¿ERES MI TENTACIÓN PROHIBIDA?

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Capítulo 4 ¿EN REALIDAD NO RECUERDA LO QUE SUCEDIÓ ESA NOCHE?

─ Yo me quedo aquí ─ aseguró mi hermana y yo, casi suelto una risilla, pues ella, se quedará pronto dormida como un tronco y papi, pasará la noche hablando por teléfono con la tía Ivanna y mañana suspenderá sus consultas, eso sino tiene programado partos o se le presente una emergencia. 

─ Descansa papi, que mañana debes trabajar. ─ mencioné besando su mejilla, él asintió volviendo a llevar su celular a su oído.

Ingreso a mi habitación y abro la ventana como todas las noches, me acerco y respiro el aire puro. Luego me desvisto y enciendo mi teléfono con la canción de Shakira. 

Bailando al ritmo de la música me dirijo al baño. Mi ducha fue larga y relajante, envuelvo mi cabello en una toalla y seco mi cuerpo. Busco en el closet un pijama, me lo coloco apresurada y me lanzo a la cama. Apenas acomodo mi cabeza en la almohada, mi mundo se desaparece. 

~(~_)

─ Tenía días sin prestar colaboración ─ menciona el Doctor Noah, fijando su mirada sobre la mía.  

─ Lo siento, Doctor. Estuve colapsada con las evaluaciones ─ le informé.

─ Por favor, ayude a la enfermera de mi consultorio para que tenga listo a los pacientes que veré hoy en consulta. ─ Ordena y yo asiento sonriendo, me gusta acompañarlo en sus consultas, aprendo mucho de cada una de ellas. 

El Doctor, Noah. Camina pero luego gira en sus talones.

─ Pero primero recibimos la guardia ─ ordena y yo, vuelvo asentir observando como su rostro se suaviza. Ya no sé cuándo anda disgustado o ese es su carácter normal, bueno creo que ese es su carácter normal. 

─ Vamos ─ me invita observándome. ¡Que pena! me he quedado clavada en el piso observándolo como una idiota, lo único que faltó es que limpie mi baba. 

─ El recorrido por cada ala de esta área de Oncología infantil duró un poco más de media mañana.

De allí bajé al consultorio del Doctor Noah, y con la enfermera de guardia coordiné las consultas, pesamos y medimos la estatura de los niños antes de irlos  ingresando para su revisión médica.

El doctor, Noah.  Llegó una hora después. Los niños junto a uno de sus familiares fueron ingresando a las consultas. Respiro profundo con los diagnósticos. Observo la pequeña mesa que está al lado del escritorio del Doctor, eso lo he surtido con pequeños detalles para los niños que vienen a consulta y así ayudarlos a perder el miedo. 

El Doctor, me observa cuando levanto el pequeño presente y se lo entrego al niño. Su rostro está serio como siempre ha estado.

─ No es un gesto de afecto ─ le sonrío al Doctor, batiendo mis pestañas. Él, rueda los ojos, le disgusta el gesto, pero no me ha hecho ningún reclamo por esa pequeñísima acción de la cual me he tomado la atribución sin consultársela. 

La enfermera ingresa y nos observa.

─ Doctor, tenemos una hora para almorzar ─ menciona pidiendo el permiso para retirarse. 

─ Nosotros haremos lo mismo ─ menciona el doctor en plural.

─ ¿Nosotros? ─ me pregunto internamente así como llevo un par de meses haciéndolo.

─ Estaré en el cafetín, Doctor. ─ Musito. 

─ ¿No te agrada comer conmigo? ─ Pregunta observándome. La enfermera sale del consultorio dejándonos solos. 

─ No es eso, Doctor. ─ Menciono.

─ ¿Entonces? ─ Pregunta elevando sus dedos y acariciando mi barbilla para luego levantar mi mentón. 

─ Solo que no quiero causarle molestias ─ musito. 

─ No me las causas ─ susurra observando mis labios y en momentos como estos me pregunto si de verdad a olvidado todo lo que sucedió esa noche. 

─ Vamos ─ menciona cortando el raro ambiente que se ha formado.  

Salimos y no precisamente a un restaurante, ni al comedor del hospital, ni al cafetín, ingresamos a un área que estaba completamente sola. Definitivamente el doctor, se conocía cada lugar solitario de este hospital. Un chico que trabaja en el cafetín trajo los dos almuerzos. 

─ ¿Le gusta mucho la soledad? ─ Le pregunto al doctor, una vez que el chico se ha retirado.

─ A veces ─ responde observándome. 

─  Supongo que a ti no te gusta.  ─ murmura y yo sonrío.

─ No mucho, estoy muy acostumbrada a la compañía de mi familia ─ musito y él asiente.  Ambos almorzamos en silencio, cuando culminamos tomo los envases desechables y los depósito en una bolsa, busco el baño del área y lavo mis manos.

El doctor Noah, tiene su cabeza apoyada en el espaldar del mueble, al notar que salgo del baño él se levanta y se dirige también al baño. Mi teléfono repica, observo la hora y todavía falta media hora del almuerzo, me acomodo en el único sofá que tiene la habitación y son las imágenes con las sugerencias decorativas que envía tía Abigail.

El Doctor,  Noah. Sale del baño me observa y se acomoda en el mueble sentándose a mi lado. Voy pasando las imágenes detallándolas.

─ ¿Estás ayudando nuevamente a tú tía Válerie? ─ Pregunta y elevo la mirada a la suya, pero él está observando mi teléfono.

─ Sí, ─ respondo volviendo mi mirada hacia las imágenes que reflejan la pantalla de mi teléfono. 

─ ¿Hasta que hora es tú colaboración de hoy? ─ Pregunta.

─ Hasta las seis, pero si me necesita me puedo quedar ─ me ofrezco.  

─ Quédate y yo, cuadro la próxima colaboración ─ propone y sé que él estará de guardia hasta mañana a las ocho. Tengo mucho trabajo también en la agencia de festejos de mis tías,  pero de solo pensar en estar a su lado mi corazón se remueve con fuerza en mi pecho. Asiento a su propuesta y ambos nos perdemos en la mirada del uno al otro.

─ ¿En realidad no recuerda lo que sucedió esa noche? ─ Es mi constante pregunta.

─ Sino se presentan emergencias esta noche podemos descansar un rato en el área de lencería ─ Propone y mi pecho da un vuelco con la rotación de mi corazón y solo asiento como la verdadera boba a la cual hay que limpiarle la baba.

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