Extremas Tentaciones

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Capítulo 4 Capítulo 4

El vehículo que nos pasó a recoger era propio de un hombre de mucho dinero. Negro y de vidrios oscuros; Carmen se sentó delante y nosotras en los asientos traseros; él giró su rostro y nos miró. Era alto y delgado, tendría alrededor de 27 años o quizá un poco menos; su cabello era oscuro y lo llevaba prolijamente largo, por los hombros y recogido en una coleta lo que junto a su traje, le daba un aspecto formal y peligroso. Su mirada era verde pero fría y penetrante, con una pizca de picardía que se notaba en la forma en la cual curvaba sus labios en una muy sutil sonrisa. Recordé las descripciones de los dominantes mencionados en algún que otro libro y si bien me lo hubiese imaginado mucho más intimidante, poseía una seguridad que dejaba claro a lo que se dedicaba. Fue la primera vez que sentí que no me encontraba en la realidad y dentro de mis rutinarios sitios seguros y eso, aunque parecía mentira, me generaba nervios de los buenos.

Besó a Carmen de una casi sexual manera y puso en marcha el auto. La ciudad era increíble durante las noches, luces y personas por doquier aprovechando la cálida temperatura y los cientos de sitios para divertirse; me asombraba que me hubiese estado perdiendo de todo eso, reacción que extraña me pareció pero quizá se debía a que las cosas estaban cambiando para mí y aprovecharía este verano de diferente manera. No me sentía demasiado cómoda al mirar a las chicas y sus vestimentas; Carmen llevaba un corto y escotado vestido rojo que le quedaba muy sensual; Emily por su parte uno negro algo más largo pero ceñido a su figura lo que le daba el aspecto de princesa gótica sexy junto a una gargantilla oscura que hacía juego con sus tacos altos. Y yo llevaba una falda negra, algo suelta que llegaba a mis rodillas y una camisa azul pastel con zapatos de taco pequeño pues no acostumbraba a usar tacones de 10 centímetros. Lo cierto es que no sabía cómo vestir sexy, pero no me importaba pues no iba en busca de nadie, mucho menos en un lugar como esos donde supuse que sería mucho mejor pasar desapercibidas.

Comenzamos a alejarnos un poco de la zona céntrica y costeamos los grandes acantilados y las extensas y oscuras playas. Sentí un poco de miedo, no teníamos idea si este hombre era algún asesino o vaya a saber qué ideas extrañas tenía o lo que podía hacernos; probablemente Carmen poco lo conocía y quién sabe de dónde, así que me removí algo incomoda en el asiento soltando un suave suspiro.

—Estamos por llegar, no se impacienten— dijo él con una clara y grave voz como si hubiese leído mis pensamientos; desvié mi mirada la cual se había encontrado con la suya por el espejo retrovisor y sentí mis mejillas arder. Quizá había suspirado demasiado fuerte o realizado algún tipo de expresión, pero lo cierto fue que me incomodó la manera en la cual me miró y mantuve la vista en la ventana hasta que tomamos un pequeño camino que llevaba a un cerrado y luminoso lugar junto a la playa. Desde ahí parecía un enorme y lujoso complejo de hotel, un enorme cartel en los portones cerrados decía “Extreme” con una delicada caligrafía dorada. Cuando los mismos se abrieron y el auto ingresó, nos encontramos con un bello jardín y estacionamiento repleto de autos costosos y varias personas que vestían formales y atractivas como si de algún evento empresarial se tratase. Parecía esas fiestas que se ven en las películas para gente rica, lo cual aumentó mis nervios teniendo en cuenta cómo había venido vestida y me dieron ganas de mentir que me sentía mal para salir de ahí.

—¿Nos dejarán entrar?— preguntó Emily algo nerviosa también.

—Tranquilas señoritas, ingresaremos a la zona principal, es un pub, hay casino y algunos shows. Vienen en calidad de visita, no ingresaremos a la zona de adiestramiento, en ese lugar solo entran quienes vienen aquí a aprender o sumisas, Amos y Switchs propiamente dichos— comentó el hombre con total soltura.

—No sabes que tranquila me deja eso— dijo Emily en un irónico tono de vos y él rio por lo bajo.

—No verán nada extraño más que muchas personas disfrutando la noche, bebiendo y conversando, hay música y es como cualquier fiesta de alta calidad… a no ser que alguna desee explorar alguna cosa más— finalizó mirando nuevamente por el espejo retrovisor para encontrarse con mi mirada. ¿Por qué demonios me miraba a mí después de decir algo así? ¿A caso parecía que yo tenía deseos de ver algo más? Volví a desviar la vista algo incómoda mientras estacionaba.

—Yo quizás quiera…— dijo Carmen en un sensual tono de voz.

—En ese caso te llevaré más tarde ahí— le respondió él con una peligrosa seriedad.

Ingresamos en el lugar,  la sala de recepción era como la de un hotel, decorada en tonos dorados y bordos, con grandes obras de arte que colgaban de las paredes, varios ascensores y una bonita chica detrás de un mostrador que recibía a quienes iban llegando perdidos en sus divertidas conversaciones.

—Buenas noches, ¿Tienen invitación?— preguntó una vez nos acercamos.

—Vienen conmigo, Edward Williams, me ha invitado el Maestro Eidan— dijo el hombre; ella sonrió y corroboró en su ordenador los datos.

—Muchas gracias y que se diviertan esta noche— dijo la rubia sonriente y continuamos el camino hacia el ascensor.

El mismo se abrió en el piso número 2 y caminamos por un pasillo hasta llegar a la puerta del final. La misma daba paso a un enorme lugar, era como ingresar a una disco, música, luces, barras, muchas personas conversando y bebiendo tragos. En un sector superior había varias mesas con sofás,  otras barras más; un lugar realmente increíble; en uno de los extremos las puertas daban al sector de baños y Edward dijo que en el piso de arriba se encontraba el casino por si deseábamos ir a apostar. Evité reírme, ¿Apostar? A penas si me daba el dinero para comer, de ninguna manera perdería lo poco que tenía en juegos de azar; bastante con que me encontrase ahí esa noche en un ambiente de ricos, sintiéndome totalmente desubicada por mi modesta y poco sensual vestimenta que en vez de hacerme pasar desapercibida hacía que algunos me mirasen y murmuraran cosas que de seguro se relacionaban con burlas.

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