Fuera de los límites del deseo.

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Capítulo 4 Un nuevo propósito. ✨

Capítulo 4.

Un nuevo propósito.

Ambas se levantan entre sonrisas cómplices. Sienna toma su bolso y, sosteniendo las partituras contra su pecho, se dirige junto a Roxana hacia el estrado principal donde la administración entrega las acreditaciones oficiales.

—Señorita Vans —la detiene la instructora Morgan con un atisbo de respeto inusual en su voz—. Me ha sorprendido gratamente. Es evidente que no debo juzgar un libro por su portada. Bienvenida al equipo de piano de la Academia; espero que su dedicación sea constante y que llegue muy lejos con este talento.

—Muchísimas gracias, señorita Morgan —responde Sienna con una sonrisa sincera, tomando su membresía con ambas manos.

—No hay nada que agradecer. Esta carpeta con partituras será desde hoy su nueva herramienta de trabajo y su mejor defensa en este camino. Nos vemos el próximo lunes a primera hora.

—Muchas gracias, hasta el lunes —se despide con una felicidad inmensa burbujeándole en el pecho.

Sienna se prepara para salir del estudio de la academia, mientras observa de reojo cómo Roxana, su nueva compañera y aliada, retira con orgullo el dinero de su apuesta ganada, regresando a su lado con una sonrisa triunfante.

—Muy merecido este premio. ¿Nos vamos, Sienna? —pregunta Roxana, acomodándose la chamarra.

—Sí, vámonos —responde Sienna.

Ambas salen del salón, cruzándose en el pasillo con las aspirantes que perdieron la prueba, cuyas miradas destilan envidia y resentimiento.

—La academia ha cambiado demasiado; ahora le permiten el acceso a cualquiera que cree tener talento sin venir de cuna ilustre —suelta una de las chicas rubias con desdén, dirigiéndose a Roxana como si Sienna fuera un fantasma invisible en el pasillo.

Sienna se detiene en seco, gira el rostro con elegancia y le devuelve una mirada cargada de un desdén glacial, respondiendo con un tono altivo y cortante que desarma a la pretenciosa estudiante al instante.

—Vaya, parece que el talento te molestó tanto que te dejó sin habla. Después de todo, te codeas con un nivel que ha quedado cuatro puntos abajo del mío. Yo, en tu lugar, lo pensaría dos veces antes de hablar; al fin y al cabo, esta aprendiz que no viene de cuna le acaba de dar una lección a tus clases de ilustre.

Todas se ríen, y las palabras de Sienna dejan pálida a la rubia.

—Sienna, eso estuvo genial. Una vez más la dejaste sin palabras —comenta Roxana con admiración contenida mientras se alejan por el pasillo riendo—. Están envidiosas porque has conseguido la membresía. Esto sin duda debe llenarte de orgullo; debes estar muy emocionada por contarle a tu familia.

—Esto tendrá que ser nuestro secreto más absoluto, ¿vale? —pide Sienna con seriedad, ajustándose la correa del bolso.

—¿No quieres que tu familia y tus amigos sepan que entraste a la academia? Es un honor pertenecer a la academia internacional; tu familia sin duda estaría orgullosa.

—No, no es así en absoluto. Básicamente mi vida gira en torno a la sombra de mi hermano, y esto necesito que sea solo mío. De todas maneras, ni a él ni a mi madre les interesa realmente qué pasa con mi futuro; ella solo se preocupa de que no quede embarazada antes de terminar la escuela —responde Sienna con una firmeza que no admite réplica.

—Entiendo, chica, no veo ningún problema en ello. Eso sí, el secreto te costará un batido extra en la cafetería.

—¿Todo contigo es monetario, Roxana?

—No, todo se basa en comida, y tú, mi querida amiga, me lo debes —bromea Roxana mientras ambas ríen al salir a la calle, emprendiendo el camino hacia la cafetería del vecindario—. Trata de no caer en el juego de las chicas de ahí dentro; solo buscarán provocarte para hacerte perder los estribos y lograr que te expulsen. Considera esto un reto personal. De ti depende quedarte; cualquier conflicto estudiantil se castiga con la expulsión inmediata. Me agradas, Sienna, intenta quedarte, ¿vale?

—Está bien, nadie me hará perder el lugar que me ha costado conseguir… haré lo necesario para quedarme.

Al cruzar las puertas de la cafetería, su presencia conjunta atrae de inmediato las miradas de los clientes. Son dos chicas de belleza magnética, de esas que imponen presencia sin proponérselo. En el fondo del local se celebra una reunión ruidosa; Jhoe, que charla animadamente con sus amigos de la secundaria, levanta la vista y se queda helado al ver entrar a su hermana acompañada de una chica desconocida en el pueblo.

—¿Esa de ahí es mi hermana Sienna? —murmura Jhoe con los ojos entrecerrados—. ¿Y quién demonios es la chica que va con ella? No la había visto jamás.

Sienna, ajena a la sorpresa de su hermano, escanea el lugar con total serenidad apoyada contra la barra, hasta que su mirada tropieza de repente con la de Cole Harrison, quien la observa fijamente desde una mesa lejana, con esa postura indescifrable que siempre logra desestabilizarla.

—No lo sé —le responde uno de los amigos de Jhoe con curiosidad—. Ese bolso que lleva la chica es Chanel original; se nota por su vestir que tiene dinero… ¿De dónde la conoce tu hermana?

Mientras tanto, en la barra, un chico intenta coquetear sutilmente con Sienna, pero ella se aleja con una elegancia fría y prudente, ignorando por completo la mirada inquisitiva de Jhoe, a quien le quema la curiosidad por ir a saludar, extrañado de que su hermana mantenga amistades tan sofisticadas.

—Voy a averiguar de qué va esto —avisa Jhoe, levantándose de la mesa, mientras Harley, la novia de Cole, intenta disuadirlo con fastidio, ya que por alguna extraña razón detesta a Sienna.

De regreso con Roxana, Sienna le da un sorbo a su batido y suelta una carcajada genuina ante un comentario sarcástico de su amiga.

—Te lo digo en serio, chica, no soy ciega —comenta Roxana con picardía, señalando disimuladamente—. Ese chico guapo de la esquina junto a la rubia no ha dejado de mirarte en todo el rato. ¿Es tu novio secreto o algo por el estilo?

—¿Quién, Cole? Ni en sueños —niega Sienna con fastidio, rodando los ojos—. Es el mejor amigo de mi hermano Jhoe.

—¡Vaya! Vecino cercano, ¿eh? Sin duda el chico tiene un interés evidente en ti.

—No lo creo, no somos muy cercanos. Además tengo novio; es el baterista de la banda de la secundaria… Y hablando de los no deseados, ahí viene mi hermano Jhoe, que no soporta la idea de no saber qué estoy haciendo.

—Sienna, Sienna… Es de mala educación estar en el mismo lugar que tu hermano y no saludarlo debidamente —interrumpe Jhoe con una sonrisa ensayada, acercándose a la mesa—. Soy Jhoe, por cierto —añade, dirigiéndose de manera educada a la rubia de ojos avellana.

Roxana lo mira de arriba abajo con absoluta indiferencia, cruzándose de brazos.

—Roxana —se presenta con frialdad—. ¿Jhoe, cierto? No sé si lo notaste, Jhoe, pero mi amiga y yo estamos en medio de una conversación privada y nos gustaría que nos dejaras solas.

Jhoe parpadea, completamente descolocado ante el tono cortante con el que la chica le acaba de poner un freno.

—Sí, bueno… solo quería saludar. No te vayas muy tarde a casa —masculla Jhoe, alejándose de la escena humillado.

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