Fuera de los límites del deseo.

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Capítulo 3 Destreza.

Capítulo 3.

Destreza.

Sienna siempre soñó con tocar en un escenario real, y tener la oportunidad de intentarlo la sacude por dentro. ¿Por qué no arriesgarse? Con el pulso tembloroso, le entrega su documento a la mujer, quien anota sus datos en un talonario y le extiende una partitura de prueba para que pase al estudio. ¿Es esto real? No lo sabe, pero al escuchar las notas de piano que resuenan al fondo, algo muy dentro de su pecho le grita que debe intentarlo.

Una a una, las y los participantes entran a la prueba hasta que llega su turno y escucha su nombre.

—Sienna Vans. Ya le toca —instruye una coordinadora con rigurosidad.

Temblando ligeramente, ella se acerca a la puerta del salón de audiciones musicales.

Está al borde del colapso, experimentando un ataque de nervios absoluto, cuando una chica se le acerca amablemente entregándole un pequeño frasco de gel conductor.

—Toma, con esto tus manos no se resbalarán por el sudor; júntalo en las palmas y frótalo bien entre los dedos y las muñecas —le aconseja la joven con una sonrisa cómplice.

—Gracias… ¿Debemos usar estas partituras oficiales, o ellos harán algún cambio? —le pregunta Sienna, aferrando con fuerza la carpeta de hojas pautadas mientras piensa en la manera de calmar los latidos de su corazón.

—Así es, no te preocupes ellos no harán cambio, aferrarte a tus partiduras, no puedes echarte para atrás ahora; las chicas de allá adelante están apostando a que te vas a retirar por el miedo, se burlan de ti —responde la rubia, señalando disimuladamente a un grupo de aspirantes que la miran con suficiencia desde la esquina.

—Sí, bueno, quizás ella tengan razón, a veces siento que fue un error colarme aquí —murmura Sienna con escepticismo.

—No, no lo creo. Pienso que si el destino te trajo aquí es por algo, y no puedes irte sin intentarlo. Por cierto, soy Roxana —se presenta con una calidez inusual.

—Sienna —le estrecha la mano con firmeza y aplica el gel tal como le indicó— ¿Tú no habrás apostado a que yo me quedaría? —pregunta al notar el genuino interés de la chica en que no abandone la prueba.

—Sí, aposté por ti, ¡y no puedes hacerme perder mi dinero! Realmente no pareces el tipo de chica que se rinde fácilmente. Sé que el piano exige un rigor brutal, pero tengo fe en ti, creo que tienes un talento inmenso oculto.

—Eres buena dando discursos motivacionales, supongo que lo haré… y no precisamente porque me lo pidas tú, sino porque detesto a la gente fanfarrona —responde Sienna con una chispa de desafío en la mirada.

—Eso es, chica, demuéstrales quién manda.

La prueba principal está por dar comienzo y todas toman sus lugares frente a los atriles y los instrumentos.

—Empezaremos con lo más básico, sigan mis instrucciones al pie de la letra —anuncia la mujer de mayor edad, una instructora implacable que supervisa cada movimiento—. Vamos, jovencita Vans, date prisa y toma asiento frente al teclado.

Sienna siente que esta es la locura más grande que podría vivir, pero no se rinde, y menos al percibir las risas burlonas de las chicas a su espalda. Se sienta frente al piano de cola, respira hondo y escucha atenta las instrucciones de la profesora.

—Dictaré y explicaré los compases y la lectura a primera vista de las partituras. Ustedes deben seguir mis indicaciones musicales con precisión. La jurado frente a ustedes las está calificando, y la que no lo haga con la técnica requerida se marchará de inmediato. Existen muy pocas vacantes para esta clase avanzada, la mía, y solo las alumnas que superen este filtro se irán conmigo a la academia internacional con una beca de estudios universitarios completa. Así que pueden darlo todo o marcharse ahora mismo —sentencia la instructora con voz de mando.

La idea suena tan atrayente que parece un destello de esperanza en medio de su caótica vida. Sienna cierra los ojos un instante y se relaja, recordando las palabras que su abuelo le decía en los escasos momentos de paz:

“Eres capaz de lograr todo lo que te propongas, mi pequeña pianista”.

Esas palabras, grabadas a fuego en su memoria tras verla intentar una y otra vez dominar la melodía a pesar de la sombra de su padre, le recuerdan que la palabra “imposible” no tiene cabida en su diccionario.

—Bien, mírenme y sigan mis notas. Para lograr la fluidez y la sensibilidad que caracterizan la interpretación clásica, debemos dominar la lectura rítmica y la colocación de las manos sobre el teclado. Primera posición de digitación: arquear los nudillos y mantener las muñecas relajadas, sin tensión —indica la profesora.

Sienna observa cuidadosamente y repite la postura con una precisión impecable; lo logra al instante, sintiendo cómo la confianza comienza a invadirla. En su mente, la digitación no es tan compleja si se aplica la misma disciplina mental que utiliza para mantener el equilibrio en cualquier terreno. Nota lo que Roxana hace en el atril contiguo y la imita sutilmente, manteniendo la espalda recta y la mirada fija en las notas. Los murmullos continúan a su espalda con la intención clara de desconcentrarla, pero ella lo ignora por completo. Aprendió el autocontrol de la peor manera posible; para sobrevivir a la tensión constante en su casa con su padre, tuvo que blindar sus emociones. Sin duda, el maltrato y la hostilidad del pasado le dejaron cicatrices, pero también una fortaleza mental inquebrantable.

—Segunda prueba: escala armónica y modulación a primera vista —indica la profesora con rapidez, aumentando el nivel de exigencia.

Las demás aspirantes comienzan a cometer errores bajo la presión, algunas se equivocan de clave y otras se detienen presas del pánico. Pero para Sienna, descifrar pentagramas es tan natural como respirar.

—Tercera prueba: ejecución rítmica compleja —exige la mujer, observándola detenidamente con una severidad imponente—. Quedan veinte participantes; el resto tendrá que esperar al próximo año. Es una pena por las que no lo lograron, pero nosotras seguimos.

—¿Un examen práctico individual? —susurra Sienna muy preocupada, conteniendo el aliento. ¿Acaso ha tenido que pasar por todo esto para jugárselo todo a una sola ejecución?

—Tranquila, es fácil si te concentras en el compás, respira conmigo —le susurra Roxana desde su lado para calmarla.

—Gracias —le devuelve Sienna en un tono apenas perceptible.

—No me agradezcas todavía, guárdatelo para cuando salgamos de aquí con esa membresía firmada.

Tras una breve pausa, la instructora llama a las finalistas una por una. Cuando llega el turno de Sienna, la mujer la mira con absoluta seriedad, cruzando los brazos sobre el pecho. Es evidente que evalúa tanto el talento como el temple de cada alumna.

—A ver, jovencita Vans —la llama la profesora con tono glacial—Acérquese al piano. Indíqueme y ejecute los tres elementos fundamentales de la interpretación que acabamos de repasar: legato, staccato y rubato.

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