Capítulo 2 Capítulo 2
Era viernes por la tarde. Emily me envió un mensaje de texto para que cruzara a su apartamento con el fin de reunirnos y planear qué haríamos ese primer fin de semana de vacaciones. Gracias a ella, había comenzado a salir un poco más, no se trataba de que me pasara de fiesta en fiesta pero solíamos dar paseos, ir de compras o a beber algo en alguno de los sitios que ella frecuentaba, bastante extraños por cierto y con personas algo más parecidas a ella pero de todas maneras no la pasábamos nada mal. Había tomado una siesta corta, después de la agitada semana de finales, en los cuales me había ido bastante bien, el cansancio se había acumulado en mi cuerpo y prácticamente me dormía sentada en cualquier lado. Pero bastaron unas horas de sueño reparadoras para sentirme como nueva. Tras un baño que me ayudó a terminar de despertar, me puse unos jeans flojos, siempre había sido delgada, quizá más de lo normal por lo que no me parecía a las chicas curvilíneas o exuberantes que cualquier chico miraría pero tampoco era enteramente plana. Mi piel era casi pálida, aunque con el sol de la ciudad últimamente estaba adquiriendo una tonalidad más roja que bronceada de modo que intentaba no pasar demasiado tiempo bajo el mismo para que nadie luego tuviese que confundirme con un tomate. Había heredado el cabello de mi madre, liso y fino, color castaño, el cuál intentaba mantener largo por la cintura aunque tenía momentos impulsivos en los cuales lo cortaba por los hombros. De momento se mantenía largo aunque solía llevarlo casi siempre recogido en una coleta. Tengo rostro pequeño, nariz y labios discretos y grandes ojos color verde oscuro, la única semejanza con mi padre, pues es mi hermana la que lleva más genes de él. Mi complexión y presencia hacen que muchas veces las personas crean que tengo menos edad de la real, si bien no me molestará el día de mañana cuando pase los 30, en la actualidad suele ser bastante incomodo, sobre todo si se trata del ingreso a alguno de los pubs que Emily visita.
Mi sudadera es blanca ese día y aprovechando que el edificio se encuentra casi vacío no tengo que preocuparme por vestir del todo decente, al menos mientras no tengamos planes de salida. Había hablado con mis padres esa misma mañana, y no estaban de acuerdo con que decidiera quedarme en la ciudad durante las vacaciones pero terminaron por entenderlo cuando les hablé sobre mis planes de conseguir trabajo. Eran las 6 de la tarde cuando llamé a la puerta de mi compañera; se escuchaba la música desde fuera, su género preferido estaba dentro de lo que sonara más fuerte… o como ella llamaba a esas canciones “música para el alma” aunque para mí solo eran personas gritando cosas inentendibles. Tras breves minutos apareció en la puerta con un cigarrillo encendido, era alta y delgada, no tanto como yo, sino con más curvas aunque ella estaba convencida de que debía adelgazar un poco. Llevaba justos pantalones negros, una blusa del mismo color, collares y pulseras de todo tipo y su oscuro y ondulado cabello suelto; sus ojos cafés resaltaban debido a la gran cantidad de delineador negro que utilizaba pero le iba muy bien, no era una chica exagerada, sino excéntrica, o así lo pensaba yo.
Ingresé en su apartamento, el mismo decorado en tonalidades oscuras y rojas, y con varias obras de arte colgadas de la pared que exhibían extrañas figuras abstractas que jamás entendería pero que ella llamaba “arte”. En uno de los sofás se encontraba otra chica, no la conocía, al menos no del edificio; con un estilo parecido al de Emily, la rubia llevaba un largo vestido negro y cruzaba sus largas piernas mientras fumaba un cigarrillo y me observaba de arriba abajo como si yo fuese algún espécimen salido de las tinieblas.
—Alyss, ella es Carmen, mi prima, ha venido unos días a pasear a la ciudad— me dijo Emily. Su prima, con razón se parecía hasta en gustos de vestimentas y probablemente unas cuántas cosas más.
—Hola— saludó ella mientras exhalaba el humo del cigarrillo.
—Hola…— dije con algo de timidez. Me costaba bastante entrar en confianza pero en vista de que la chica estaría un tiempo tendría que acostumbrarme e intentar ser algo más sociable. Tomé asiento en otro sofá y escuché su conversación sobre Europa, chicos y música extraña sin decir palabra, pero se trataba básicamente de que no tenía mucho que decir sobre esos temas pues tampoco conocía demasiado.
—¿Dónde saldremos esta noche?— preguntó Emily con su particular emoción.
—¿A comer?— sugerí después de un rato sin decir palabras; no tenía demasiadas ganas de trasnochar, prefería algo simple y volver a mi apartamento a descansar o quizá leer algún libro de los tantos que tenía pendiente.
—Podemos comer y luego hacer algo más, no nos va a llevar demasiado tiempo una cena— dijo Emily.
—Yo hace mucho tiempo quiero conocer un famoso lugar en esta ciudad— dijo Carmen de forma misteriosa y ambas la miramos expectantes.
—¿Qué lugar?— preguntó Emily.
—¿Han escuchado hablar del Club Extreme?— preguntó. Emily enarcó una ceja en silencio y yo la observé sin entender nada pues jamás había oído hablar de ese club.
—¿Por qué quieres ir ahí? En todo caso por más que fuésemos, ¿Crees que nos dejarían entrar así como así? Ese sitio es VIP, entran personas específicas y me da escalofríos— dijo Emily. Que a Em le diese algo escalofríos me preocupaba, no era exactamente del tipo de chicas que decía eso.
—Vamos Em, en la vida hay que probar cosas nuevas, ¿O te da miedo?— le dijo la rubia con expresión desafiante.
—¿Alguien me explica de que hablan?— pregunté totalmente perdida y confundida.
