Capítulo 3 Capítulo 3
—El Club Extreme es un lugar para sadomasoquistas básicamente— dijo Emily y sentí mi estómago revolverse.
—No es un lugar para sados. Es una especie de escuela BDSM, pero además realizan los mejores eventos, va mucha gente de dinero, grandes empresarios, hacen shows, eventos y tienen hasta casino y cabaret— dijo Carmen.
—¿Qué rayos es BDSM?— pregunté aunque internamente lo sabía. La literatura erótica había sido uno de mis pasatiempos favoritos, pero en eso quedaba, en literatura, jamás se me ocurriría pisar uno de esos lugares en busca de azotes o dolor; una cosa era leerlo y otra muy diferente aplicarlo en la vida diaria.
—Son vínculos sexuales de dominación y sumisión. Como un juego de roles con determinadas reglas, es divertido, lo he probado un par de veces— dijo Carmen.
—Eres una asquerosa— le dijo Emily riendo.
No tenía ni siquiera idea de que esas cosas se llevasen a cabo en la realidad, creí que únicamente se remitían a las fantasías de los eróticos escritores; sabía que existía el sadomasoquismo pero jamás pensé en un sitio que te enseñase sobre ese tipo de relaciones. Además, mi experiencia con el sexo era básica y casi nula; recordaba mi primera vez como algo muy negativo y propenso a reprimir. Había sido con mi único novio hacía ya alrededor de 2 años, un chico en el pueblo, o mejor dicho un amigo de toda la vida que decidió declarárseme durante un verano. Siempre me había parecido agradable y lindo…a su manera, lo cierto es que comenzamos una especie de noviazgo adolescente y mi primera vez fue con él al poco tiempo, desastrosa, él había tenido algunas experiencias antes pero para mí fue algo negativo y doloroso, algo que volví a probar con él por compromiso dos veces más y luego decidí resignarme a buscar lo placentero del asunto. No me había parecido nada diferente a un animal en celo, moviéndose con fervor mientras yo simplemente pensaba en las actividades que debía hacer a la mañana siguiente y deseaba que se corriera de una vez. Esas situaciones, sumado a mi timidez, me llevaron a preferir la lectura y algún momento de autosatisfacción, que un chico que se moviera transpirado y agitado sobre mí. No me parecía excitante, no tenía idea de qué significaba el placer sexual que un hombre podía proporcionarme pero no quería apresurarme con eso, no lo necesitaba y prefería evitarme nuevamente las malas experiencias.
Me había fijado en algún que otro chico en ese tiempo, aunque por lo general no me registraban y eran meras fantasías relacionadas con lo que podía leer que creaban personajes en mi cabeza que jamás serían reales.
—¿Qué dicen, vamos?— continuó la rubia sacándome de mis pensamientos.
—Ni loca- dijo Emily —. No entraremos jamás ahí, no hay forma ni tenemos el dinero para poder ingresar.
—Tengo alguien que es socio de ahí y puede hacer que entremos gratis. Si se trata de curiosear están las fiestas semanales y van personas por simples visitar explotarías, no tienen que probar nada— dijo ella. Emily me miró como esperando que dijese que sí, ¿A caso estaba loca? No iba a meterme en un sitio de esos.
—No lo sé… Si Alyssa va, yo voy— dijo poniéndome en entero compromiso y tuve dos pares de miradas sobre mí.
¿Debería decir que si? No… de ninguna manera, yo no era del tipo de gente que se metía en esos perversos lugares, no tenía nada que ver conmigo. Pero a la vez sentí esa enorme curiosidad por conocer un sitio de esos, ni siquiera sabía sobre su existencia, ¿Sería como en los tantos libros que había leído? ¿O estarían todos vestidos de cuero en grandes orgías? Me daba miedo pensar en ello, o en que alguien quisiera hacerme algo aunque en esos ambientes no creía que se manejasen a la fuerza, al menos dentro de mis básicos conocimientos ficticios esa gente tenía esos vínculos porque lo deseaban mutuamente, algo inentendible para mí aunque mi lado más oscuro, ese que solo despertaba tras leer algún par de eróticos relatos, se preguntaba qué se sentiría estar en un lugar de ese tipo.
Quizá era hora de probar algo nuevo, solo sería una visita, si algo no me gustaba podía irme. Sabía que jamás probaría alguna de esas actividades, para mí era demasiado machista e inentendible, además no creía que el dolor fuese algo bueno y sentía que las mujeres eran tratadas como mascotas. Definitivamente jamás me metería en ello; pero me emocionaba pensar en visitar un lugar diferente y ver personas excéntricas o extrañas.
—De acuerdo— respondí. Emily me miró con grandes ojos, como si jamás hubiese esperado esa respuesta de mi parte; ni siquiera yo la esperaba pero preferí ser algo más impulsiva por esa vez a ver qué tal se sentía ese pequeño cambio.
—Llamaré a mi sexy hombre entonces para que pase esta noche por nosotras— dijo Carmen levantándose y dirigiéndose hacia la habitación con el móvil pegado a la oreja.
—¿Estás segura?— me preguntó Emily con dudosa expresión.
—No, pero ¿Tenemos otra opción sin que tu prima nos quiera matar?— dije riendo y soltó una carcajada.
—Creo que las vacaciones te sientan muy bien— me dijo ya aliviando la tensión de su rostro.
