — De verdad una disculpa señor Hall por llamarlo así pero usted mismo se lo ha buscado. — bufo ante mi sinceridad — Su mal humor a veces hace que quiera golpearlo, yo no tengo culpa de los problemas de su vida personal para que venga a tratarme mal a veces.
Me callo cuando escucho los pasos de los niños. Con la ayuda de Sandra ponemos la mesa y comemos todos con miles de preguntas por parte del dúo dinamita hacia mi jefe. Pero casi me atraganto por escuchar la pregunta de Saskia.
— Te gusta mi mami ¿Verdad? — Kaem para de comer y se queda viendo fijamente a Lowell esperando una respuesta.
— ¡Saskia! — la reprendo.
— No la regañes, entiendo su pregunta. — secunda mi jefe — Tu madre y yo solo somos amigos …
— Pero los amigos también se quieren, eso me dice mi mama. ¿La quieres? — vuelve a bombardear con su pregunta indiscreta.
Él ríe y la observa divertido. — Eres como tu madre, te gusta decir las cosas sin anestesia. — asiente varias veces — Solo te puedo decir que me agrada tu mami.
Culminamos de almorzar, paso un rato hablando con los mellizos y luego me despido de ellos tres para irse nuevamente al trabajo.
Un incómodo camino hacia la empresa.
