HEREDERO DE SANGRE

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Capítulo 6 NO PUEDE HACERLO

–Si me hubiera puesto a gritar o a llorar como usted esperaba, Leo se habría contagiado de mi histeria y el resultado médico habría sido fatal –argumenta ella, elevando la barbilla cuando me detengo a escasos centímetros de su cuerpo, obligándome a clavar mis ojos grises en sus pupilas encendidas de furia, las cuales no vacilan ni un solo instante a pesar de la innegable letalidad de mi presencia. – Su mundo está lleno de monstruos y paranoias, pero el mío se basa en salvar vidas bajo presión, por lo tanto, deje de buscar conspiraciones internacionales donde solo hay una mujer haciendo su trabajo para ganarse el sueldo que usted mismo le ofreció.

La negativa rotunda de esta mujer a doblegarse ante mi autoridad me genera una atracción tan brutal y primitiva que nubla por completo mi juicio de líder criminal, empujándome a actuar por puro instinto de posesión. La acorralo físicamente contra el borde del imponente escritorio de caoba, atrapando su cuerpo entre mis dos brazos extendidos a cada lado de sus caderas, sintiendo de inmediato cómo su respiración se agita no por el miedo, sino por la electricidad magnética que empieza a consumir el aire entre nosotros. Estamos tan malditamente cerca que mis labios rozan la comisura de los suyos cada vez que pronuncio una palabra, percibiendo el calor de su piel y ese aroma a azucenas que ahora está mezclado con el olor metálico de la pólvora de los cartuchos, una fragancia tan letal como embriagadora que me incita a devorarla allí mismo.

–Mírame a los ojos y repíteme esa mentira una vez más, enfermera, porque estoy a un milímetro de perder el control y descubrir por mi cuenta cada uno de tus secretos –le exijo con una voz cavernosa y ronca, bajando la mirada hacia sus labios carnosos que tiemblan levemente ante la proximidad de mi boca, delatando el conflicto interno que la consume. – Una mujer común se habría desmayado o habría suplicado por su vida bajo la mesa, pero tú me desafías, me sostienes la mirada y me provocas de una manera que ninguna persona en este planeta se ha atrevido a hacer jamás.

–Usted está acostumbrado a que todo el mundo le tema y le obedezca por el simple hecho de cargar un arma, Dante, pero a mí no me asustan sus amenazas ni su proximidad física –me desafía ella en un susurro ardiente que impacta directo en mi cuello, enviando una descarga eléctrica por toda mi espina dorsal mientras clava sus manos con firmeza contra mi pecho cubierto por la camisa, aunque en lugar de empujarme, se aferra a la tela con una tensión que delata su propia debilidad. – Si tanto sospecha de mi pasado, termine de una vez con esto y use su pistola, pero no intente utilizar su poder para intimidarme porque no va a conseguir que me arrodille ante usted ni ante sus negocios.

La tensión explota entre nosotros de forma violenta, rompiendo cualquier barrera de lógica o desconfianza mutua mientras mis manos suben de inmediato hacia su cintura, apretando su carne con una urgencia salvaje que ella responde entrelazando sus dedos en mi cabello, acortando la agónica distancia que nos separa en un mudo consentimiento de deseo puro. El roce de sus muslos contra mis piernas enciende una hoguera incontrolable, arrastrándome a presionar su cuerpo con más fuerza contra la madera, sintiendo los latidos desbocados de su corazón que compiten con los míos en una danza caótica y hambrienta. Estoy a punto de devorar sus labios en un beso que sellará nuestra perdición, saboreando ya el anticipo de su piel, cuando el estridente y ensordecedor sonido de mi teléfono satelital, guardado en el cajón superior del escritorio, rompe el hechizo de golpe y nos obliga a separarnos con la respiración completamente rota y los rostros encendidos por la frustración de un clímax interrumpido.

–¡Espero que tengas una maldita razón de vida o muerte para interrumpirme, Enzo! –bramo al receptor, manteniendo los ojos fijos en la silueta de Anya, quien de inmediato me da la espalda para ocultar el sonrojo de sus mejillas y acomodar su ropa desarreglada, intentando recuperar en vano la compostura profesional que acabo de destruirle.

–¡Señor, tenemos una emergencia que confirma una traición interna en las altas esferas de la organización! –delata la voz alterada de mi segundo al mando a través de la línea encriptada, provocando que mi mente regrese instantáneamente al modo de combate y que la adrenalina del peligro reemplace el calor del deseo. – El ataque de los francotiradores a la mansión fue solo una distracción para que los hombres de la mafia italiana interceptaran nuestro principal cargamento de tecnología de contrabando en el puerto, y los códigos de seguridad de las bóvedas bancarias de la empresa acaban de ser filtrados desde adentro de su propia oficina corporativa.

–Cierra los accesos externos del puerto de inmediato y ejecuta a cualquiera que intente abandonar el muelle principal sin mi autorización –ordeno con una furia contenida, apretando el dispositivo telefónico hasta casi romperlo mientras miro la espalda de Anya, cuya inmovilidad en este momento me resulta exasperante y sospechosa. – Me encargaré personalmente de rastrear la IP de origen de esa filtración antes de que las acciones caigan.

Me vuelvo hacia ella, quien se gira lentamente mostrando una calma fría que no encaja con la agitación de hace unos segundos, cruzando los brazos sobre su pecho con una actitud analítica que incrementa mis sospechas sobre su verdadera identidad y las verdaderas intenciones que oculta detrás de esa fachada de piedad médica.

–Si cree que esa filtración bancaria tiene algo que ver conmigo, señor, está perdiendo el tiempo buscando un enemigo en la habitación equivocada –sentencia ella con voz firme, dando un paso lateral para alejarme del escritorio de caoba y restablecer una distancia de seguridad que ahora se siente como un abismo helado. – He estado encerrada con su hijo las últimas cuarenta y ocho horas y no tengo acceso a sus redes corporativas encriptadas.

–Nadie en esta casa está libre de sospechas tras este ataque coordinado, Anya, y menos una enfermera que conoce tácticas de evasión de fuego cruzado y maneja la presión como un soldado de élite –le replico, guardando el teléfono en mi bolsillo mientras camino hacia la salida del despacho corporativo, aunque mi cuerpo sigue vibrando por la proximidad que compartimos. – Te quedarás bajo vigilancia permanente en el ala este junto a Leo, porque si descubro que tu presencia aquí es parte de esta traición familiar, la deuda de tu padre será el menor de tus problemas.

–Usted no va a hacerme nada, Dante, porque sabe perfectamente que soy la única persona en la que su hijo confía y que puede evitar que sufra otra crisis respiratoria –me discute con una serenidad calculada, sosteniendo su mirada gris con absoluta fijeza, desafiándome a dar un paso en falso que ponga en peligro el frágil equilibrio de mi imperio. – Además, si realmente quisiera eliminarme por sospechas, ya lo habría hecho en lugar de asignarme más guardias en la habitación contigua, ya que sabe perfectamente que viva le resulto mucho más útil.

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