Capítulo 7 El juicio de la sangre
POV ADDISON
La luz de la mañana se filtraba por los inmensos ventanales de la mansión Heisenberg, pero no traía consigo ninguna paz. Habían pasado apenas unas horas desde que Liam me había dejado en aquella suite envuelta en seda púrpura, y el estómago ya se me contraía de puro nervio. Hoy era el día. El día en que mis padres cruzarían esa puerta de hierro forjado para enfrentarse a la farsa más grande de mi vida.
Estaba de pie frente al espejo del vestidor, alisando las arrugas de un vestido de punto color lavanda suave que Liam había hecho dejar para mí. El color era hermoso, estético, pero me sentía como una impostora usando ropa que costaba más que tres meses de mi antiguo alquiler. Mis manos, frías como el mármol del baño, bajaron instintivamente hacia mi vientre todavía plano. "Dos líneas rosa", me recordé en un susurro. Eso era todo lo que necesitaba para recordar por qué estaba atrapada en esta jaula de oro.
Un golpe suave en la puerta me sobresaltó.
—Adelante —dije, intentando estabilizar la voz.
Liam entró. Si el día anterior se veía imponente, hoy, bajo la luz cruda de la mañana, su magnetismo era casi insultante. Vestía un pantalón oscuro y una camisa de lino blanco con las mangas sutilmente arremangadas, revelando los bordes de los tatuajes que trepaban por sus brazos. Su sola presencia llenó el espacio, trayendo consigo ese aroma a maderas y autoridad que ya empezaba a resultarme peligrosamente familiar.
—El auto con tus padres acaba de cruzar la puerta principal, Addison —anunció. Su voz barítona era una línea recta de calma, desprovista de cualquier ansiedad—. Es hora.
—Liam... —lo detuve antes de que diera media vuelta. Me acerqué a él, sintiendo cómo la distancia acortaba mi respiración—. Mis papás no son tontos. Mi mamá me conoce cada gesto. Si nota que te tengo miedo, o que esto es un acuerdo frío, se va a dar cuenta.
Liam se detuvo y se giró despacio hacia mí. Dio un paso al frente, reduciendo el espacio entre los dos hasta que pude sentir el calor que emanaba de su pecho. Con una lentitud que me erizó la piel, levantó la mano y apoyó el pulgar en mi barbilla, obligándome a sostenerle la mirada oscura y profunda.
—Entonces no me tengas miedo, Addie —susurró, con una inflexión sensual que me aceleró el pulso—. Anoche te lo dije: eres mi prioridad porque llevas a mi hijo. Frente a tus padres, no eres una desconocida. Eres la mujer que elegí. Deja que yo lleve el control de la conversación. Solo sígueme el juego.
El roce de sus dedos me dejó una estela de fuego en la piel. Asentí, incapaz de articular palabra, y lo seguí hacia el gran comedor de la planta baja.
Cuando entramos, mis padres ya estaban allí, de pie junto a la inmensa mesa de roble, viéndose pequeños y visiblemente incómodos ante tanto lujo. Mi madre aferraba su bolso contra el pecho, mirando las pinturas del techo con una mezcla de sospecha y asombro, mientras mi padre mantenía una postura rígida, defensiva. En cuanto me vio, el rostro de mi mamá se transformó.
—¡Addison! —exclamó, caminando apresurada hacia mí para rodearme en un abrazo—. Hija, por dios, nos tuviste con el corazón en un hilo. Ese auto que enviaste... este lugar... ¿Qué está pasando? ¿Y dónde está Nicolás? Pensamos que...
—Nicolás ya no forma parte de la vida de su hija, señora —la voz de Liam intervino, suave pero rotunda, llenando el comedor con una caballerosidad impecable. Caminó hacia ellos y extendió la mano hacia mi padre—. Mucho gusto. Soy Liam Heisenberg. El tío de Nicolás, y el hombre con el que Addison va a casarse.
La revelación cayó en la habitación como una bomba silenciosa. Mi madre se soltó de mi abrazo, abriendo los ojos de par en par, mientras el rostro de mi padre se oscurecía por completo.
—¿El tío? —repitió mi padre, ignorando la mano extendida de Liam y clavando sus ojos en mí—. Addison, ¿qué significa esto? Hace un mes nos dijiste que Nicolás te había engañado, ¿y ahora estás metida en la casa de su familia? ¿Con su tío? Esto es una locura, una falta de respeto.
—Papá, por favor, escucha... —intervine, sintiendo que el pánico me cerraba la garganta.
—No, señor, no es ninguna falta de respeto —interrumpió Liam, dando un paso al frente para colocarse sutilmente a mi lado, dejando caer una mano firme y protectora sobre mi cintura. El contacto me dio un vuelco al corazón, pero su firmeza me sostuvo—. Sé cómo se ve esto desde fuera. Sé que parece apresurado, pero lo que Addison y yo tenemos no es un capricho. Nos conocimos de una manera inesperada, y descubrimos que la conexión entre nosotros era algo que ninguno de los dos podía ignorar.
Mi madre miró la mano de Liam en mi cintura, luego me miró a los ojos, buscando la mentira.
—¿Y el matrimonio tan pronto? —preguntó ella, con la voz rota por la confusión—. Addison, tú siempre quisiste hacer las cosas bien...
Liam apretó ligeramente mi cintura, un recordatorio silencioso de que él tenía el control.
—Nos casamos pronto porque no hay tiempo que perder —dijo Liam, bajando la voz con una ternura calculada pero jodidamente real que me hizo flaquear las piernas—. Addison está embarazada. Está esperando un hijo mío, y como Heisenberg, no voy a permitir que mi esposa ni mi bebé pasen un solo día desprotegidos. Van a tener mi apellido, mi hogar y todo el poder de mi familia desde el primer momento.
El silencio que siguió a sus palabras fue ensordecedor. Mi madre se tapó la boca con una mano, ahogando un sollozo, mientras mi padre daba un paso atrás, procesando la verdad que acababa de estallar en medio de la cena. El juicio de mi familia había comenzado, y yo solo podía rezar para que la jaula de Liam fuera lo suficientemente fuerte como para soportar el impacto.
