Capítulo 6 Capítulo 6
Me giré dispuesta a irme y entonces lo vi de pie junto a un pequeño grupo de personas conversando, ¿Tenía que cruzarlo de nuevo después de la idiotez que le había respondido? La mala suerte me acompañaba, pero cruzaría por ahí y jamás volvería a verle la cara así que no debería sentirme incomoda por lo sucedido; volvería a mi apartamento y todo estaría bien y tranquilo. Mis pies avanzaron entre la gente y entonces su mirada se encontró con la mía cuando estaba ya a pocos metros; le dijo algo al hombre con el cual estaba hablando y comenzó a caminar hacia mí… demonios…
—¿Perdida?— preguntó de forma amable.
—No, yo… ya me voy— le dije aunque hubiese sido más fácil decir que estaba por subir con mis amigas, pero como siempre abría la boca y el mundo se volvía caótico para mí.
—¿Tan pronto?— preguntó con algo de sorpresa. Me estaba sintiendo más incómoda que antes, podía simplemente dejarlo hablando solo e irme rápidamente de ahí pero no me animé, eso hubiese sido poco amable de mi parte y él estaba siendo cordial.
—Si… tengo cosas que hacer mañana— ¿Alguna excusa más creíble y normal, Alyssa?, desvié nuevamente mi mirada hacia cualquier otro lado cuando solo se quedó mirándome de esa extraña manera.
—Te sientes incómoda aquí— dijo y no fue una pregunta sino una afirmación que me hizo mirarlo de nuevo —. Probablemente las personas, o como puedan mirarte, sumado a que es la primera vez que pisas un sitio de este tipo, por lo tanto no estás disfrutándolo, ¿Me equivoco?— preguntó con total naturalidad y tranquilidad haciendo que me quedara muda.
¿Leía los pensamientos o qué demonios? ¿Tanto se me notaba cómo me sentía? Mantuve mis ojos en los suyos, eran amables pero muy intimidantes y me era difícil observarlo por un período prolongado de tiempo lo cual me recordó a uno de mis tantos relatos eróticos y cómo se sentían las sumisas frente a un Amo. Claro que yo no era sumisa ni jamás lo sería y me parecía una estupidez eso de “yo mando tu obedeces” pero tenía que admitir que su presencia generaba nervios y que una se sintiera muy incómoda.
—Así es, por eso es que prefiero retirarme— dije finalmente.
—Hagamos un trato…—comenzó y lo miré totalmente resistente pues no sabía a qué podía referirse siendo lo que era, —recién es medianoche, dame una hora, si a la 1 tú aún continúas sintiéndote de esta manera puedes irte pero déjame probarte que este sitio no es tan desagradable o incómodo y que puedes sentirte muy a gusto— me dijo.
¿Esto de verdad estaba sucediendo? ¿Por qué él quería probarme eso a mí? Bueno que pregunta tonta, era su Club, seguramente no le gustaba que la gente pasara mal. Lo miré pensativa, quizá era mejor irme, no estaba segura de lograr sentirme a gusto con él cerca incomodándome hasta con su mirada, pero por otro lado si se había tomado la molestia de hablarme de esa manera, ¿Qué más podía perder? Solo una hora de tiempo, luego ya me iría a casa, dormiría y mañana todo esto sería solo una anécdota de las que no se repetiría nunca más.
—De acuerdo…— dije no muy convencida.
Caminé con él junto a la barra, en otra zona repleta de mesas y sofás donde tomamos asiento. Me sentía rígida, él estaba sentado a mi lado mientras una atractiva chica nos servía dos tragos y se marchaba tras haberle dedicado una clara e insinuante sonrisa a él quién la miró como si estuviese frente a una taza con café.
—¿Cuál es tu nombre?— me preguntó cortando el silencio; la música en ese sector estaba algo más baja por lo cual no había que gritar para escucharse.
-—Alyssa…— respondí acomodando mi apelmazado cabello y odiándome por no haber ido al baño al menos a fijarme si mi aspecto era el de un oso panda por el maquillaje corrido.
—Es un bonito nombre, ¿vives en la ciudad o estás de vacaciones?— continuó.
—Vivo aquí… hace ya ocho meses, por la Universidad— dije.
—Así que estudiosa, eso es algo agradable, ¿Qué estudias?
—Medicina… bueno nutrición pero es dentro de la misma carrera, ya terminamos los cursos así que hoy comenzamos las vacaciones— continué sin darme cuenta de que estaba hablando ya mucho, al menos mucho en comparación con mis monosilábicas frases cuando alguien me preguntaba algo.
—Imagino que debes tener hábitos saludables entonces— dijo de manera divertida.
—Bueno no… a veces— le respondí riendo. Ok… esto comenzaba a hacerme sentir extraña.
—De todas maneras lo haces a tu forma, es lo importante. ¿Vives sola o con tus amigas?
—Vivo en un edificio donde se encuentran los estudiantes becados, la Universidad nos paga el lugar y los gastos de la carrera
¿Era correcto decirle eso a un hombre que nadaba en dinero? Me sentí una indigente.
—¿Extrañas a tu familia?
—Un poco, aunque tengo que admitir que ser algo más independiente me gusta— dije desviando la mirada mientras bebía un poco del trago.
—La independencia es algo favorable, nos ayuda a crecer como personas. Tú eres muy joven aún pero vas por buen camino— me dijo.
—¿Cómo sabe que soy joven? No me ha preguntado la edad—. Definitivamente no bebería más, dos tragos eran suficientes para comenzar a sentirme más desinhibida y no quería terminar diciendo tonterías. No me sentía yo cuando eso sucedía, era más impulsiva y decía lo que pensaba sin filtro; no me emborrachaba ni nada por el estilo pero me daba coraje para decir lo que pensaba y eso luego generaba culpas y remordimientos.
—No tienes más de 22 años, se nota eso en tu rostro— me respondió y sonreí tímidamente, al menos no me había dicho que tenía 17 como mucha gente solía creer.
—Tengo 21… ¿Usted?— pregunté y claro que lo trataría de “usted” cuando no lo conocía y era un hombre y bueno, quizá en mi interior, la parte de mi inconsciente sabía que era un Dominante y que de alguna manera en su territorio era preferible tratarlo así. Aunque no tenía idea si los Dominantes descriptos en un libro eran iguales a los reales, ni siquiera había pensado en cruzarme con uno en toda mi vida.
—30 Años, Alyssa— me respondió.
—Y… ¿Qué hace aquí? Digo, cuál es su trabajo— pregunté con curiosidad gracias al maldito alcohol.
—Bueno, cumplo muchas funciones. Me encargo de la organización del Club junto con un colega dueño también; soy Amo, Maestro, enseño dentro de las instalaciones a quienes ingresan para aprender sobre BDSM, ¿sabes a que me refiero con las siglas?— preguntó.
—Un poco… ya sabe, por libros— dije antes de terminar de hundirme a mí misma.
