FALSO DIVORCIO

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Capítulo 6 NO CEDERE II

ARIELE NOWAK

LONDRES, INGLATERRA

COTRONIS COMPANY

— Gracias — un hombre se acerca al taxista y veo al vigilante que seguro envío Román, para cancelarlo. 

— Buenos días señorita, Nowak — me saluda. 

— Buenos días, Alek ¿como estas? — asiente con todo respeto y continúa con su trabajo. 

— Bien, ahora la dejo para continuar con mi trabajo. 

— Sigue adelante — se va dejandome allí, parada frente a la enorme torre de cien pisos, que parece como si fuera a aplastarme en cualquier momento. El lugar donde me he sentido bien los últimos tres años, me da una nueva bienvenida gritándome desde lo alto que próximamente debo marcharme de aquí.  

— Parece como si quisieras huir de aquí — me sobresalto nuevamente al escuchar el susurro tan cerca de mi oído, solo para darme cuenta de quién es. 

— ¡Oh por el amor de Dios! — me llevo la mano al pecho sintiendo los latidos de mi asustado corazón — Me has dado un susto de muerte, Ramsés. 

Es uno de mis compañeros de trabajo, me regala una sonrisa burlona y golpeó su hombro de forma juguetona. Ramsés Lazarescu, es un hombre bastante atractivo y aunque cualquier mujer puede caer rendida a sus pies, no tenemos ningún tipo de atracción el uno por el otro. 

— No era mi intención asustarte — caminamos juntos hasta la entrada una vez que recupero el aliento — ¿Como estas? — me mira como si quisiera ver más allá de mi alma — No te vi está mañana en tu cubículo. 

— Anoche me desvele — admito — Creo que Román va a echarme apenas suba. 

— Eso es imposible — me acompaña hasta mi oficina — Si alguien en está compañía te aprecia, es él. 

— No olvides que también es mi jefe. 

— Y tu mejor amigo — sé que no lo dice de mala gana, así que me revuelve el cabello. 

— Bueno, espero no estar tentando a mi suerte — dejó todo sobre mi escritorio, lista para enfrentar a Román — Ahora, tengo que subir. 

Sus cejas se elevan con asombro. 

— Tienes razón, te deseo bastante suerte — bromea y deposita un beso en mi mejilla — Nos vemos en el almuerzo. 

— Adios — me despido de él y se va por las escaleras, para ir hasta su oficina. 

Camino hasta el elevador que mantiene sus puertas abiertas y por más que busque a Milene con la mirada no la vi por ningún lado, seguramente está por fuera organizando algún evento cercano. También amo estar por allí, conociendo nuevos personajes del mundo artístico. 

Cuando las puertas del elevador se abren, me recibe la hermosa recepción del último piso donde se encuentra la secretaria de mi amigo. Admito que es un piso digno de cualquier personaje de revista, las baldosas son tan relucientes que si alguna mujer viniera en minifalda se vería su ropa interior, porqué es como un espejo. Además, la altura hace que parezca que se está entre las nubes. 

— Buenos días Ariele — me saluda con amabilidad como siempre — ¿Cómo estás? Ya me extrañaba no verte por aquí temprano. 

¡Carajo! ella también ha notado que no vine temprano. 

— Buenos días, no tuve una buena noche y se me pegaron las sábanas — es medio verdad — ¿Román está en su oficina? Me dijo que subiera a penas llegara. 

— Si — informa — Parece bastante alterado. 

— ¿Te parece? — asiente y me hace señas para que siga adelante. 

Cuando estoy frente a la enorme puerta, mis nudillos golpean la madera y en vez de escuchar un “adelante” veo como la puerta se abre casi de inmediato como si Román, hubiera estado del otro lado esperando escuchar mi voz. 

— Al fin has llegado — agarra mi muñeca y me arrastra adentro — Tengo algo que decirte. 

— Estas comenzando a asustarme — se cierra la puerta detrás de nosotros y veo el rostro preocupado de mi jefe. 

Su secretaria tenía razón, parece bastante alterado. 

— Siéntate por favor — ordena y tomó asiento frente a su escritorio — No se como empezar a decir esto. 

— Solo suéltalo — animo a que continúe — ¡Dispara! — me río queriendo aligerar un poco la tensión evidente de su cuerpo, pero apenas si logro que la comisura de su boca se levante hacia arriba. 

Se sienta en su silla y se peina el cabello varias veces con sus manos. Me mira debatiéndose entre sí decirme lo que tiene que decir o callar para siempre. Vuelve a levantarse y me da la espalda, para luego volver a mirarme. 

— ¡Me estas poniendo nerviosa! — le hago saber — ¿Qué es lo que pasa? 

— Viktor Cotroni, estará aquí está tarde — deja caer la bomba tan rápido que ahora comprendo porqué estaba tan preocupado y nervioso. 

No digo absolutamente nada  y un peso se instala en la boca de mi estómago y sobre mis hombros, la sola idea de volver a tenerlo cerca me aterra de una forma tan diferente a como lo hubiera pensado. Ya que odiaría tener que renunciar a este lugar, solo para que su poder no me atrape y me destruya una vez más.

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