Capítulo 7 Capítulo 7
—Así que te agradan los relatos eróticos, ¿Me equivoco?— preguntó mientras yo bebía otro sorbo, me había metido en esta conversación yo solita ahora le respondería y luego jamás volvería a verlo para no tener que sentirme humillada por haber hablado demás.
—No se equivoca. Leo mucho, aunque no sabía que existían lugares así— confesé.
—¿Así cómo?
—Lugares donde eso se llevase a cabo como en un libro…
—Bueno lo cierto es que los libros tienen una cuota de fantasía que muestran el BDSM como algo más ficticio e incluso lo relacionan con historias de amor. En la realidad es algo diferente aunque por lo que veo entiendes bastante del asunto— me dijo.
Continuamos hablando durante un rato sobre sus tareas en el lugar, intenté preguntar cosas básicas sobre el funcionamiento aunque no entendí demasiado lo de los sectores pero tampoco importaba eso, no estaría aquí más que esa noche y luego nunca más. Cuando quise acordar me había bebido todo el trago y me sentía algo somnolienta pero no mal, sino con bastante energía como para seguir hablando sobre cualquier cosa y las molestias habían desaparecido por completo pero no se trataba solo del alcohol sino de él y de que había sido amable y había conversado conmigo.
—Son la una, te daré dos opciones: Puedes marcharte ya; o puedes quedarte y continuar la charla, pero si te quedas será con una condición… continuaremos conversando en el otro sector, y podrás conocer algo más de aquí— me dijo. Ya sabía yo que esto no sería tan sencillo; creo que ellos veían todo como un juego y negociación y en cierto aspecto eso me resultaba muy interesante o tal vez se debía a mi estado.
¿Quería marcharme? No. ¿Sería malo si me quedaba un rato más? Hasta el momento nada me había hecho sentir incómoda sino todo lo contrario; quizá un rato más sería igual de agradable… o tal vez no.
—¿Puedo irme cuando quiera?— pregunté algo desconfiada.
—Eres libre de irte cuando tú desees— respondió.
—De acuerdo, me quedaré otro rato— respondí sin pensar en más nada.
Lo seguí fuera del sector y nos dirigimos hacia el ascensor; una vez dentro pude verme en el espejo. ¡Mi Dios! Me sentía un semi-mapache, bajo mis ojos había una sutil mancha del delineador, mi cabello estaba algo despeinado y traté de acomodarlo disimuladamente aunque el maldito no quedaba donde debería así que me resigné dando un suave suspiro que atrajo su atención y me miró. Conclusión: me sentía horrible al lado de ese formal y atractivo hombre.
—¿Qué te sucede?— quiso saber con una divertida sonrisa en su rostro.
—Nada… yo… debería haber traído un peine conmigo— solté odiándome, esto era yo cuando tomaba un poco de alcohol, le hablaba a la persona que fuese como si se tratase del amigo más cercano y darme cuenta de que era un Dominante me hacía sentir totalmente avergonzada.
—Tu cabello está bien— me respondió y miré hacia las puertas cuando las mismas se abrieron. Otro pasillo más hasta llegar a una puerta, solo que esta vez no tenía idea con qué me encontraría dentro —. Este es el sector común para todas las casas de la escuela, aquí se hacen fiestas en común con todos, verás un ambiente mucho más explícito pero si algo te incomoda basta con decírmelo y te acompañare nuevamente abajo— me dijo antes de abrir la misma.
—Está bien— respondí sintiendo los latidos de mi corazón acelerarse.
En un principio, se trataba de un amplio sector con características similares al anterior, era como un disco enorme, con barras, música más suave y sensual, luces y gente. El problema era qué tipo de gente había ahí, la forma en la que se vestían, en la cual bailaban, las maneras hasta de pararse… o arrodillarse. Fue la primera vez que sentí que estaba dentro de alguna de las historias que leí; me costó reaccionar que esto verdaderamente estaba sucediendo, nadie estaba teniendo sexo de forma explícita ni andaban corriendo desnudos pero era un ambiente donde se respiraba la tensión sexual y eso que yo de sexo sabía poco y nada.
Las luces eran más tenues, los hombres vestían formal, camisa y pantalón, algunos llevaban trajes de cuero y otros muy poca vestimenta pero esos tenían un collar en su cuello y alguien lo sujetaba a través de una fina cadena como si de perros se tratase. Las mujeres vestían elegantes y sensuales y algunas con apenas una transparente camisola y delicada lencería debajo. Muchos se encontraba de rodillas junto a otras personas mientras las mismas conversaban y con sus miradas en el piso; todos parecían metidos en sus cosas, nadie me dirigió ninguna extraña mirada como en el sector anterior sino que parecía todo tan natural y normal para ellos que no sabía si sentirme bien o salir corriendo. Sus bailes eran sensuales y casi eróticos y muchos de ellos tenían las manos ocupadas en los cuerpos de sus acompañantes y las bocas unidas; no sabía a dónde mirar sin sentirme alterada y con algo de nervios. No era un ambiente común y normal para mí pero a la vez me generaba una entera curiosidad saber cómo se manejaban o qué cosas hacían.
—¿Quieres que te muestre un poco el lugar?— preguntó esperando mi reacción. Tragué, reaccionando y asentí siguiéndolo esta vez tomada del brazo que me había ofrecido.
—¿Por qué algunos tienen collares?— quise saber.
—Porque tienen Amos o Amas y se encuentran en proceso de aprendizaje. Los collares color marfil son aprendices y los collares rojos son ayudantes de los Maestros, enseñan a otros aprendices siempre contando con la supervisión de un rango mayor. Los Amos y Amas aprendices llevan anillos con una piedra del mismo color dependiendo de la categoría— me comentó.
—¿Cuántos Maestros son?
—Somos 5 Maestros, uno por sector.
—¿Tienen tiempo para tanta gente?— pregunté confusa.
—Es por eso que hay ayudantes, tienen la entera capacitación para enseñar a los aprendices que recién ingresan y a quienes van avanzando—me dijo.
—Es que… no entiendo…— confesé cuando nos detuvimos junto a la barra —. ¿El BDSM se enseña? ¿Qué enseñan? ¿A dar azotes y a obedecer?
—Alyssa, el BDSM es mucho más que eso. Es una forma de vida que se toma con mucho respeto, se construye un vínculo muy personal entre esos individuos y se lleva la sexualidad al extremo en todas sus formas, es una forma de liberación de disfrute personal, es arte, no es lo que puedes leer en un libro, y son cosas que se experimentan en la práctica— me dijo con tranquilidad. Escucharlo hablar de esa manera solo aumentaba más mi curiosidad, parecía ser una pasión para él y sus frases adquirían un sentido diferente en comparación con lo que yo podría haber leído.
—¿Eidan es su nombre?— pregunté con curiosidad y sonrió.
—No. Dentro del Club se preserva la identidad personal de cada uno, así que cuando alguien ingresa entre la serie de requisitos establecidos, se les pide que elijan un pseudónimo que los identifique— me comentó.
